jueves, 16 de octubre de 2008

Osama



A partir de la caída de las torres en nueva york en el 2001, el mundo dio un giro y aparecieron en la escena mundial muchos grupos y países que para mi antes no eran conocidos, empecé a escuchar hablar con mas frecuencia del los talibanes, de el mundo musulmán y desde luego de Osama Bin Laden.

Esta semana me toco ver un filme de manufactura afgana, filmado en la ciudad de Kabul, es cine que pocas veces se puede ver en las pantallas comerciales y que generalmente en los cine clubes se exhibe solo por un día. La película se llama Osama venia en un paquete de películas de esas de 4 películas por 100 pesos, originales con créditos y demás opciones en cada disco.

Se trata de una película quizá no muy buena para ver en estos días de crisis económica, que lo que a veces deseo, es ver más comedia o acción, para distraer mi mente del drama cotidiano para salir adelante en los negocios. Sin embargo fue la primera que elegí del paquete en que venía, me llamo la atención la portada y leí muy de carrera la sinopsis, solo me deje llevar por el impulso de prender la televisión y poner una película para antes de dormir.

Mi sorpresa fue creciendo a medida que la película avanzaba, simplemente no le puede oprimir a la pausa, la historia me envolvió, tenía ante mis ojos a los reyes magos como malandrines, convertidos en jinetes del apocalipsis, me di una idea del la forma en que viven las mujeres en los territorios dominados por los talibanes, es difícil creer o contemplar la pobreza de una comunidad que vive como se vivía en los tiempos Jesús, de la Biblia, entre la tierra y la pobreza, en el fanatismo religioso entendí que al menos el director nos presenta un mundo que parece de hace dos mil años y como recordatorio del tiempo en que vivimos inserta a un camarógrafo periodista que es testigo de lo que sucede en esa región del mundo, con la presencia de él y los dólares que le da a un niño, nos damos cuenta que es una película de tiempo presente, aunque las escenas, los lugares y los personajes se parece mucho a los de la Cristo.

Muchas películas las veo solo una vez y me conformo con eso, en esta ocasión no creo que vaya a suceder eso, la veré de nuevo en un par de días, es un filme muy interesante, fuerte, para volverse a ver y especialmente volver a leer los datos técnicos; fue filmada en el año 2003, los actores son gente común, la niña protagonista creo que era una niña de la calle, en fin se las recomiendo; más adelante la sinopsis oficial, la ficha técnica y el avance para cines cortesia de youtube, por ultimo, me di cuenta buscando en internet que la película fue muy premiada en varios festivales.

SINOPSIS

Una niña (Marina Golbahari) de doce años y su madre (Zubaida Sahar) se ven abocadas a la miseria cuando, con la llegada de los talibanes al poder en Afganistán, pierden su derecho a trabajar y la posibilidad de salir solas a la calle, dado que no tienen a ningún varón en la familia que vele por ellas. La madre y la abuela de la niña deciden entonces hacerla pasar por un chico, lo que llena de terror a la muchacha, angustia-da por lo que puede pasarle si se descubre su verdadera identidad. Cuando, en compañía de otros chicos, es llevada a la madrasta, escuela religiosa que además es un centro de formación militar de los talibanes, recibe la ayuda de Espandi (Arif Herati), un chico que sabe quién es realmente y que le da un nombre: Osama.

CÓMO SE HIZO "OSAMA"
Comentarios del director Siddiq Barmak
© 2003 Alta Films

El sonido de las sombras

"OSAMA es la amarga y trágica historia de nuestra vida, una época terrible, cuando nadie tenía derecho a tomar sus propias decisiones. OSAMA es la historia de los que perdieron su identidad bajo el nombre de Osama. Es una historia acerca de vivir asustado, en la que la gente tiene miedo incluso de los sonidos de las sombras. Es una historia acerca de la interminable historia de mujeres en la cárcel; y además es una historia cerca de una niña y toda la injusticia y sinsentido religioso que lleva sobre sus espaldas”.

Experiencias reales

“A las dos semanas de que los talibanes se hicieran con el control de la ciudad de Kabul, me vi obligado a escapar de la ciudad hacia el norte, a la zona de Shamali Plan, y a los dos años y medio tuve que emigrar a Pakistán”.

“Cuando vivía en Pakistán, intenté hacer un cortometraje de ficción. Estuve tratando de encontrar algunos temas y personajes especiales en diversas organizaciones afganas como minusválidos, niños de la calle y periódicos afganos en Peshawar. Por casualidad, leí la carta de un viejo profesor afgano que contaba la historia de una niña que deseaba ardientemente ir a la escuela durante el régimen talibán, lo que estaba prohibido para las chicas. Así que ella cambió su aspecto para parecer un chico cortándose el pelo y vistiendo ropas de varón. Naturalmente, ésta fue la historia que a mis amigos y a mí nos impresionó”.

Estilo poético

“Uno de mis sueños era ser proyeccionista. Soñaba con encontrar algo en ese oscuro lugar donde sólo hay una línea de luz que va hacia la pantalla blanca, y ahora creo que esta línea de luz puede ser desplazada hacia las mentes de la gente y hacerlas brillar, especialmente en nuestro país”.

“Mi mundo es un poema sobre el amor, que se encuentra incluso entre las guerras, el humo y el polvo. Me encantan las películas con estilo poético. En este caso, puedo decir que me han influido Andrei Tarkovski, el estilo del cine georgiano de directores como Tengis Abuladze, y, naturalmente, muy cercanos a nuestro lenguaje, directores iraníes como Mohsen Majmalbaf y Abbas Kiarostami. Todos estos maestros han influido considerablemente en mi forma de filmar”.

El cine afgano

“El pueblo afgano tiene muchas cosas que decir al mundo y en él hay muchos cineastas de talento. Para hacer realidad nuestros sueños de rodar tenemos una fuerte base cultural y literaria, pero necesitamos ayuda internacional y ya se están dando los primeros pasos para el desarrollo del cine afgano: soy muy optimista respecto a su futuro”.

Dirección y guión: Siddiq Barmak.
Países:
Afganistán, Japón e Irlanda.
Año: 2003.
Duración: 83 min.
Interpretación: Marina Golbahari (Niña/Osama), Khwaja Nader (Mulá), Arif Herati (Espandi), Zubaida Sahar (La madre), Hamida Refah (La abuela), Gol Rahman Ghorbandi (Talibán).
Producción: Siddiq Barmak, Julia Fraser y Julie LeBrocquy.
Música: Mohamed Reza Darwishi.
Fotografía:
Ebrahim Ghafuri.
Montaje: Siddiq Barmak.
Dirección artística: Akbar Meshkini.
Estreno en México: 2004



miércoles, 15 de octubre de 2008

La Dolce Vita Federico Fellini





La Dolce Vita de Fellini es de esas películas míticas de las que los que gustan de el cine siempre mencionan, el titulo de la película se ha vuelto una frase por todos conocida, actualmente hay infinidad de sitios, hoteles, restaurantes, clubs, etc. que se nombran de esa manera para referir lo que esta película retrato en su momento y que sigue muy vigente, cabe mencionar que el término paparazzi nace a partir de esta película.
En mi deseo de aprender de cine la he visto esta maravillosa obra; Pretender hacer una crítica me resulta un tanto difícil podría quizá hablar de las escenas y quizá al calor de un café y una conversación saldrían muchas interpretaciones a las diferentes secuencias de este film, por lo pronto para aquellos que gusten de conocer otras ciudades y conocer el mundo atravez del cine, es una de las buenas razones para no perderse esta obra; la escena en la fontana de Trevi es realmente maravillosa, sin embargo, en la critica que más abajo leerán podrán encontrar un muy buen trabajo de análisis de esta maravillosa película por lo pronto le agregare unas imágenes a este post y desde luego algunas secuencias que encontré en youtube


