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miércoles, 2 de septiembre de 2009

Rito republicano Beba Galvan-El informe presidencial


JAQUE MATE
Rito republicano
Sergio Sarmiento
1 Sep. 09

"Ten cuidado con lo que quieres, no sea que lo logres".

Popular

Guadalupe Victoria, el primer presidente de México, estableció la republicana costumbre de presentarse ante el Congreso a rendir un informe de gobierno pese a que no lo requería la Constitución de 1824. La Carta Magna de 1857 estableció en su artículo 63 la obligación del Presidente de "pronunciar un discurso [sobre] el estado que guarda el país". Con esto se adoptaba formalmente una práctica común en las democracias del mundo, ya que se obligaba al Presidente a rendir cuentas al Congreso y a la nación. La práctica republicana se desdibujó en el siglo XX por los enormes poderes metaconstitucionales que los gobiernos del PRI entregaron al Presidente. Tras una declinación gradual, ahora ha sido eliminada por los propios legisladores que deberían haber sido los más interesados en preservarla con sus características originales. El proceso de deterioro empezó en 1988 cuando como senador de oposición Porfirio Muñoz Ledo -quien como legislador priista fue siempre obediente a los dictados del Presidente- interpeló a Miguel de la Madrid en su último informe. En los sexenios priistas de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo los legisladores de oposición convirtieron los informes en un circo de interpelaciones e insultos en que los diputados llegaron a adornarse con máscaras de cerdo y orejas de burro a pesar de que las propias reglas internas del Congreso prohibían las interpelaciones.

En el último año de gobierno del panista Vicente Fox un grupo de legisladores del PRD y del PT impidieron que el Presidente entrara al recinto legislativo, a pesar de que así lo mandaba la Constitución. Tras un acuerdo con las bancadas, el actual presidente Felipe Calderón se presentó en el Congreso el 1o. de septiembre de 2007, pero en el acto no se le permitió ofrecer un discurso: el formato que se adoptó fue de "entregas y te vas".

La Constitución y las leyes secundarias han sido modificadas ahora para que el Presidente presente un informe por escrito. Se ha eliminado incluso la obligación de asistir al Congreso para entregarlo. El Presidente puede enviarlo por Estafeta o con un mensajero, que puede ser de lujo, como el secretario de Gobernación, pero mensajero al fin.


Este supuesto castigo de los legisladores al Presidente no lo castiga a él. El presidente Calderón ofreció el año pasado un discurso a la nación después de entregar el informe que fue transmitido por los medios electrónicos. Como los asistentes eran en su mayoría simpatizantes del mandatario, se revivió la vieja feria de ovaciones de los informes de la Presidencia imperial. Los legisladores que pensaron que al deshacerse del Presidente tendrían la atención exclusiva de los medios se quedaron olvidados y alborotados.

En este 2009 el Presidente presentará nuevamente un discurso. Lo pronunciará en Palacio Nacional y será transmitido por los medios. En un principio la Presidencia organizó este verdadero informe a la nación el 1o. de septiembre; pero los diputados del PRI, molestos porque el mandatario informaría primero al pueblo antes que a ellos, lo obligaron a cambiar la fecha al 2.

Los ciudadanos hemos salido perdiendo al igual que los legisladores en este perverso juego. El Presidente nos ha bombardeado con una tormenta de spots en que incurre abiertamente en alabanza en boca propia.

Una vez más los legisladores mexi- canos nos han mostrado su torpeza. Han modificado hasta la Constitución en su intento por evitar que el Presidente les robe la atención. Con esto han eliminado una práctica republicana de rendición de cuentas. Hoy, al parecer, los legisladores del PRI y del PRD se arrepienten de lo que hicieron. Pero ya es demasiado tarde.


Velar por el orden

Para demostrar que ahora sí hay intención de tener una legislatura seria, la nueva Cámara de Diputados ha anunciado su nueva Mesa Directiva. En la secretaría a cargo de mantener el orden en las sesiones ha quedado Gerardo Fernández Noroña del PT.



fuente Sergio Sarmiento

lunes, 22 de junio de 2009

Yo SI voy a votar !!!


La campaña para anular el voto es mas impactante que todas las campañas de los diversos partidos politicos.

¿Que pasaria si el 70% de los electores anulan su voto? el 30% restante, los que si votaron, serian quienes elegiran a quienes nos gobernaran por los proximos tres años; la pregunta siguiente es ¿quienes no dejaran de votar? me puedo imaginar que ese grupo es al que en los medios le llaman "el voto duro" el voto de los ciudadanos que militan en los diferentes partidos politicos, aquellos que se han aprovechado del sistema y que desean continuar viviendo de el, del presupuesto, como dijera un politico local "unos pocos"

Si anular el voto condujera a una nueva eleccion por no haber suficientes sufragios tendria sentido, ya que mejorarian sus propuestas, pero, en virtud y de acuerdo a las leyes electorales con un voto se define la eleccion pienso sin lugara a dudas hacer valer mi voto para impedir que unos pocos sigan manejando el pais como caja chica.

Dato interesante es que la mayor campaña para anular el voto es en la ciudades y seguro es donde se tendra el mayor abstencionismo, por lo tanto es en el campo en donde se decidira el futuro gobierno.

