jueves, 19 de febrero de 2009

SÓLO UN SUEÑO (REVOLUTIONARY ROAD)


SÓLO UN SUEÑO (REVOLUTIONARY ROAD)
Luis García Orso

Leonardo DiCaprio y Kate Winslet, la pareja idealizada en la empalagosa y triunfadora historia del Titanic, vuelve a reunirse once años después, ahora como un matrimonio común norteamericano de 1955 que pretende sacar adelante sus ilusiones y sólo conseguirá exhibir sus más amargas frustraciones y sucumbir a otro naufragio, mucho más real y sin la menor pizca de sensiblería tramposa. Sólo la frustración que genera una sociedad –y así toda familia y toda persona- cimentada en el egoísmo y en la vacuidad.

Frank y April Wheeler se conocen poco después de terminar la Segunda Guerra Mundial, se enamoran a la primera y se casan. Guapos, jóvenes y con talento, se diría que componen el matrimonio perfecto. Son “gente especial” que se merece una linda casa en Revolutionary Road, no en las calles para gente común y corriente. Pero diez años después, y a pesar de que tienen dos hijos preciosos, su relación se ha anquilosado y se viene abajo. Ella ha conocido el fracaso de su carrera como actriz, y quedarse sólo en el hogar no la hace feliz; él tiene un trabajo gris de oficinista en el piso 15, con pocos alicientes, imitación de los veinte años que su padre trabajó en la misma empresa. La felicidad perfecta que debía embargarles, el sueño americano hecho realidad, no existe. ¿Qué hacer para volver a ilusionarse?

Adaptación de la novela homónima de Richard Yates, profesor universitario y guionista en Hollywood en los 60, Revolutionary Road se trató de filmar en aquella época y nadie se atrevió a producirla: les confrontaba y agredía demasiado. Se trata de una crónica del desamor, una mirada tremendamente pesimista a los Estados Unidos de los años 50 – pero que sigue tan actual- donde tras la fachada de una vida ideal se ocultan la frustración, el vacío, la desesperación paralizante. Historia desoladora en que unos personajes ahogados en la rutina y en su egoísmo no saben amar ni evolucionar hacia ninguna parte, como reflejo y protagonistas de una sociedad occidental enferma, que seduce con el engaño de la comodidad y la prosperidad, y deja en la infelicidad y en un “vacío desesperanzado”. Paradójicamente, un joven enfermo mental se convierte en el profeta que de pronto aparece para sacar a luz la verdad de lo que se vive.

Sam Mendes toma un guión perfecto y dirige con maestría una tragedia sin dejar espacio a la catarsis y a la complacencia, dejando que los personajes evolucionen desde su realidad y con todas sus amargas consecuencias. La temática nos conecta con la mejor tradición dramática de ¿Quién teme a Virginia Woolf? (Mike Nichols, 1966), Gente como uno (Ordinary People, Robert Redford, 1980), y Belleza Americana (Sam Mendes, 1999). Leonardo DiCaprio y Kate Winslet dan su mejor actuación hasta ahora, y la narrativa luce además con una acertada iluminación de colores pastel deslavados y con la sobria música de Newman.



En el espléndido final de la historia, cuando nuevamente la simbólica mujer vendedora de apariencias dice que ha encontrado al mejor matrimonio de “gente bonita y triunfadora” para habitar una casa en Revolutionary Road, ya sabemos –tristemente- que es tiempo de apagar el sonido y dejar que la mujer siga hablando sola. Al cabo, todo es sólo un sueño… tan amargo como mentiroso.

Luis García Orso
México, Febrero16 de 2009

viernes, 13 de febrero de 2009

Feliz dia del AMOR y la amistad



Complicaciones de volar un puente.



El arte tiende a ser una actividad solitaria: el pintor en su taller (con modelos desnudas, de preferencia, claro está), el escritor frente a su pluma de ganso, su Olivetti o su PC... Pero el cine, al revés, implica crear arte en colectivo. Algunas películas podrán haber sido creadas con escasez de medios, pero aún así requiere la cooperación de muchos técnicos en varios rubros distintos. Desgraciadamente, entre poner de acuerdo a tanta gente para hacer tal o cual cosa, suelen ocurrir accidentes. Uno de los costosos, ocurrió en la filmación de "El bueno, el malo y el feo", el clásico Spaghetti Western protagonizado por Clint Eastwood.

A pesar de ser largamente sindicada como italiana por ser un Spaghetti Western, por estar Sergio Leone de director, y por tener soundtrack de Ennio Morricone, lo cierto es que "El bueno, el malo y el feo" fue una coproducción entre capitales italianos, alemanes y españoles. Así es como el equipo productor arribó a España para rodar. Quienes hayan visto la peli recordarán que parte importante de la trama transcurre alrededor de las peripecias de los protas para volar un puente, en medio de la Guerra Civil de Estados Unidos (sí, un director italiano con capitales alemanes rueda en España una escena de yankis contra sudistas... ¡misterios del cine!). Para la escena, los esforzados ingenieros militares españoles levantaron todo un puente, simplemente para volarlo después. Como siempre las escenas que implican dinamitar cosas (automóviles, puentes, lo que sea) tienden a ser monetariamente costosas, sólo cabe hacer una sola toma, o los costos se encarecen astronómicamente, de manera que se pusieron todos de acuerdo para que saliera a la primera y sin error. La señal era que Sergio Leone diría "Vai!" ("¡Vamos!"), por un walkie-talkie, y entonces el capitán de los ingenieros militares que habían construido el puente, tendría el honor de presionar el detonador y volarlo a dinamitazo limpio.