Una reflexión sobre la sociedad contemporánea. La vigencia de la mirada de Fellini

Apuntaba José Enrique Monterde desde las páginas de Dirigido por... (1) que si bien un grupo de cinéfilos puede hablar de lo godardiano o pasolliniano, el término felliniano es de carácter universal, más allá incluso de haber visto algún film del cineasta de Rímini. No es cuestión de trazar en estas líneas sobre que contiene y que no contiene el cajón de sastre de lo felliniano pero si hacer notar que el cine de Federico Fellini representa por encima de todo uno de esos paradigmas de cine personal. Una de las consecuencias de ese paradigma es que el cine de Fellini, más allá de reconocer los evidentes y demostrables méritos que conquistó, es que unos se apasionan con él y otros lo detestan, o como mínimo no pueden llegar a comprender la totalidad de las obras más fellinianas, que viene a ser mi caso. De todos modos creo que La dolce vita, es una obra que vista sin saber quien la firma nadie diría que es un film de Fellini, ya que los rasgos más conocidos popularmente no aparecen mostrados de forma tan constante y explícita como si lo haría posteriormente. Con todo, a pesar de ser una película "convencional" si la comparamos a simple vista con films como Amarcord (Ídem, 1973)o El Casanova de Fellini (Il Casanova di Federico Fellini, 1976), La dolce vita resume por ella misma toda una primera etapa del cine de Fellini, donde la realidad sirve para mostrar y criticar aspectos de la sociedad italiana, la burguesía romana en este caso, y donde esa realidad de su cine anterior flirtea sin complejos con el mundo onírico y surrealista de su etapa posterior. El film, que se llevó la Palma de Oro en Cannes de 1960 (un año después del terremoto Truffaut-Resnais), sigue una estructura a base de episodios cuyo orden no atiende a ninguna lógica particular ya que podrían estar, la mayoría de ellos, ordenados de otro modo.


Sigamos pues, el orden establecido por Fellini intentando no extendernos demasiado, cosa difícil debido a la complejidad de la película. Así que permítanme, para no cansarles, dejar innumerables elementos de análisis para otra ocasión.

La representación de una clase. La presentación de Marcello

Partiendo de esa división, no explicita pero evidente por el cambio de situaciones, emociones y acciones que acontencen bajo la mirada y participación de Marcello, el film comienza con una vista aérea de la ciudad de Roma igual que a lo largo del film iremos viendo ese mismo espacio pero a ras de tierra.

Si Roma vista desde el aire es como cualquier otra ciudad del mundo desarrollado –distinguible por su particular arquitectura renacentista–, una vez bajemos y la contemplemos desde la óptica de Marcello y por extensión de Fellini, veremos sus particularidades, sus contradicciones y todo aquello que para Fellini tiene de falso, extraño, despreciable y admirable esa ciudad, como si fuera un enorme cajón de sastre donde conviven todo tipo de personajes.

La puesta en marcha del film, de la que se sirve Fellini para presentarnos a nuestro guía, nos muestra a un periodista del corazón –más adelante hablare de la vigencia de La dolce vita en este apartado– cuyo agotador trabajo consiste en ir a los cabarets y restaurantes de moda para intentar cazar alguna exclusiva para su periódico sin ningún tipo de escrúpulo hacia la intimidad o la vida privada. Pero es aquí donde Fellini ya muestra dos puntas del iceberg que irá descubriéndose a lo largo del film, por un lado la moral burguesa y su sentimiento de superioridad frente a las clases populares reflejada por el viaje en el coche y la posterior secuencia en casa de la prostituta, por otro, la falta de consideración de Marcello hacia su novia, que entre la pasión extrema y la pesadez, se intentará suicidar como último recurso para llamar la atención.

Sorprende que al poco de comenzar la película Fellini opte por dos hechos tan radicales que a la postre no tiene un excesivo significado en la propia trama del film más allá de la definición. El suicidio, idea que todo buen burgués desprecia, contrasta con la voluntad y el deseo de hacer el amor en casa de la prostituta. Fellini marca aquí de forma clara las dos vertientes de su enorme film, hay dos vidas (vías) en Marcello por un lado la dolce vita y por otro una vida "normal".

Anita Ekberg

Jamás una secuencia tan breve se ha hecho tan famosa. No creo que nadie desconozca el famoso baño de Ekberg en la célebre fontana romana. Superada la superficialidad en que muchas veces cae el mero ejercicio cinéfilo, todo el capítulo entre la actriz americana encarnada por Ekberg y Marcello, viene a mostrar el ideal de inocencia y pureza en contraposición clara a todo lo mostrado y venidero que contiene La dolce vita, curiosamente, es una extranjera, ajena a todo el mundo de gente guapa de Roma (tan ajena que no habla italiano) la que más consigue impresionar a un Marcello que ve por primera vez en mucho tiempo a una mujer bella y no contaminada por opiniones ni superficialidades, un tanto ingenua pero tan vital que es capaz de rescatar a un gatito de la calle o bañarse en la famosa fuente. Marcello, impresionado porque seguramente hacía años que no veía actuar a ninguna mujer de un modo tan sincero y falto de complejos, no duda en seguirla.


A lo largo del film se establece entre Marcello y el resto de personajes una dinámica de acciones que revierten en la conciencia del periodista aspirante a escritor serio. No es casual que en los momentos de más impacto, aquellos en los que a Marcello se le abren lo ojos, vengan seguidos de intentos de escape de esa dolce vita...quizá el orden si importe al fin y al cabo.

La raíz de la insatisfacción

Se abre con el primer encuentro entre Steiner y Marcello el primer gran cisma en el film. Marcello va a ver a Steiner como aquel que va en busca de apoyo en los momentos de duda. No son amigos intimos como posteriormente dirá Marcello, pero si son complementarios. Marcello busca en él lo que no encuentra en ningún otro personaje del film, el consuelo intelectual, el apoyo de quien sabe que no esta contento con la dolce vita. Magistralmente, la primera confesión de Marcello la ubica Fellini en el interior de una iglesia y culmina con la famosa tocata y fuga en re menor para órgano de Bach, el mejor músico del barroco. El ejemplo de utilización del sonido para mostrar contrastes es claro, Steiner comienza a toca en el órgano una pieza de música popular, el cura le llama la atención y acto seguido interpreta el tema de Bach. Ese detalle es en definitiva la función de Steiner.

Hasta aquí puede que el film haya cumplido una parte de la misión, mostrar todos y cada uno de los elementos que posteriormente desarrolla Fellini, puede determinarse que todo lo mostrado hasta ahora tiene su correspondencia en los posteriores segmentos del film, siguiendo la dinámica que hemos apuntado, en la que cada acto revierte en Marcello de forma que condicionará su paso siguiente.

La cuota católica

En un espacio similar sino igual al de otra de sus joyas, Fellini, Ocho y medio (Otto e mezzo, 1963), Fellini desata aquí una de las críticas más feroces que contiene el film. Como si de una representación se tratara, Fellini nos muestra como una supuesta aparición se convierte en un circo...romano. Cámaras, periodistas, cañones de luz, espectadores, fieles, todos se amontonan para ver a un par de niños que aseguran haber visto a la virgen. La puesta en escena de Fellini, criticando todo lo banal y de mentira que contiene el asunto viene junto a un tratamiento de menosprecio por esa cultura popular y cateta que se aferra a dogmas con tal de encontrar esperanza allí donde la vida diaria se la quita.