Si no Votas no te quejes!!

molotov - gimme tha power

en los noventas esta pieza musical fue todo un impacto hoy vuelve a ser vigente su mesanje



La Policia te esta extorcionando (dinero)
pero ellos viven de lo que tu estas pagando
y si te tratan como a un delincuente (ladrón)
no es tu culpa, dale gracias al regente
hay que arrancar el problema de raiz (aha)
y cambiar al gobierno de nuestro país
a la gente que esta en la burocracia
a esa gente que le gustan las migajas
yo por eso me quejo y me quejo
porque aqui es donde vivo
y yo ya no soy un pendejo
que no wachas los puestos del gobierno
hay personas que se estan enriqueciendo
gente que vive en la pobreza
nadie hace nada porque a nadie le interesas
la gente de arriba te detesta, hay más gente que quiere que caigan sus cabezas
si le das mas poder al poder mas duro te van a venir a cojer
porque fuimos potencia mundial
somos pobres nos manejan mal

dame dame dame dame todo el power
para que te demos en la madre
gimme gimme gimme gimme todo el poder
so i can come around to joder
x2
damele damele damele damele todo el poder
damele damele damele damele todo el power
x2
( asi es puto, fuck you puto, baboso)

porque no nacimos donde no hay que comer
no hay porque preguntarnos ¿como le vamos a hacer?
si nos pintan como a unos güevones
no lo somos VIVA MEXICO CABRONES
que se sienta el power mexicano, que sienta
todos juntos como hermanos porque somos más
halamos más parejo ¿porque estan siguiendo a una bola de pendejos?
que los llevan por donde les conviene y es nuestro sudor lo que los mantiene
los mantiene comiendo pan caliente
ese pan es el pan de nuestra gente

dame dame dame dame todo el power
para que te demos en la madre
gimme gimme gimme gimme todo el poder
so i can come around to joder
x3
dame dame dame dame el poder
dame dame dame dame todo el power
x2
el pueblo unido jamás será vencido

dame dame dame dame el poder
dame dame dame dame todo el power
x3

viernes, 19 de junio de 2009

Anular mi voto VS votar por el menos malo.

Votar por el partido menos malo equivale a comprar la fruta menos podrida, en lugar de presionar al vendedor a que de ahora en adelante venda fruta frezca.

Jose Antonio Crespo-Denisse Dresser


miércoles, 11 de febrero de 2009

Entrevista de Carmen Aristegui a Denisse Dresser





“El discurso que casi todos quisieran decir”


Recién acabo de leer en Sentido comun el discurso de Denise Dresser en el foro “México ante la crisis” organizado por el Senado de México(Jueves 29 de Enero).

Y tienen razón los de Reporte Índigo al titularlo “El discurso que casi todos quisieran decir”, al menos yo si lo quisiera, sobre todo porque tuvo la valentía y desfachatez de decirlo frente α la los principales imputados en su discurso, así con nombres y apellidos.

Α menos que me equivoque, eso espero, me extraña sobremanera que no lo hayan reproducido todos los medios de comunicación, aunque pensándolo bien, no resulta tan extraño, al fin y al cabo los medios de comunicación se llevan su parte en el discurso.

Mención aparte merece el hecho de que ni Manlio Fabio Beltrones ni Carlos Navarrete se atrevieron a aplaudir de pie como el resto de la concurrencia.

Así que no me quiero quedar con las ganas de ayudar a compartir este excelente discurso, cuyo texto integro se reproduce a continuación.

¡Gracias Denise!

Tres vídeos y al final el texto completo
primera parte

segunda parte

tercera parte


texto original:

Intervención de la doctora Denise Dresser, durante el Foro “México ante la Crisis, ¿Qué hacer para crecer?”

El moderador Rolando Cordera Campos: Gracias licenciado Aguilar Borrego. Vamos a escuchar ahora a la doctora Denise Dresser, del Instituto Tecnológico Autónomo de México.

La doctora del Instituto Tecnológico Autónomo de México, Denise Dresser:

Gracias. Es un gran placer estar aquí como académica, como ciudadana, como mujer, lamentablemente la única invitada a este foro.

México es un país privilegiado. Tiene una ubicación geográfica extraordinaria y cuenta con grandes riquezas naturales. Está poblado por millones de personas talentosas y trabajadoras. Pero a pesar de ello la pregunta perenne sigue siendo: ¿Por qué no crecemos a la velocidad que podríamos y deberíamos? ¿Por qué seguimos discutiendo este tema año tras año, foro tras foro?

Aventuro algunas respuestas y les pediría que me acompañaran en un ejercicio intelectual recordando aquel famoso libro de madame Calderón de la Barca, llamado La vida en México, escrito en el siglo XVII, en el cual intenta describir las principales características del país.

Si madame Calderón de la Barca escribiera su famoso libro hoy, tendría que cambiarle el título a Oligopolilandia, porque desde el primer momento en el que pisara el país se enfrentaría a los síntomas de una economía política disfuncional que la crisis tan sólo agrava.

Aterrizaría en uno de los aeropuertos más caros del mundo, se vería asediada por maleteros que controlan el servicio, tomaría un taxi de una compañía que se ha autodecretado un aumento del 30 por ciento, ante el pasmo de las autoridades y si tuviera que cargar gasolina, podría hacerlo tan sólo en Pemex.

En el hotel habría 75 por ciento de probabilidades de que consumiera una tortilla vendida por un solo distribuidor; y si se enfermara del estómago y necesitara ir a una farmacia descubriría que las medicinas ahí cuestan más que en muchas partes del mundo. Y si le hablara a su esposo de larga distancia para quejarse de la situación pagaría entre las tarifas más elevadas de la OCDE. Y si prendiera la televisión para distraerse ante el mal rato, descubriría que sólo existen dos cadenas.

Para entender la situación en la que se encuentra tendría que recordar lo que dijo Guillermo Ortiz hace unos días: “no hemos creado las condiciones para que los recursos se usen de manera eficiente”, o tendría que leer el libro Good Capitalism, Bad Capitalism, que explica por qué algunos países prosperan y otros se estancan; por qué algunos promueven la equidad y otros no logran hacerlo.