Marcello, escéptico como buen burgués ante un espectáculo que se convierte en patético cuando todos se pelean por conseguir una rama de olivo, se mantiene al margen. Será su novia la que actúe y participe del esperpéntico ejercicio. No debe tomarse la mirada de Fellini como un desprecio a las clases populares y si un desprecio a aquellos que se aprovechan de ella, como la iglesia católica. La planificación del acto –vemos a un productor dirigir los movimientos de cámara de una grúa como si de un cineasta se tratara– no es más que la planificación de la manipulación que siempre ha tenido todo hecho divino interpretado por los humanos por aquellos que bajo el nombre de la fe se han creído con el derecho de dirigir las vidas de los demás como un director dirige a sus actores y manipula las imágenes.

"Creo que no conozco a mi padre"

Sorprendente resulta la elección de Fellini de conceder el protagonismo del film, durante unos minutos, al padre de Marcelo. Sin seguir una justificación narrativa –que tampoco es necesaria–, a medida que acontecen los hechos nos damos cuenta que quizá Marcelo no conozca a su padre, pero nosotros viendo a su padre, estamos conociendo a Marcelo. Los actos del padre son un espejo de las acciones del hijo. El padre es a su modo, todo un veterano de la dolce vita, sabe mejor que nadie como se abre una botella de champagne, tratar a las mujeres...

La idea tan católica del pecado heredado, del pecado original, de la vigencia de las leyes de los muertos, es a mi juicio lo que resume la aparición del padre. La posterior reflexión a contraluz con la que Fellini culmina la relación constituyen un excelente resumen del film y de la vida de Marcello, la insatisfacción por la vida llevada y la voluntad de cambio, expresada en las secuencias que siguen.

Las aspiraciones intelectuales. Un amago de cambio en el exilio

Una vez más, el impresionado Marcello por lo que acaba de vivir con su padre (antes lo estuvo por la actriz americana), vuelve a recurrir a Steiner. Esta vez no es una iglesia como tampoco se trata de una confesión. Se trata de la voluntad de querer entrar en un nuevo mundo, en una nueva sociedad, se trata en términos de espacio, de querer entrar en la casa y ser uno más. La superficialidad del grupo de Steiner queda manifiesta en todos los actos, divagando sobre el más absoluto de los vacíos.

Es la novia de Marcello quien se sorprende al escuchar sonidos de la naturaleza, es la única que en cierto sentido saca el sentido común a relucir, como también es la única ajena a toda la superficialidad que conlleva la reunión porque es la única que no lo entiende.

El exilio voluntario de Marcello, alejado de la ciudad para intentar escribir es la culminación de lo vivido en casa de Steiner, quiere romper con todo. La música, una vez más, determina ese contraste. Si antes era una composición de Bach la que marcaba el punto de inflexión, ahora lo es el silencio. Marcello lo busca, lo necesita para saber que esta lo suficientemente alejado, pero pronto abandona la idea y permite que la música popular vuelva a sonar. Es la llamada de la dolce vita de la que ya sabemos que nunca podrá deshacerse.

Vestigios de la vieja artistocracia

Siguiendo la línea de acción-reacción, ahora toca el lado opuesto. Pero ya no es el mundo burgués sino el de la aristocracia –nadie se salva de Fellini–, esa aristocracia italiana, perdida y confusa (pronto llegarían los años de plomo) que tiene en el castillo su fortaleza alejada de todo (el espacio una vez más), viviendo como si nada hubiera ocurrido, rodeada de banalidades pero siempre manteniendo las apariencias como demuestra la magistral aparición de la matriarca que se marcha a misa a la que siguen sus hijos que vienen de la fiesta.

El suicidio

Desde los tiempos de Jonhatan Swift el suicidio nunca fue del gusto de la moral burguesa, no es extraño que después de la razón de la ilustración, muchos de los románticos optaran por esa vía como escape a esa razón. Steiner no es quizá un romántico en el sentido estricto de la palabra, pero sí alguien que buscaba escapar de la razón. Marcelo no lo entiende, para él, su amigo era el paradigma de todo lo que quería ser, se siente traicionado, su paso siguiente será el entregarse a esa dolce vita de forma incondicional...

Al fin y al cabo

...él (Marcello) siempre ha sido un extraño en los dos mundos. Como aquel emigrante que es extranjero cuando llega a una nueva tierra y que lo sigue siendo cuando regresa a su patria de nacimiento. Marcelo no encaja, él es quien rompe la puerta de entrada con el coche y quien rompe el cristal, pero es también llamado "el intelectual" por sus falsos amigos, quien provoca con sus reflexiones un sentimiento de aburrimiento. Marcello intentará ser más que ellos a base de autoengaño, a base de alcohol quiere crearse un mundo en el que encaje, jamás podrá.

También era Steiner, al fin y al cabo, un insatisfecho y se suicidó. Marcello carece de ese valor.

Epílogo y vigencia del monstruo

Mucho se ha hablado del ojo del monstruo (¿un pez manta?) que casi cierra la película –en un principio debería haber sido el último plano del film– e innumerables lecturas se pueden hacer, aunque personalmente me quedo con esa incomunicación entre Marcello y la bañista, reflejando el desconcierto, simbolizando la separación entre dos mundos –otra de las opciones era cerrar la película mostrando las modestas sandalias de la bañista– al que Marcello jamás accederá porque no lo desea.

Nótese que no he hablado en ningún momento de la prensa del corazón, puesto que no soy especialista en nada y menos en lo que se refiere a carroña, basura y enfermos mentales, les invito a ver el film y que contemplen la vigencia en ese aspecto –y en muchos otros– de un film de 1960. Asusta porque nada de lo retratado/criticado por Fellini ha cambiado o ha desaparecido sino que ha evolucionado.

En definitiva y como reza el título del artículo, La dolce vita supone una mirada a la contemporaneidad, tocando y profundizando en todo, cuya mirada es vigente, lúcida y magistral. Critica y comprensiva, moralizante pero razonada. Un fresco impresionante y descomunal sobre una ciudad pero sobretodo sobre un modo de entender y vivir la vida.

autor Jorge Mauro de Pedro

via: miradas.net

El efecto WonderBra

¿Quién no ama al WonderBra? Es por todos conocida esta marca. Las mujeres se sienten más atractivas y seguras de sí mismas. Los caballeros adoran las maravillas que hace este sostén. Y su publicidad siempre ha sido muy creativa. En esta ocasión les presento una pieza viral (publicidad por internet via email o blogs) que se realizó para este preciado brassiere. Se basa en efectos visuales. Lo único que tienen que hacer es mirar el video de abajo. Pongan fija su vista en la espiral y después de unos segundos se hace claro el efecto WonderBra. ¿Dudas si es real el efecto visual? Yo ya me salté la parte del espiral y verdaderamente no pasa lo mismo con esas bubs si antes no ves el espiral. Es divertido, chéquenlo.

El candidato Robert Redford

Apropósito de las elecciones en USA es oportuno ver esta película del año 1972, yo encontré mucha similitud entre Barack Obama y este candidato con lo que esta sucediendo ahora con las campañas americanas por la presidencia, quizá esa sera la mejor razón para verla en estos tiempos

Se puede ver que no ha cambiado mucho el estilo de nuestros vecinos del norte en sus formas de decidir, es interesante ver imágenes de San Diego cuando era completamente rural así como las playas de Santa Monica contaminadas por el petroleo; La pueden encontrar en un combo pack 2x1 en donde viene otra muy buena película en la que también participa Robert llamada "Todos los hombres del presidente" que ya hemos comentado en este blog, trata sobre elecciones y las mañas empleadas para mantenerse en el poder de Nixon. por lo pronto les recomiendo El candidato

FICHA TÉCNICA

Título original: The candidate

Dirección: Michael Ritchie.

País y año: Estados Unidos, 1972.

Duración: 109 min.

Intérpretes: Robert Redford (Hill McKay), Meter Boyle (Lucas), Melvyn Douglas (John McKay), Don Porter (Jarmon), Michael Lerner (Corliss)

Guión: Jeremy Larner.

Premios: Oscar (1972) al Mejor Guión original para Jeremy Larner; nominado al oscar (1972) al mejor sonido para Richard Portman y Gene S. Cantamesa. Premio del Writer’s Guild of America (1973) para el mejor guión original para Jeremy Larner.



sinopsis

California, años 70. Tras haber visto como su candidato perdía estrepitosamente las elecciones, un veterano asesor de imagen decide poner sus conocimientos y su dilatada experiencia al servicio de una cara nueva, de un candidato radicalmente distinto, rabiosamente independiente, incontaminado por los vicios de la clase política al uso, y convertirlo en “su” candidato. En su opinión, las opciones no pueden estar más claras: “es demasiado atractivo, demasiado joven, y demasiado liberal para tener alguna posibilidad de ganar… ¡es perfecto!”


De la mano de este inusual tandem, asistimos a la planificación, al despegue y al desarrollo de una candidatura electoral, siendo testigos de cómo se pone en marcha el complejo engranaje de apoyos, argumentos y ambiciones que rodean a un candidato y, en el entretanto, de cómo la frescura y el idealismo de los primeros momentos va cediendo paulatinamente paso al escepticismo, el compromiso, y la sorda lucha por arañar cada vez más votos.
Aunque la película gira de manera total en torno a un Robert Redford en la cúspide de su fama (acababa de rodar “Butch Cassidy and the Sundance Kid” junto a Paul Newman, y estaba a punto de co-protagonizar “Tal como éramos”, con Barbra Streisand, “El Gran Gatsby”, con Mia Farrow y “Todos los hombres del Presidente”, con Dustin Hoffmann) la cinta cuenta también con actores de peso como el recientemente fallecido –aunque entonces apenas conocido– Peter Boyle, o el veteranísimo Melvyl Douglas, ya en los últimos compases de su carrera.

martes, 14 de octubre de 2008

Nuestra musica, de Jean-Luc Godard


Sinopsis
Tres partes tituladas respectivamente: Infierno, purgatorio y paraíso. Infierno: diversas imáge-nes de guerra, sin orden cronológico ni históri-co. Aviones, tanques, barcos, explosiones, disparos y ejecuciones, poblaciones huyendo, países devastados, ciudades destruidas. Todo en blanco y negro y color. Imágenes mudas, cuatro frases, cuatro piezas de música. Purgatorio: la ciudad de Sarajevo hoy, martirizada como muchas otras. Personajes reales e imaginarios. Una visita al puente de Mostar que está siendo reconstruido simboliza el paso de la culpa-bilidad al perdón. Paraíso: una joven a la que hemos visto en el pur-gatorio, autosacrificada, encuentra la paz en el agua, en una pe-queña playa vigilada por marines.




Ética y estética

El cine de Godard es difícil de ver. En todas las acepciones, por frecuencia y por comodidad. Y quizás sólo por ese motivo los cinéfilos deberíamos sentirnos estimulados a observarlo. Más allá de posturas políticas, de chauvinismos, de estilos, hay determinados cineastas (como Kiarostami, como Oliveira, como Angelopoulos) que son referentes obligados para aquellas personas que contemplamos el cine con los sentidos y con la razón. No se trata de que el vino añejo sepa mejor. Se trata de que en las imágenes de estos autores no se sedimenta el tiempo. Más bien se destila la sabiduría de los años.

Se dice que Godard es un pedante. Quizás se trata de una pedantería ansiada con vehemencia y, por supuesto, conseguida con éxito. No obstante, la pedantería de Godard tiene fundamento en la experiencia y en la experimentación.

Hay autores que han sido importantes en la Historia del Cine (con mayúsculas), por innovaciones técnicas, teóricas o por ambos motivos: Griffith, Eisenstein, Welles… Godard y sus compañeros de la "nouvelle vague" revolucionaron el cine e impulsaron el séptimo arte hacia un futuro apasionante. Ahora, 2005, ya ha llegado el futuro y el cine deja de ser lo que era. Para bien y para mal. Lo que empezó como una barraca de feria ha mutado en diferentes formas. Tenemos, por una parte, los herederos del circo de la imagen, radiquen en Hollywood o en Bollywood. Se trata de la imagen como entretenimiento. Están, por otro lado, los investigadores de la "moving image", artistas del audiovisual, autores más enraizados en la tradición creativa y los circuítos comerciales de las artes plásticas que en el territorio de la pantalla grande. Y, finalmente, están las numerosas variantes de los investigadores del cine. Son aquellos autores como Gondry y Kaufman, como Winterbottom, Sokurov, Von Trier, o Wong Kar-wai, que, más o menos próximos a las modas o a las costumbres sociales, tratan de construir un diálogo con el espectador, un discurso con nuevas herramientas visuales.

Godard es, ha sido desde hace años, el más radical de todos ellos. De una manera equivalente a la transformación de la novela que tuvo lugar a principios del siglo XX (Joyce sería el referente más fácil), Godard se ha esforzado por deconstruir el cine tal y como lo entendíamos y a la vez por elaborar un discurso propio utilizando nuevas técnicas. De esta manera, no dudó en alterar los clásicos parámetros de puesta en escena y de montaje. No dudó en reivindicar posturas políticas abiertamente desde la pantalla del cine. Indagó de manera precoz las posibilidades del vídeo. Dinamitó el raccord visual y sonoro. De unos años a esta parte se dedica a elaborar una serie de discursos laberínticos y enciclopédicos. Puede ser etiquetado de pedante. Pero también es arriesgado, comprometido e inteligente.

Soy consciente de que he sido derrotado por mi ambición en el intento de elaborar un comentario acerca de Nuestra música. Pero la realidad es que no se puede hablar de la película sin revisar la trayectoria de su (co)autor. Porque la realidad es que esta nueva obra de Godard no es sino un nuevo capítulo de una obra monumental, heterogénea en sus imágenes, pero muy homogénea en su intención. Mezcla de autores, collage de ideas, Notre musique es una obra de autoría múltiple de este nuevo siglo.

Nuestra música, como las Histoire(s) du Cinéma, es una obra magna. Excesiva en ocasiones, forzada en un par de secuencias, avanza en niveles distintos. A nivel técnico, Godard prosigue su investigación de la combinación de imágenes y sonidos de origen aparentemente distante: trátese del uso de músicas de muy diversas procedencias, de la combinación de diálogos de personajes en "off" visual o del uso de monólogos discursivos y un tanto monótonos. En este sentido utiliza como coartada la celebración de los Encuentros Europeos del Libro en Sarajevo, evento al que acuden una serie de escritores que desgranan sus textos para las imágenes del suizo. Será el uso de los comentarios, de los discursos, de los participantes, lo que otorga en parte a la película el carácter pluriautoral al que me refería.