La respuesta se halla en la mezcla correcta de Estado y mercado; de regulación e innovación. Y hoy México es un ejemplo clásico de lo que el premio Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz, llama “una mala encarnación del capitalismo”, el capitalismo de cuate, honey capitalism, el capitalismo de cómplices, el capitalismo que no se basa en la competencia o en la innovación, sino en su obstaculización.

Ese andamiaje de privilegios y de posiciones dominantes y nudos sindicales en sectores cruciales para el desarrollo de cualquier país, y México no es la excepción.

¿Cuáles son esos sectores? Telecomunicaciones, servicios financieros, transporte, energía. Nudos que aprisionan a la economía y la vuelven ineficiente. Una mezcla de capitalismo de Estado y capitalismo oligárquico.

Hoy México, inmerso en esta crisis, está aún lejos de acceder a ese capitalismo exitoso, dinámico, democrático, donde el Estado no protege privilegios, no defiende cotos, no elige ganadores, no permite la perpetuación de un pequeño grupo de oligarcas con el poder de vetar las reformas que los perjudican. Ese capitalismo abierto donde las autoridades crean condiciones para los mercados abiertos, competitivos, innovadores que proveen mejores productos a precios más baratos para los consumidores, para los ciudadanos.

Y hoy México, lamentablemente, carga con los resultados de esfuerzos fallidos por modernizar esta economía durante los últimos 20 años. Las reformas de los ochenta y noventa entrañaron la privatización, la liberalización comercial, pero esas reformas no produjeron una economía dinámica de mercado, con regulación gubernamental eficaz, capaz de crear mercados funcionales y competitivos, porque en vez de transparencia y reglas claras prevaleció la discrecionalidad entre los empresarios que se beneficiaron de las privatizaciones y los funcionarios del gobierno encargados de regularlos.

Las declaraciones de Agustín Carstens, el martes pasado, en torno a la necesidad de combatir los monopolios en telefonía son bienvenidas. Lamentablemente se dan 18 años tarde y ahí están los resultados: una economía que no crece lo suficiente; una elite empresarial que no compite lo suficiente, un modelo económico que concentra la riqueza y distribuye mal la que hay.

México está atrapado por una red intrincada de privilegios y vetos empresariales y posiciones dominantes que inhiben un terreno más nivelado de juego. Una red que opera a base de favores y concesiones y protección regulatoria que el gobierno ofrece y los miembros de la cúpula empresarial de este país exigen para invertir.

¿Quién? Alguien como el dueño de una distribuidora de maíz o el concesionario de una carretera privada o el comprador de un banco rescatado por el Fobaproa o el principal accionista de Telmex o el operador de un Afore.

Estos actores capturan rentas a través de la explotación o la manipulación del entorno económico en vez de generar ganancias legítimas a través de la innovación y la creación de riqueza.

Y los consumidores, los ciudadanos de México contribuyen a la fortuna de los rentistas cada vez que pagan la cuenta telefónica, la conexión a Internet, la cuota en la carretera, la tortilla a un precio fijo, la comisión de las Afore, la comisión por una tarjeta de crédito; ejemplo tras ejemplo de rentas extraídas a través de la manipulación de los mercados. Y el rentismo acentúa la desigualdad, produce costos sociales, disminuye la productividad, aumenta los costos de transacción en una economía que para competir globalmente necesita disminuirlos.

Y para extraer esas rentas, esos jugadores dominantes, han erigido altas barreras de entrada a nuevos jugadores, creando así cuellos de botella que inhiben el crecimiento de México en un mundo cada vez más globalizado, y la concentración de la riqueza y el poder económico en esos jugadores dominantes ¿en qué se traduce? En ventajas injustas, en captura regulatoria, en políticas públicas que favorecen intereses particulares. Pero, peor aún, convierte a los representantes del interés público, a muchos de los diputados y los senadores sentados aquí, en empleados de los intereses atrincherados. Convierte al gobierno en empleado de las personas más poderosas del país y lleva a las siguientes preguntas:

¿Quién gobierna en México, el Senado de la República o Ricardo Salinas Pliego, cuando logra controlar los vericuetos del proceso legislativo, como lo hizo en el tema de los corresponsales bancarios? ¿Quién gobierna en México, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes o UNEFON, la Comisión Nacional Bancaria o los bancos que se rehusan a cumplir con las obligaciones de transparencia que la ley les exige? ¿Quién gobierna en México, la Secretaría de Educación Pública o Elba Esther Gordillo, la Comisión Federal de Competencia o Carlos Slim, Pemex o Carlos Romero Deschamps, ustedes o una serie de intereses que no logran contener?

Porque ante los vacíos de autoridad y la captura regulatoria y las decisiones de política pública que benefician a una minoría, la respuesta parece obvia.

México padece lo que algunos llaman “un Estado dentro del Estado”, o lo que otros denominan “una economía sin un gobierno capaz de regularla de manera eficaz”. Eso, y no la caída en la producción petrolera es lo que condena a México al subdesempeño crónico. Y una y otra vez el debate en este país sobre cómo promover el crecimiento y cómo fomentar la inversión y cómo generar el empleo se encuentra fuera de foco.

El gobierno piensa que para lograr esos objetivos basta con tenderle la mano al sector privado, para que invierta bajo cualquier condición, y el sector privado, por su parte, piensa que es la panacea que se le permita participar; por ejemplo, en el sector petrolero.

Pero ésa es sólo una solución parcial a un problema mucho más profundo, el meollo detrás de la mediocridad económica de México se encuentra en su estructura económica y en las reglas del juego político que la apuntalan; una estructura demasiado pesada en la punta de la pirámide, una estructura oligopolizada, donde unos cuantos se dedican a la extracción de rentas, una estructura de complicidades y colusiones que el gobierno permite y del cual también se beneficia.

Y claro, muchos de los miembros del gabinete de Felipe Calderón, muchos de los presentes en este foro hablarán del crecimiento como prioridad central; pero más bien, lo perciben como variable residual, más bien parecería que busca? Y duele reconocerlo como ciudadana? asegurar un grado mínimo de avance para mantener la paz social, pero sin alterar la correlación de fuerzas existentes, sin cambiar la estructura económica de una manera fundamental.

Y el problema surge cuando ese modelo que hemos construido comienza a crear monstruos, cuando ese apoyo gubernamental, a ciertos grupos y ciertas personas produce monopolios, duopolios, oligopolios y sindicatos rapaces que ya no pueden ser controlados, cuando las criaturas del Estado, como las llama Moisés Naím, el editor de la revista Foreing Policy, amenazan con devorar a ese Estado.

Sólo así se entiende la devolución gubernamental de 550 millones de dólares a Ricardo Salinas Pliego por intereses supuestamente mal cobrados un día antes del fin del sexenio de Vicente Fox, devolución otorgada por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

Sólo así se entiende el comunicado lamentable de la SCT, hace un año, celebrando la alianza entre Telemundo y Televisa, cuando en realidad revelaba una claudicación gubernamental ante la posibilidad de una tercera cadena de televisión.

Sólo así se entiende que nadie en este país levante un dedo para sancionar a Televisión Azteca cuando viola la ley, al rehusarse a transmitir los spot del IFE o se apropia del cerro del Chiquihuite.

Sólo así se entiende la posposición ad infinitum en el Senado de la República de una nueva ley de medios para promover la competencia en el sector.

Sólo así se comprende que la reforma a Pemex deje sin tocar el asunto del sindicato.

Sólo así se entiende la posibilidad de darle entrada a Carlos Slim a la televisión sin obligarlo a cumplir con las condiciones de su concesión original, síntomas de un gobierno ineficaz, síntomas de un gobierno doblegado; con efectos cada vez más obvios y cada vez más onerosos que la crisis pone en evidencia porque no logramos reformarnos a tiempo.

Mucha riqueza, pocos beneficiarios, crecimiento estancado, país aletargado, intereses atrincherados, reformas diluidas, poca competencia, baja competitividad, poder concentrado, democracia puesta en jaque.

Un gobierno que en lugar de domesticar a las criaturas que ha creado, ahora vive aterrorizado por ellas.

¿Y cuáles son las consecuencias de este mal capitalismo mexicano, donde las élites tradicionales son fuertes, la gobernabilidad democrática es poco eficaz, los partidos políticos tienden a estar capturados, las reformas económicas tienden a ser minimalistas?

El incrementalismo de la política pública en México se explica por el poder de veto que tienen aquellos que aseguran la perpetuación de sus intereses.

Si ustedes verdaderamente quieren que México crezca, tendrán que crear la capacidad de regular y reformar en nombre del interés público. Tendrán que mandar señales inequívocas de cómo van a desactivar esos centros de veto que están bloqueando el crecimiento económico y la consolidación democrática.

¿Y de quiénes estamos hablando aquí? Tienen nombre y apellido, los monopolistas abusivos y los sindicatos rapaces, y las televisoras chantajistas, y los empresarios privilegiados y sus aliados en el gobierno.

Si ustedes verdaderamente quieren que México prospere, tendrán que tomar decisiones que desaten el dinamismo económico, que fortalezcan la capacidad regulatoria del Estado y contribuyan a crear mercados que promuevan la competencia y gracias a ellos aumenten la competitividad. En pocas palabras, usar al Estado para contener a aquellos con más poder que el gobierno, con más peso que el electorado, con más intereses que el interés público.

¿Quieren medidas específicas? Se las doy. Los exhorto a leer textos tan incluyentes como: el reporte sobre el crecimiento, el poder de la productividad. A estar conscientes de todo lo que un país interesado en crecer y competir debe hacer para lograrlo.

A saber que ellos requiere una economía capaz de producir bienes y servicios de tal manera que los trabajadores puedan ganar más y más. A entender que ello se basa en la expansión rápida del conocimiento y la innovación. En nuevas formas de hacer cosas y mejorarlas. En técnicas que aumentan la productividad de manera constante. A reconocer que las economías dinámicas suelen ser aquellas capaces de promover la competencia y reducir las barreras de entrada a nuevos jugadores. A entender que es tarea del gobierno a través de la regulación adecuada crear un entorno en el cual las empresas se vean presionadas por sus competidores para innovar y reducir precios y pasar esos beneficios a los consumidores a comprender que si eso no ocurre nadie tiene incentivos para innovar; en lugar de ser motores del crecimiento las empresas protegidas o monopólicas terminan estrangulándolo.

¿Y cómo empezar a empujar eso? Con una tercera cadena de televisión abierta, con el fomento a la competencia en banda ancha usando, por ejemplo, la red de la Comisión Federal de Electricidad.

Con el fortalecimiento de los órganos regulatorios, con sanciones a quienes violen los términos de su concesión, con la creación de mercados funcionales como el que se logró con las aerolíneas de bajo costo, con medidas que empiecen a desmantelar esos cuellos de botella y a domesticar a esas criaturas del Estado.

La respuesta, como dijo Ricardo Lagos el martes, en el fondo es política; no económica. Tiene que ver con la inauguración de un nuevo tipo de relación entre el Estado, el mercado y los ciudadanos de este país.