A nivel estético, hurga en la vinculación entre lo hablado y lo visto. Entre el concepto expresado con imágenes o palabras y el concepto representado por otras imágenes. Es este, sin duda, el aspecto que exige más al espectador, Tanto en cuanto determinadas imágenes no son sino códigos o símbolos de una situación determinada. Así, las imágenes del mercado de Sarajevo, telón aparente de los discursos de algún personaje o de los diálogos de otros, son una metonimia de las matanzas que en él tuvieron lugar durante la guerra. El puente de Mostar, una metáfora del abismo entre dos civilizaciones, un vacío que cuesta más de salvar que de abrir.

Y Godard evita, finalmente, el artificio, porque desde un nivel ético se posiciona contra la locura humana. Contra la barbarie, contra la guerra. Nuestra música se construye en base a tres actos de referencia dantesca. En el primero, el Infierno, recoge, aglutina y da forma al terror de la guerra. Utilizando imágenes del cine clásico (de Griffith a Eisenstein, de Ford a Cy Enfield), de televisión y de documentales, intactas o retocadas digitalmente, JL nos obliga a acordarnos de los genocidios que han tenido lugar en diferentes eras (de los pieles rojas, de los camboyanos bajo los khmer, del holocausto judío), de la potencia de las nuevas armas, de la locura de las guerra, en definitiva. El segundo acto, el grueso de la película, es, sin embargo, más terrible. Tanto por la proximidad temporal y geográfica que nos vincula a la guerra balcánica como por la sensación de vacío, de pérdida, que se desprende de las imágenes: el puente y el mercado citados, las colinas desde las que los serbios disparaban contra la población, la biblioteca en ruinas donde un albacea voluntarioso trata de ordenar nuevamente la vieja cultura. Godard recoge en imágenes (puesto que en muchos casos los diálogos que las acompañan viajan en otra dirección) las cicatrices, perdurables, que puede dejar una guerra. Y se entretiene, con discutible heterogeneidad, en comparar, en identificar, distintos conflictos, especialmente el de Oriente Próximo, en el que da a entender la alienación (más que la alineación) tanto de hebreos como de palestinos en su conflicto enquistado. Para Godard hay muchos conflictos; pero sólo una solución, el razonamiento. Escudándose en la presencia de Juan Goytisolo, en el poder de la palabra, trata de evidenciarlo: "Cuando alguien mata por defender unas ideas, no se está defendiendo una idea; se está matando un hombre." En última instancia, irónicamente, Godard nos dejará vislumbrar el paraíso. Una estrecha franja de playa boscosa, más allá de nuestra mirada, dónde Adán le ofrece la manzana a Eva… custodiada por el ejército.

Después de Sarajevo, Godard quiere compartir con nosotros la reflexión y, ¿por qué no?, la decisión sobre el mundo que queremos. Gilles Kepel y Francis Fukuyama, entre muchos otros ensayistas, reflexionan sobre un mundo violento y en crisis permanente, donde por un lado pugnan dos posturas, el Islam y los USA, opuestos en concepción pero similares en radicalidad y en acción y por otro el grueso de la población trata de sobrevivir a estas estrategias. En el cine no basta con las historias de El mensajero del miedo o las divagaciones de Fahrenheit 9/11. Para pensar en ello se necesitan las reflexiones de 11 de septiembre, La mirada de Ulises, Una historia hablada o de Nuestra música.

Y, en última instancia, también el propio cine necesita de ellas. Al terminar el seminario al que acude, Godard es interrogado sobre el futuro del cine. Su rostro permanece impasible. Su respuesta podría ser esta película.

via: www.miradas.net

Part poetry, part journalism, part philosophy, master filmmaker Jean-Luc Godard's Notre Musique is a witty and lyrical reflection on war through the ages.



Death Race (La Carrera De La Muerte)

Esta noche por cortesia de cinefilia la premier de esta pelicula

Death Race (La Carrera De La Muerte)

SINOPSIS: En un futuro próximo, el tricampeón de velocidad Jensen Ames (Jason Statham) es todo un experto a la hora de sobrevivir en el desértico paisaje en el que se ha convertido el país. Cree haber cambiado de vida, pero el ex convicto es acusado de un terrible crimen que no ha cometido. La alcaidesa de Terminal Island (Joan Allen) le obliga a ponerse la máscara de Frankenstein, un favorito del público al que parece imposible matar, y le da dos opciones: competir o pudrirse en una celda. Con el rostro escondido detrás de la máscara metálica, el preso deberá sobrevivir a los tres días más terribles de su vida, enfrentándose a los peores criminales procedentes de las cárceles más duras del país si quiere salir libre. Al volante de un monstruoso coche armado con ametralladoras, lanzallamas y lanzagranadas, este hombre desesperado será capaz de destruir todo lo que encuentre a su paso para ganar el juego de masas más retorcido de la tierra.






EVOC- East Village Opera Copmany


Hace dos años se presento en Guadalajara esta agrupación norteamericana el concierto fue en el Teatro Diana y fue maravilloso desde entonces es una de mis agrupaciones favoritas solo han grabado tres discos y el de la imagen es el mas reciente altamente recomendable
aquí una muestra:



official site: www.eastvillageoperacompany.com

Papá dame un respiro

CARL HONORÉ 12/10/2008

Los adultos han secuestrado la infancia de los niños. El impulso de modelar a los hijos con un celo sobrehumano, la llamada “hiperpaternidad”, evidencia el fracaso del modelo infantil actual. Es lo que el autor de ‘Elogio de la lentitud’ defiende en su nuevo libro, ‘Bajo presión’. Y se pregunta, en este texto para ‘El País Semanal’, qué significa ser niño y padre en el siglo XXI.

Todo comenzó durante una reunión de padres en una escuela de Londres. La opinión que los profesores me dieron sobre mi hijo era buena, pero cuando entramos en la clase de arte, los halagos aumentaron a niveles inesperados. Uno de sus trabajos, un boceto de un mago realizado al estilo de Quentin Blake, estaba colgado en la pared con chinchetas como modelo para los demás alumnos. Por debajo del retrato, mi hijo había pintado la cabeza de un hombre desde diferentes ángulos. La profesora de arte lo descolgó para enseñármelo.

"Es increíble que un niño de siete años, por iniciativa propia, haya representado la perspectiva de esa forma", me decía entusiasmada. "Su hijo, verdaderamente, destaca en clase. Es un joven artista superdotado".

Y ahí estaba, la S de esa palabra de 11 letras que produce taquicardia a cualquier padre: superdotado.

Aquella noche me puse a buscar en Google cursos y profesores particulares de arte para cultivar el don de mi hijo. En mi mente desfilaban las imágenes del que podría ser el próximo Picasso. Hasta la mañana siguiente. "Papá, yo no quiero un profesor particular, sólo quiero dibujar". Me confesó mientras desayunábamos. "¿Por qué los adultos siempre tienen que controlar todo?".

su pregunta me impresionó bastante. A mi hijo le encanta dibujar. Puede pasar horas inclinado sobre un trozo de papel inventando extrañas formas de vida, diseñando complicados libros de cómics o haciendo bocetos de Ronaldo dando patadas a un balón. Dibuja bien y se siente feliz con ello. Pero, por alguna razón, esto no era suficiente. Una parte de mí quería aprovechar esa felicidad, pulir y sacar partido de su talento, convertir su arte en un éxito. Mi hijo tenía razón: estaba intentando controlar todo.