Porque si la clase política de México, sentada aquí en primera fila de esta foro, no logra construir los cimientos del capitalismo democrático, condenará a México al subdesempeño crónico, a ser un terreno fértil para los movimientos en contra de las instituciones, condenará al país a cojear de lado, saboteado por instituciones políticas que no logra remodelar monopolios públicos y privados, que no logra desmantelar estructuras corporativas, que no logra democratizar.

Y será lo que el presidente Felipe Calderón llama “un país de ganadores”, pero un país en el que siempre ganan los mismos, un lugar en que las grandes fortunas empresariales se construyen a base de la protección política y no de la innovación empresarial.

Un lugar en que el crecimiento económico ha sido mucho menos en la última década que en el resto de América Latina debido a esos cuellos de botella que los oligopolistas han diseñado y sus amigos en el gobierno les han permitido defender.

Un lugar en donde las penurias que la señora Calderón de la Barca enfrentó con los aeropuertos y los maleteros y los taxis y las gasolineras y la telefonía y la televisión? Entre tantos sectores más? son las mismas penurias que padecen millones de mexicanos, más.

Ese consumidor, ese ciudadano sin voz, sin alternativa, sin protección, ese hombre invisible, esa mujer sin rostro, esa persona que paga mes tras mes tarifas telefónicas más altas que casi en cualquier parte del mundo, es estudiante que paga mes tras mes una cuenta de Internet superior a la de sus contrapartes en América del Norte.

Esa compañía que paga mes con mes servicios de telecomunicaciones, que elevan sus gastos de operación y reducen sus ganancias, miles de personas con comisiones por servicios financieros que no logran entender, con cobros inusitados que nadie puede explicar, parados en la cola de los bancos, ahí varados, ahí desprotegidos, ahí sin opciones, ahí afuera, víctimas de un sistema económico disfuncional, institucionalizado por una clase política que aplaude la aprobación de reformas que no atacan el corazón del problema, presidentes y secretarios de Estado, y diputados y senadores y empresarios que celebran una y otra vez el consenso para no cambiar.

Y aunque se agradece que este foro acepte la magnitud de la crisis, si de aquí no surgen medidas concretas para mirar más allá de la coyuntura, revelará nuevamente nuestra incapacidad para encarar honestamente los problemas que México viene arrastrando desde hace décadas.

Revelará la pretensión de los sentados aquí, a proponer reformas aisladas, anunciar medidas cortoplacistas, a eludir las distorsiones del sistema económico, a instrumentar políticas públicas a pedacitos para llegar a acuerdos que tan sólo perpetúan el statu quo.

Y con esto termino. Mientras allá afuera la realidad acecha a golpes de 327 mil despedidos, crecimiento negativo, el lugar 60 de 134 en el Índice Global de Competitividad y una nación que dice reformarse mientras evita hacerlo.

México no crece por la forma en la cual se usa y se ejerce y se comparte el poder, ni más ni menos, por las reglas discrecionales y politizadas que rigen al capitalismo de cuates, por la supervivencia de las estructuras corporativas que el gobierno creó y sigue financiando, por un modelo económico que canaliza las rentas del petróleo a demasiadas clientelas, por un sistema político que funciona muy bien para sus partidos, pero muy mal para sus ciudadanos.

Un sistema de extracción sin representación, creando así un país poblado por personas obligadas a diluir la esperanza, a encoger las expectativas, a cruzar la frontera al ritmo de 400 mil personas al año en busca de la movilidad social que no encuentran en su propio país, obligados a vivir con la palma extendida, esperando la próxima dádiva del próximo político, obligados a marchar en las calles, porque piensan que nadie en el gobierno los escucha, a desconfiar de las instituciones, a presenciar la muerte común de los sueños, porque México avanza a la velocidad que podría y debería, que podría y debería.

Muchas gracias.
El moderador Rolando Cordera Campos: Gracias, doctora Dresser.

jueves, 22 de enero de 2009

Las promesas de Obama.

Durante su campaña Obama dijo: "Quiero que contéis todas las promesas que estoy haciendo y me las recordéis durante todo el camino..." dicho y hecho PolitiFact ha recopilado cerca de 500 promesas que hizo Barack Obama durante la campaña y hacen un seguimiento de sus progresos en el Obameter. De momento Obama va muy bien en cuanto a promesas cumplidas. Algún día podría llegar algo así a México?



http://www.politifact.com/truth-o-meter/promises/

via: meneame

Inauguración de Barack Obama en imagenes


La inauguración de Barack Obama hace sólo dos días fue el evento más importante que probablemente tengamos en los próximos meses

Esta vez se trata de las fabulosas recopilaciones de The Big Picture. Obviamente ellos no iban a ser menos y lanzaron un total de 48 fotografías sobre la inauguración del 20.

via alt1040.com

Discurso del presidente Barack Obama en su toma de posesión

Discurso del presidente Barack Obama en su toma de posesión

Me presento hoy ante ustedes con humildad ante la tarea que tenemos por delante, agradecido por la confianza que me otorgan y consciente de los sacrificios realizados por nuestros ancestros.

Agradezco al presidente Bush los servicios prestados a nuestra nación, así como por la generosidad y cooperación mostradas a lo largo de esta transición.

Cuarenta y cuatro estadounidenses han prestado hasta ahora juramento presidencial. Lo han hecho en periodos de prosperidad y en medio de las calmas aguas de la paz. Sin embargo, de vez en cuando el juramento fue pronunciado bajo nubes amenazantes y fuertes tormentas.

En esos momentos, Estados Unidos ha mantenido el rumbo no sólo gracias a la pericia o la visión de sus dirigentes, sino también porque, nosotros el pueblo, mantuvimos la fe en los ideales de nuestros padres fundadores, y fuimos respetuosos de nuestros documentos fundacionales. Así ha sido. Así deberá ser con esta generación de estadounidenses.

Es bien sabido que estamos en medio de una crisis. Nuestra nación está en guerra, contra una amplia red de violencia y odio. Nuestra economía está gravemente afectada, como consecuencia de la avaricia e irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestro fracaso colectivo en tomar las decisiones difíciles y en preparar a la nación para una nueva era. Se han perdido hogares, puestos de trabajo, varias empresas debieron cerrar. Nuestro sistema de salud es demasiado costoso, nuestras escuelas dejan de lado a muchos de nuestros niños, y cada día hay nuevas evidencias de que la forma en que utilizamos la energía fortalece a nuestros adversarios y amenaza a nuestro planeta.

Estos son indicadores de la crisis, basados en datos y estadísticas. Menos mensurable pero no menos profunda es la pérdida de la confianza en nuestro país, alimentada por el temor de que el declive de Estados Unidos es inevitable, y que la próxima generación deberá reducir sus expectativas.

Hoy les digo que los desafíos que enfrentamos son reales. Son graves y numerosos. No serán superados fácilmente o en un corto periodo. Pero sepan esto, estadounidenses, ¡serán superados!

En este día nos reunimos porque elegimos la esperanza en lugar del temor, la unidad de objetivos en lugar del conflicto y la discordia. En este día, proclamamos el fin de las reivindicaciones efímeras y las falsas promesas, las recriminaciones y los dogmas perimidos, que por demasiado tiempo han lastrado nuestra política.

Seguimos siendo una nación joven, pero como dicen las Escrituras, llegó el momento de dejar de lado los juegos infantiles. Llegó el momento de reafirmar nuestra fortaleza de carácter, de elegir la mejor parte de nuestra historia, de apelar a nuestras virtudes, a esta noble idea transmitida de generación en generación: la promesa dada por Dios de que todos somos iguales, todos somos libres, y todos merecemos la oportunidad de buscar toda la felicidad posible.

Reafirmando la grandeza de nuestra nación, comprendemos que la grandeza nunca está asegurada. Debe ser ganada. Nuestro sendero jamás estuvo hecho de atajos, y nunca nos contentamos con menos. No ha sido el camino para los timoratos, para los que prefieren el placer en lugar del trabajo, o buscan solamente las delicias de la riqueza y la fama.

Por el contrario, han sido los que se arriesgan, los emprendedores, los que hacen cosas –algunos conocidos, pero más frecuentemente hombres y mujeres cuyo trabajo es desconocido–, los que nos impulsaron en el largo y difícil sendero hacia la prosperidad y la libertad.

Por nosotros, recogieron sus pocas pertenencias y viajaron a través de océanos en busca de una nueva vida. Por nosotros, trabajaron en inhóspitos talleres y se asentaron en el oeste, resistieron latigazos y labraron la dura tierra. Por nosotros, lucharon y murieron, en lugares como Concord y Gettysburg; Normandía y Khe Sahn.

Una y otra vez esos hombres y mujeres lucharon y se sacrificaron y trabajaron hasta que sus manos se llenaron de llagas, para que nosotros pudiéramos vivir una vida mejor. Ellos vieron a Estados Unidos más grande que la suma de sus aspiraciones individuales, más grande que todas las diferencias de nacimiento o riqueza o facciones.

Esa es la vía que proseguimos hoy. Seguimos siendo la nación más próspera y poderosa de la Tierra. Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando comenzó esta crisis. Nuestras mentes no son menos creativas, nuestros bienes y servicios no menos necesitados de lo que lo eran la semana pasada o el mes pasado o el año pasado. Nuestra capacidad se mantiene intacta. Pero han acabado los tiempos del inmovilismo, de la protección de intereses mezquinos y de la dilación de decisiones difíciles. A partir de hoy debemos levantarnos, sacudirnos la desidia, y recomenzar la tarea de reconstruir el país.

Porque donde sea que miremos, hay trabajo que hacer. El estado de nuestra economía llama a la acción, enérgica y rápida, y actuaremos, no solamente para crear nuevos empleos, sino para sentar nuevas bases para el crecimiento. Construiremos las calles y los puentes, la red eléctrica y las líneas digitales que alimentan nuestro comercio, y que nos unen. Devolveremos la ciencia a su debido lugar, y usaremos las maravillas de la tecnología para incrementar la calidad de nuestro sistema de salud y reducir su costo.

Domaremos el Sol y los vientos y la tierra para alimentar nuestros vehículos y hacer funcionar nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas y colegios y universidades para enfrentar los desafíos de la nueva era. Podemos hacer todo eso, y todo eso lo haremos.

Ahora, hay algunos que ponen en duda el alcance de nuestras ambiciones, que sugieren que nuestro sistema no puede generar demasiados planes. Su memoria es corta. Olvidaron lo que este país ya hizo, lo que los hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación se une a un objetivo común, y la necesidad al coraje.

Lo que los cínicos no llegan a comprender es que el suelo se ha abierto bajo sus pies, que los viejos argumentos que tanto tiempo se nos impuso ya no tienen validez. La cuestión que ahora nos planteamos no es si nuestro gobierno es demasiado grande o demasiado pequeño, es saber si funciona, si ayuda a las familias a hallar trabajo y sueldos decentes, a tener cuidados médicos asequibles, y una jubilación digna. Cuando la respuesta sea afirmativa, seguiremos adelante. Cuando sea negativa, pondremos fin a esos programas.