Aquella conversación a la hora del desayuno resultó ser uno de esos momentos reveladores que le cambian a uno la vida. Me hizo darme cuenta de que, como padre, estaba perdiendo el equilibrio. También me inspiró para escribir Bajo presión: cómo educar a nuestros hijos en un mundo hiperexigente.

Para realizar la investigación del libro pasé dos años viajando por toda Europa, América y Asia analizando la situación de la infancia en la actualidad. Visité colegios, guarderías, clubes deportivos, laboratorios y ferias de juguetes; me entrevisté con profesores, entrenadores, concejales, publicistas, policías, terapeutas, médicos y cualquier experto en desarrollo infantil. Hablé también con cientos de padres y de niños, y seleccioné las últimas investigaciones científicas.

Lo que descubrí es que los adultos han secuestrado la infancia de los niños de una manera nunca vista hasta ahora. Bajo presión explora el porqué del fracaso del modelo infantil actual y ofrece propuestas de todos los rincones del mundo para ayudarnos a encontrar una solución. El libro no es un manual para padres. Mi intención va más lejos: redefinir lo que significa ser niño y padre en el siglo XXI.

Desde luego, el impulso de controlar al milímetro a los niños no es nuevo. Hace 2.000 años, un maestro llamado Lucius Orbilius Pupillus identificó a los padres con demasiadas ambiciones para sus hijos como gajes del oficio en las aulas de la antigua Roma. Cuando el joven Mozart hizo prodigios que se pusieron de moda en el siglo XVIII, muchos europeos educaron a sus propios chicos con la esperanza de conseguir niños prodigio. Hoy día, sin embargo, la presión por conseguir lo mejor de nuestros niños parece que consume todo el tiempo disponible.

Como padres, sentimos el empeño de empujar, modelar y educar a nuestros hijos con un celo sobrehumano para darles lo mejor de todo y hacer de ellos los mejores para todo. Pensemos en la colección de DVD de Baby Einstein o en la de yoga para niños; en el último modelo de iPod; o en los GPS con dispositivo de localización para las mochilas; clases de ballet, de fútbol, de cerámica, de yoga, tenis, rugby, piano, yudo. Sentimos que fracasamos si nuestros hijos sufren de algún modo y no brillan como artistas, profesores o atletas.

En todo el mundo, esta forma de controlar al milímetro la educación de los niños es conocida con diferentes nombres. Algunos la llaman "hiperpaternidad". Otros se refieren a ella como padres helicóptero, porque siempre están vigilando. Los canadienses bromean con los padres quitanieves, que marcan un camino perfecto en la vida de sus hijos. Incluso en los países nórdicos, donde se supone que viven gloriosamente relajados, se habla de padres curling: mamá y papá despejando frenéticamente el hielo por delante de su hijo.

Está claro que no todas las infancias son iguales. No se encuentran muchos niños superprotegidos en los campos de refugiados de Sudán o en las chabolas de Suramérica. Incluso en los países desarrollados hay millones de jóvenes, sobre todo entre familias humildes, que tienen más probabilidades de padecer poca protección que de estar sobreprotegidos. Seamos honestos: la mayoría de los padres helicóptero proceden de la clase media. Aunque esto no significa que este aspecto cultural afecte solamente a la gente acomodada.

A medida que un cambio social se produce, la clase media en general marca el camino a seguir. Y, además, el exceso de protección de los niños está minando la solidaridad social, ya que cuanto más obsesionadas están las personas con sus propios hijos, menor es el interés por el bienestar de los demás.

Los padres también forman parte de esta ecuación. Fuera de casa, todos, desde los gobiernos hasta la industria publicitaria, tratan de manipular la atención de los niños para ajustarla a sus propios planes. Recientemente, un grupo de parlamentarios ingleses advirtió de que hay muchos niños cuyo sueño es crecer para ser hadas, princesas o estrellas de fútbol. La solución que plantearon: aconsejar a los niños de cinco años sobre la profesión que querían ejercer de mayores.

El consumismo ha entrado sigilosamente en cada rincón de las vidas de los niños, algo que parecía intocable. Sólo el simple hecho de dormir en casa de una amiga se ha convertido en estos momentos en una oportunidad para empresas publicitarias como la Agencia de Inteligencia Infantil, que patrocina fiestas en las que las adolescentes prueban nuevos productos y rellenan cuestionarios. Los trabajadores de McDonald's visitan los hospitales para entregar a los niños juguetes y globos, así como folletos para promocionar su comida. Juntando estos datos, estimamos que muchos niños ven hoy día unos 40.000 anuncios al año.

Al mismo tiempo que permitimos que nuestros hijos se entreguen al consumismo, les protegemos entre algodones y les prevenimos ante riesgos que realmente les harían bien. En muchos países, los gobiernos han prohibido actividades peligrosas tales como las canicas, el juego de corre que te pillo o las peleas de bolas de nieve. Casi la mitad de los niños ingleses con edades comprendidas entre los 8 y los 12 años nunca se han subido a un árbol porque sus padres piensan que es muy peligroso. No importa que en la mayoría de los países el delito de pedofilia sea menos frecuente de lo que era hace una generación (ocupa más espacio en las portadas de los medios). Tenemos tanto pánico a que nuestros hijos puedan convertirse en un caso similar al ocurrido con Madeleine McCann, que les encerramos en casa como a las gallinas.

Veamos lo que ha sucedido con la educación. Los niños reciben cada vez más pronto clases particulares y hacen evaluaciones una y otra vez con el fin de que las notas sean más importantes que el aprendizaje en sí mismo. Hoy día, más que nunca, muchos niños toman medicamentos como el Ritalin para ayudarles a concentrarse en los estudios. Al fin y al cabo, ¿qué son los medicamentos? El no va más del control al milímetro.

En la actualidad, mires donde mires, el mensaje que recibimos es el mismo: la infancia es demasiado preciosa para dejársela a los niños, y los niños son demasiado preciosos para dejarlos solos. Pero ¿esto es malo? Tal vez sea este control al milímetro de resultados. Tal vez estemos formando a los niños más sanos, más brillantes y más felices que nunca antes hayamos visto. O tal vez no.

Desde luego, deberíamos tomar con cierta precaución los informes sobre que el concepto de infancia se muere. Son muchas las ventajas de crecer en un mundo desarrollado de principios del siglo XXI: los niños tienen menos probabilidades de padecer desnutrición, abandono, violencia o muerte que en ningún otro momento de la historia. Están rodeados de comodidades impensables hace una generación. Legiones de profesores, políticos y empresas utilizan todos sus esfuerzos para procurarles nuevas fórmulas de alimentación, educación, moda y entretenimiento. La ley internacional protege sus derechos. Son el centro del universo de sus padres.

Y aun así, algo sigue mal. Todo este control al milímetro, aunque bien intencionado, está fracasando. Los niños necesitan mucha orientación y un firme empujoncito de vez en cuando, pero cuando los adultos mandan, cuando cada situación es programada, supervisada o estructurada, hay que pagar un precio.

Comencemos por la salud. Los niños, encerrados en casa y sentados en el asiento trasero del coche mientras conducimos, están creciendo más gordos que nunca. La Asociación Internacional para el Estudio de la Obesidad calcula que en el año 2010, el 38% de los niños menores de 18 años de Europa y el 50% de los de América del Norte y del Sur serán obesos. Más aún, los kilos de más les están condenando a padecer enfermedades coronarias, diabetes tipo 2, arterioesclerosis y otros desórdenes en otro tiempo típicos de adultos.