Y a quienes entre nosotros manejamos el dinero público se nos debe pedir cuentas –para gastar de forma sensata, acabar con los malos hábitos y ser transparentes–, porque sólo entonces podremos restaurar la vital confianza entre el pueblo y su gobierno.

Tampoco se trata de preguntarse si el mercado es una fuerza del bien o del mal. Su poder para generar riqueza y extender la libertad es incomparable, pero esta crisis nos ha recordado que, sin una atenta vigilancia, el mercado puede descontrolarse, y que una nación no puede ser próspera cuando sólo favorece a los más ricos.

El éxito de nuestra economía no ha dependido solamente de la importancia de nuestro producto interno bruto, sino también de nuestra prosperidad; de nuestra capacidad para ofrecer oportunidades a quienes lo desean, no por caridad, sino porque es el camino mas seguro para alcanzar el bien común.

Para nuestra defensa común, rechazamos por falsa la opción entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros padres fundadores, que se enfrentaban a peligros difícilmente imaginables, elaboraron una Constitución sometida al imperio de la ley y a los derechos humanos, una norma que se ha perpetuado generación tras generación. Aquellos ideales aún iluminan el mundo, y no renunciaremos a ellos por intereses turbios.

Así, digo a todos los demás pueblos y gobiernos que nos observan hoy, desde las grandes capitales hasta el pequeño pueblo donde mi padre nació: sepan que Estados Unidos es amigo de cada nación y de cada hombre, mujer y niño que busca un futuro de paz y dignidad, y que estamos dispuestos a ejercer nuestro liderazgo una vez mas.

Recuerden que las precedentes generaciones se enfrentaron al fascismo y al comunismo no solo con tanques y misiles, sino también con resistentes alianzas y sólidas convicciones. Comprendieron que solamente nuestro poder no podría protegernos, ni permitirnos hacer lo que quisiéramos. En cambio, comprendieron que nuestro poder es mayor cuanto más prudente es; que nuestra seguridad emana de la justeza de nuestra causa, de la fuerza de nuestro ejemplo, y de las cualidades de la humildad y la moderación.

Somos los continuadores de este legado. Guiados por esos principios una vez más, podemos superar estas nuevas amenazas que requieren incluso un mayor esfuerzo, mayor cooperación y comprensión entre naciones.

Comenzaremos a dejar responsablemente Irak a su pueblo, y a forjar una paz duramente ganada en Afganistán. Con viejos amigos y ex adversarios, trabajaremos incansablemente para reducir la amenaza nuclear, y hacer retroceder el espectro del calentamiento del planeta. No nos disculparemos por nuestro estilo de vida, ni vacilaremos en su defensa, y a quienes tratan de hacer avanzar sus objetivos provocando el terror y matando a inocentes, les decimos que nuestro espíritu es más fuerte y no puede ser doblegado, que sobreviviremos a ellos y los derrotaremos.

Porque sabemos que nuestra herencia multicultural es una fuerza, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos e hindúes y de no creyentes. Estamos integrados con todos los idiomas y culturas, llegados de cada rincón de esta Tierra, y porque probamos el amargo sabor de una guerra civil y de la segregación, y emergimos de ese oscuro capítulo más fuertes y más unidos, no podemos dejar de creer que los viejos odios deben ser superados algún día, que las divisiones tribales deberán disolverse pronto, que en la medida en que el mundo se hace más pequeño, nuestra humanidad común deberá revelarse, y que Estados Unidos debe jugar un papel para orientarnos hacia una nueva era de paz.

Con el mundo musulmán, buscaremos un nuevo enfoque para avanzar, basado en el interés y el respeto mutuos. Aquellos líderes del mundo que buscan alentar los conflictos o atribuir los problemas de nuestras sociedades a Occidente, sepan que sus pueblos los juzgarán por lo que puedan construir, no por lo que destruyan.

Quienes se mantienen en el poder a través de la corrupción, la mentira y silenciando a la disidencia, sepan que están en el lado equivocado de la historia, pero que les extenderemos la mano si están dispuestos a aliviar el cerco.

A los pueblos de las naciones pobres, prometemos trabajar con ustedes para hacer florecer sus cultivos y que fluya el agua limpia, para nutrir cuerpos hambrientos y alimentar espíritus voraces.

A aquellas naciones que como nosotros gozan de una relativa abundancia, les decimos que no podemos permitirnos la indiferencia ante quienes sufren en nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos mundiales sin tener en cuenta sus efectos. Porque el mundo ha cambiado y debemos cambiar con él.

Cuando consideramos el camino que se abre ante nosotros, recordamos con humilde gratitud a los valerosos estadunidenses, que en este mismo momento, patrullan distantes desiertos y remotas montañas. Tienen algo que decirnos hoy, al igual que los héroes caídos que yacen en Arlington a través de los tiempos. Les rendimos honores no solamente porque son los guardianes de nuestra libertad, sino porque representan el espíritu de servicio, la voluntad de encontrar un significado en algo que los trascienda.

Y en este momento –un momento que definirá a una generación– es precisamente ese espíritu el que debe habitarnos a todos.

Porque por mucho que un gobierno pueda y deba hacer, es finalmente la fe y la determinación del pueblo estadunidense lo que sostiene a esta nación. Es la amabilidad de acoger a un extraño cuando los diques se rompen, la solidaridad de los trabajadores que prefieren trabajar menos horas para que un amigo no pierda su trabajo lo que nos guía en las horas oscuras. Es el coraje de un bombero que corre hacia un edificio humeante, pero también la determinación de los padres de alimentar a su hijo, lo que finalmente decide nuestro destino.