Los niños deportistas también sufren. Los jóvenes que realizan mucho ejercicio acaban agotados. Lesiones como rotura del ligamento cruzado anterior, antes muy comunes entre atletas profesionales y universitarios, abundan ahora entre los estudiantes de secundaria y son tremendamente frecuentes entre los niños de 9 y 10 años.

Y tal como funciona el cuerpo, así lo hace la mente. La depresión y la ansiedad infantil -y el abuso de drogas, autolesiones y suicidio que a menudo los acompañan- no son hoy día más comunes en los guetos urbanos, sino en los elegantes barrios del centro de las ciudades y en las arboladas zonas residenciales de las afueras donde la emprendedora clase media ejerce su presión sobre los niños.

Los niños controlados al milímetro pueden pasarlo muy mal para valerse por sí mismos. Los servicios de orientación psicopedagógica de las universidades reconocen que hay cifras récord de estudiantes con depresión. Y los profesores comentan que algunos jóvenes de 19 años, en el transcurso de una entrevista, les entregan su teléfono móvil con estas palabras: "¿Por qué no habla usted todo esto con mi madre?".

El cordón umbilical permanece intacto incluso después de terminar la carrera. A la hora de contratar titulados recién salidos de la universidad, importantes empresas como Merrill Lynch han comenzado a lanzar lo que llaman "paquetes para padres", o jornadas de puertas abiertas compartidas para que mamá y papá puedan visitar sus oficinas. Muchos padres incluso les acompañan a las entrevistas de trabajo para ayudarles a negociar las condiciones de sueldo y vacaciones.

Algo precioso y difícil de valorar también está perdiéndose en el camino. El poeta inglés William Blake resumía la magia y lo maravilloso de la infancia de este modo:

"Para ver el mundo en un grano de arena

y el firmamento en una flor silvestre,

coge el universo en la palma de tu mano

y la eternidad en una hora".

Hoy día, los niños están demasiado ocupados corriendo de un lado para otro con clases de violín o clases particulares de matemáticas para coger el universo en la palma de sus manos. Y esa flor silvestre parece que da un poco de miedo. ¿No será que tiene espinas o que el polen provoca reacción alérgica?

La realidad es que los niños necesitan tiempo y espacio para explorar el mundo por sí mismos: así es como aprenden a pensar, a imaginar y a tener relaciones; a tomar gusto por las cosas; a saber qué quieren ser en lugar de ser lo que nosotros queremos que sean. Cuando los adultos controlan al milímetro la infancia de los niños, éstos pierden todo lo que da satisfacción y sentido a la vida: pequeñas aventuras, disfrutar del sentimiento anárquico, viajes secretos, juegos, contratiempos, momentos de soledad e incluso de aburrimiento. Sus vidas se convierten en extrañamente sosas, sin logros personales y en cierta medida aburridas y artificiales. Pierden la libertad de ser ellos mismos, y lo saben. "Soy el gran proyecto de mis padres", dice Ana Placente, una niña de 13 años de Madrid. "Incluso cuando estoy a su lado, hablan de mí en tercera persona".

Y no olvidemos lo que toda esta presión produce también en los adultos: cuando el cuidado de los hijos se convierte en un cruce entre el desarrollo de un producto y un deporte de competición, la paternidad pierde su mágico sentido.

pero no todo son malas noticias. La buena noticia es que el cambio ya se está produciendo. En Europa, Asia y América, la gente está haciendo cosas para cambiar la situación, para dar a los niños más libertad para explorar el mundo a su ritmo, para permitirles ser niños de nuevo. Los colegios están poniendo freno a la obsesión de hacer exámenes y reducen los trabajos que tienen que hacer en casa -se han dado cuenta de que los alumnos reflexionan, estudian por sí mismos y aprenden mejor cuando tienen más tiempo para relajarse-. Hace poco tiempo, el colegio Cargilfield, un centro privado de Escocia, prohibió los deberes a los alumnos de entre 13 y 15 años. En un año, las notas de los exámenes de matemáticas y de ciencia mejoraron cerca de un 20%. Los niños también tienen más tiempo para disfrutar y jugar. "Es mucho mejor que se diviertan cuando son pequeños y no dediquen el día a hacer deberes", dice John Elder, director del Cargilfield. "Estamos aquí para divertirnos y nunca más tendremos la oportunidad de volver a ser jóvenes". Toronto se ha convertido este año en la primera ciudad de Canadá y América del Norte en suprimir por completo los deberes a los niños de cualquier edad.

Con el fin de dar un respiro al apretado programa de los niños, numerosas ciudades en todo el mundo les permiten tomar días libres cuando las actividades extraescolares se suspenden. Muchas familias se sienten liberadas por no tener que ir a kárate o a fútbol y tener que salir corriendo de casa, lo que reduce sus planes durante el resto del año. Las universidades más selectas también están lanzando un mensaje similar. El Instituto Tecnológico de Massachusetts ha cambiado recientemente la solicitud de ingreso, poniendo menos énfasis en el número de actividades extraescolares en las que un aspirante se puede inscribir y más en aquellas otras que realmente le interesen. Incluso la reconocida Harvard insta a los estudiantes de primer año a que comprueben su apretado programa antes de matricularse. En una carta publicada en la página web de la universidad, el antiguo decano Harry Lewis advierte a los estudiantes de que enriquecerán más sus vidas si se dedican a hacer lo que despierta verdaderamente su interés y no concentran todo su tiempo y esfuerzo en numerosas actividades. "Es más probable que consigan los objetivos que requiere el intenso ritmo de estudio si se permiten de vez en cuando tener tiempo libre, diversión y momentos de soledad, en lugar de llenar su agenda de actividades programadas que les impedirán pensar qué es lo que realmente quieren hacer". Lewis también hace hincapié en la idea de los jóvenes de conseguir un mejor puesto de trabajo si presentan un currículo perfecto. "Conseguirán un mayor equilibrio en sus vidas si realizan actividades puramente por entretenimiento y no con el objetivo de obtener un liderazgo que pudiera ser una credencial para conseguir empleo. El tiempo libre que pasen con sus amigos o compañeros de habitación podrá tener mayor influencia en sus vidas que el contenido de muchos de los cursos en los que se inscriben". El título de la carta es un mensaje claro y directo contra la cultura de la programación excesiva. Dice así: "Tranquilos: cómo sacar más provecho de Harvard haciendo menos".

Ya hay muchas familias en todo el mundo, como los Kessler en Berlín, Alemania, que están haciéndose cargo de esta situación. Para ellos, el momento crucial llegó cuando sus hijos -Max, de siete años, y Maya, de nueve- empezaron a pelearse. Su madre, Hanna, se dio cuenta de que el gran número de clases extraescolares que tenían -violín, piano, fútbol, tenis, esgrima, voleibol, taekwondo, bádminton y clases particulares de inglés- les estaba distanciando. "Cuando era pequeña, tenía mucho tiempo libre para estar con mis hermanos; nos llevábamos, y nos seguimos llevando, muy bien". "Cuando observé el repertorio de actividades de mi familia, me di cuenta de que Max y Maya no tenían casi tiempo para estar juntos porque uno u otro siempre salían de casa corriendo para ir a alguna de sus clases". Decidió reducir a tres el número de actividades extraescolares por niño. Los niños no echan de menos los cursos que eligieron dejar y la armonía entre los hermanos ha vuelto al hogar de la familia Kessler. "Ahora nos llevamos muy bien", dice Maya. "Nos divertimos mucho juntos". Max pone los ojos en blanco. Maya le fulmina con la mirada y parecería que, por un momento, las viejas hostilidades podrían reanudarse. Aunque los dos se ponen a reír. Hanna sonríe. "Nunca más volveremos a estar tan ocupados", reconoce.

con el objetivo de que los jóvenes vuelvan a disfrutar haciendo deporte, las ligas deportivas están tomando medidas drásticas contra los padres que dan alaridos desde los banquillos, y están haciendo hincapié en que lo importante es aprender y disfrutar jugando, y no el hecho de ganar a toda costa. Un equipo de hockey sobre hielo de Toronto compuesto por niños de 10 años ha dejado de hacer estadísticas sobre sus resultados personales garantizando que cada niño, independientemente de su capacidad, juega el mismo tiempo. El resultado: los niños han vuelto a interesarse por el hockey, han mejorado su juego y han ganado casi veinte torneos en tres años.

Incluso los padres defensores a ultranza del deporte están aprendiendo a relajarse. Vicente Ramos, un abogado de Barcelona, tenía por costumbre controlar desde los lados del campo a su hijo Miguel, de 11 años, mientras jugaba al fútbol. La mayoría de las veces le gritaba: "¡Corre hacia el centro! ¡Pasa la pelota! ¡Recupera la posición!". Después, cuando volvían a casa en el coche, le comentaba el partido y le ponía muy poca nota. Un día, Miguel, un chico fuerte, ágil y con una habilidad increíble para tirar con el pie izquierdo, le dijo que no quería jugar más al fútbol. "Me quedé anonadado", dice Ramos. "Nos peleamos y discutimos gritándonos, y al final me reconoció que estaba enfadado conmigo porque siempre le estaba controlando".

Ramos decidió tomárselo con calma. Ahora, lleva a Miguel algunas veces al campo y se queda esperándole tomando un café en un bar cercano. Si decide quedarse en el banquillo, le hace muy pocos comentarios. Cuando vuelven a casa, no le corrige y a menudo los dos hablan de muchas otras cosas que no son fútbol. Ramos se siente sorprendido y aliviado al comprobar que su humor ha cambiado al no pensar si su hijo ha tenido suerte o no en el campo. Y lo más importante es que Miguel ha redescubierto su amor por el fútbol y siente que juega mejor. "Ahora sólo pienso en el juego y en lo que voy a hacer con la pelota en vez de sentirme agobiado esperando los gritos de mi padre", reconoce. "Es un gran alivio".

otra de las situaciones que también está cambiando es nuestra tendencia a envolver entre algodones a los chicos para protegerles del más mínimo riesgo. Los niños de tres años de un jardín de infancia de Escocia pasan el día en el campo soportando el riguroso frío, haciendo hogueras y conociendo las setas más venenosas. Seguro que se hacen arañazos o se queman, pero vuelven al colegio más felices y seguros de sí mismos, y menos propensos a enfermedades y alergias. Y si no, hojeen el éxito mundial El libro peligroso para niños, un práctico manual lleno de ideas para que los chicos se diviertan con todo tipo de juegos de alto riesgo, desde carreras de karts hasta cómo hacer tirachinas o catapultas.

Todos estos cambios implican un menor control en la atención hacia los niños y en permitir que las cosas sucedan por sí mismas en lugar de forzarlas. Pero todavía queda mucho por hacer. Necesitamos colegios, deportes, publicidad, tecnología y planes urbanos más adaptados a las necesidades infantiles. Tenemos que volver a la idea de que una parte esencial de la salud infantil es que jueguen solos, sin metas y objetivos. Una buena idea para empezar sería dejarles una o dos horas al día entretenerse ellos mismos sin la ayuda de adultos o de ordenadores.

Aunque para conseguir los objetivos, los padres tienen que aprender a relajarse. Pero ¿cómo sabemos si estamos forzando demasiado a nuestros hijos? No siempre es fácil, porque la línea entre los padres que se ocupan y los que se ocupan en exceso puede ser muy fina, aunque, con todo, hay señales indicadoras de peligro. Puede que se extralimite si le hace los deberes a su hijo o que le grite hasta quedarse ronco mientras juega en un acontecimiento deportivo; tal vez le espía mientras navega por las páginas de MySpace o no le permite arriesgarse, tal y como usted hacía a su misma edad; o quizá comprueba que se ha quedado dormido en el coche de camino a una de sus actividades extraescolares o a lo mejor le recita palabra por palabra lo que ha hecho mal.

El primer paso para relajarse sería dejar de lado el perfeccionismo. No hay una receta mágica para ser padres. La ansiedad y las dudas son una parte natural de la educación y no una señal para comenzar a controlarles al milímetro incluso con más firmeza. La infancia no es una carrera que sólo pueden ganar los mejores, los niños alfa. Cada niño es diferente. Observe a las personas de su entorno social que más admira: comprobará que han seguido varios caminos hasta llegar a ser adultos. Muchos de ellos probablemente hayan madurado tarde. Y la mayoría han prosperado en la vida gracias a no haber sido controlados al milímetro desde su nacimiento.

Aun así, una menor atención no es siempre la mejor solución. Tenemos que actuar con mano dura si queremos proteger a nuestros hijos del consumismo. Por eso, muchos padres de todo el mundo han emprendido una campaña para impedir a las empresas poner anuncios publicitarios en los colegios. Hay también una reacción contra la tendencia a celebrar fiestas de cumpleaños por todo lo alto. Son numerosos los padres que están poniendo límite al importe de los regalos e incluso eliminándolos por completo. Otros acuerdan con los invitados un importe máximo. En otras palabras, los padres están aprendiendo de nuevo el arte olvidado de decir "no".

hay muchos niños hoy día que realmente necesitan escuchar con más frecuencia la palabra "no". Aunque, al mismo tiempo que invertimos tiempo, dinero y energía en ayudar a nuestros chicos a tener un currículo impecable, tendemos a titubear cuando se trata de impartir disciplina. Parece más fácil decir sí a jugar una hora más con la Nintendo o a que dejen su cuarto desordenado. Pero los niños necesitan disciplina y firmeza de vez en cuando. Los límites les ayudan a sentirse seguros y a estar preparados para la vida en un mundo construido a base de compromisos y reglas. A veces, los niños necesitan que les digamos "no".

El resultado final es que cuando se trata de la educación de un hijo, tenemos que aprender cuándo hacer más y cuándo hacer menos, cuándo ser blandos o cuándo ser duros. Por desgracia, los padres no podemos comprar o alquilar esa sabiduría: nos sale de dentro. Conocemos a nuestros hijos como nadie, lo que significa que lo mejor para un padre es confiar en nuestros instintos. Escribí Bajo presión para dar a los lectores confianza para poner límites a la presión social y a los mensajes confusos de la industria publicitaria y de los medios de comunicación a fin de encontrar el equilibrio que mejor convenga a su familia.

En cuanto a mí, bueno, me siento mejor porque logré encontrar ese equilibrio. Hace poco, mi hijo me dijo que tenía intención de matricularse en un centro para dar clases de dibujo. Conseguí mostrar mi satisfacción sin decir "te lo dije". Es su decisión y sé que tiene que ser así. Sólo espero recordar aquella lección cuando vaya a organizar su primera exposición.

Traducción de Virginia Solans. 'Bajo presión', el último libro de Carl Honoré, editado por RBA, está ya a la venta.

via: el pais semanal