Nuestros desafíos pueden ser nuevos. Los instrumentos con los que los enfrentamos pueden ser nuevos. Pero todos estos valores de los cuales depende nuestro éxito –trabajo duro y honestidad, valor y lealtad, tolerancia y curiosidad, lealtad y patriotismo– son antiguos. Esos valores son verdaderos. Han sido la fuerza silenciosa del progreso a lo largo de nuestra historia.

Lo que se nos pide es, pues, un retorno a esas verdades. Lo que se requiere de nosotros ahora es una nueva era de responsabilidad, un reconocimiento, por parte de cada estadunidense, de que tenemos deberes para con nosotros mismos, deberes que no aceptamos a regañadientes, sino que los acogemos de buena gana, firmes en la convicción de que nada es tan satisfactorio para el espíritu, tan decisivo en nuestro carácter, como dar todo de nosotros ante una tarea difícil.

Éste es el precio y ésa es la promesa de la ciudadanía. Ésta es la fuente de nuestra confianza: saber que Dios nos llama a dar forma a un destino incierto.

Éste es el significado de nuestra libertad y nuestro credo: por qué hombres, mujeres y niños de todas las razas y religiones pueden unirse en una celebración a lo largo de esta magnífica explanada, y por qué un hombre cuyo padre hace menos de 60 años no podría haber trabajado siquiera en un restaurante, puede ahora presentarse ante ustedes para hacer el juramento más sagrado.

Entonces, marquemos este día recordando quiénes somos y cuán lejos hemos llegado. En el año del nacimiento de Estados Unidos, en los meses más fríos, un pequeño grupo de patriotas se apiñaba, muriendo en los campos de batalla sobre las riberas de un río helado. La capital fue abandonada. El enemigo estaba avanzando. La nieve estaba teñida de sangre. En el momento en que la revolución era más incierta, el padre de nuestra nación (George Washington) dictó estas palabras para que fueran leídas al pueblo:

Que se diga al mundo del futuro... que en la profundidad del invierno, cuando nada podía sobrevivir sino la esperanza y la virtud... que la ciudad y el país, acechados por un peligro común, salieron a enfrentarlo”.

Oh Estados Unidos. Ante nuestros peligros comunes, en este invierno de dificultades, recordemos esas palabras eternas. Con confianza y con virtud, enfrentemos una vez más esas corrientes heladas, y soportemos las tormentas que puedan venir.

Que los hijos de nuestros hijos digan que cuando fuimos sometidos a prueba nos negamos a abandonar el desafío, que no nos echamos atrás ni vacilamos, y con los ojos puestos en el horizonte y con la gracia de Dios, llevamos este gran don de libertad y lo entregamos intacto a las futuras generaciones.

Texto traducido por Afp.

lunes, 15 de diciembre de 2008

miércoles, 15 de octubre de 2008

El candidato Robert Redford

Apropósito de las elecciones en USA es oportuno ver esta película del año 1972, yo encontré mucha similitud entre Barack Obama y este candidato con lo que esta sucediendo ahora con las campañas americanas por la presidencia, quizá esa sera la mejor razón para verla en estos tiempos

Se puede ver que no ha cambiado mucho el estilo de nuestros vecinos del norte en sus formas de decidir, es interesante ver imágenes de San Diego cuando era completamente rural así como las playas de Santa Monica contaminadas por el petroleo; La pueden encontrar en un combo pack 2x1 en donde viene otra muy buena película en la que también participa Robert llamada "Todos los hombres del presidente" que ya hemos comentado en este blog, trata sobre elecciones y las mañas empleadas para mantenerse en el poder de Nixon. por lo pronto les recomiendo El candidato

FICHA TÉCNICA

Título original: The candidate

Dirección: Michael Ritchie.

País y año: Estados Unidos, 1972.

Duración: 109 min.

Intérpretes: Robert Redford (Hill McKay), Meter Boyle (Lucas), Melvyn Douglas (John McKay), Don Porter (Jarmon), Michael Lerner (Corliss)

Guión: Jeremy Larner.

Premios: Oscar (1972) al Mejor Guión original para Jeremy Larner; nominado al oscar (1972) al mejor sonido para Richard Portman y Gene S. Cantamesa. Premio del Writer’s Guild of America (1973) para el mejor guión original para Jeremy Larner.



sinopsis

California, años 70. Tras haber visto como su candidato perdía estrepitosamente las elecciones, un veterano asesor de imagen decide poner sus conocimientos y su dilatada experiencia al servicio de una cara nueva, de un candidato radicalmente distinto, rabiosamente independiente, incontaminado por los vicios de la clase política al uso, y convertirlo en “su” candidato. En su opinión, las opciones no pueden estar más claras: “es demasiado atractivo, demasiado joven, y demasiado liberal para tener alguna posibilidad de ganar… ¡es perfecto!”


De la mano de este inusual tandem, asistimos a la planificación, al despegue y al desarrollo de una candidatura electoral, siendo testigos de cómo se pone en marcha el complejo engranaje de apoyos, argumentos y ambiciones que rodean a un candidato y, en el entretanto, de cómo la frescura y el idealismo de los primeros momentos va cediendo paulatinamente paso al escepticismo, el compromiso, y la sorda lucha por arañar cada vez más votos.
Aunque la película gira de manera total en torno a un Robert Redford en la cúspide de su fama (acababa de rodar “Butch Cassidy and the Sundance Kid” junto a Paul Newman, y estaba a punto de co-protagonizar “Tal como éramos”, con Barbra Streisand, “El Gran Gatsby”, con Mia Farrow y “Todos los hombres del Presidente”, con Dustin Hoffmann) la cinta cuenta también con actores de peso como el recientemente fallecido –aunque entonces apenas conocido– Peter Boyle, o el veteranísimo Melvyl Douglas, ya en los últimos compases de su carrera.