El problema es que de pronto, por el mismo canal de walkie-talkie, un cualquiera del equipo técnico de la película le dijo a otro cualquiera "Vai! Vai!", refiriéndose a otro asuntillo completamente distinto. El capitán, con obediencia militar, creyó que Sergio Leone estaba dando la señal, y pulsó el detonador. El puente fue volado, y no había ninguna cámara rodando. Suerte hubo que tampoco había nadie ni en el puente ni en sus cercanías, así es que no hubo lesionados ni muertos que lamentar. Sergio Leone, furioso por supuesto, despidió al sujeto en cuestión. Pero el capitán, avergonzado en su honor militar, se comprometió a reconstruir por completo otra vez el mismo puente, mientras Sergio Leone rodaba otras escenas. La única condición que puso, es que el pobre desgraciado que había dado origen al problema fuera recontratado, a lo que Leone accedió. De esta manera el técnico volvió al set, Leone grabó otras escenas, el puente fue reconstruido... Y fue volado por segunda vez, ahora sí con todas las de la ley, con cámaras grabando la detonación.

Fabulas de policias y ladrones....

miércoles, 11 de febrero de 2009

Es mejor......


"Es mejor saber después de haber pensado y discutido que aceptar los saberes que nadie discute para no tener que pensar."
Fernando Savater

Entrevista de Carmen Aristegui a Denisse Dresser





“El discurso que casi todos quisieran decir”


Recién acabo de leer en Sentido comun el discurso de Denise Dresser en el foro “México ante la crisis” organizado por el Senado de México(Jueves 29 de Enero).

Y tienen razón los de Reporte Índigo al titularlo “El discurso que casi todos quisieran decir”, al menos yo si lo quisiera, sobre todo porque tuvo la valentía y desfachatez de decirlo frente α la los principales imputados en su discurso, así con nombres y apellidos.

Α menos que me equivoque, eso espero, me extraña sobremanera que no lo hayan reproducido todos los medios de comunicación, aunque pensándolo bien, no resulta tan extraño, al fin y al cabo los medios de comunicación se llevan su parte en el discurso.

Mención aparte merece el hecho de que ni Manlio Fabio Beltrones ni Carlos Navarrete se atrevieron a aplaudir de pie como el resto de la concurrencia.

Así que no me quiero quedar con las ganas de ayudar a compartir este excelente discurso, cuyo texto integro se reproduce a continuación.

¡Gracias Denise!

Tres vídeos y al final el texto completo
primera parte

segunda parte

tercera parte


texto original:

Intervención de la doctora Denise Dresser, durante el Foro “México ante la Crisis, ¿Qué hacer para crecer?”

El moderador Rolando Cordera Campos: Gracias licenciado Aguilar Borrego. Vamos a escuchar ahora a la doctora Denise Dresser, del Instituto Tecnológico Autónomo de México.

La doctora del Instituto Tecnológico Autónomo de México, Denise Dresser:

Gracias. Es un gran placer estar aquí como académica, como ciudadana, como mujer, lamentablemente la única invitada a este foro.

México es un país privilegiado. Tiene una ubicación geográfica extraordinaria y cuenta con grandes riquezas naturales. Está poblado por millones de personas talentosas y trabajadoras. Pero a pesar de ello la pregunta perenne sigue siendo: ¿Por qué no crecemos a la velocidad que podríamos y deberíamos? ¿Por qué seguimos discutiendo este tema año tras año, foro tras foro?

Aventuro algunas respuestas y les pediría que me acompañaran en un ejercicio intelectual recordando aquel famoso libro de madame Calderón de la Barca, llamado La vida en México, escrito en el siglo XVII, en el cual intenta describir las principales características del país.

Si madame Calderón de la Barca escribiera su famoso libro hoy, tendría que cambiarle el título a Oligopolilandia, porque desde el primer momento en el que pisara el país se enfrentaría a los síntomas de una economía política disfuncional que la crisis tan sólo agrava.

Aterrizaría en uno de los aeropuertos más caros del mundo, se vería asediada por maleteros que controlan el servicio, tomaría un taxi de una compañía que se ha autodecretado un aumento del 30 por ciento, ante el pasmo de las autoridades y si tuviera que cargar gasolina, podría hacerlo tan sólo en Pemex.

En el hotel habría 75 por ciento de probabilidades de que consumiera una tortilla vendida por un solo distribuidor; y si se enfermara del estómago y necesitara ir a una farmacia descubriría que las medicinas ahí cuestan más que en muchas partes del mundo. Y si le hablara a su esposo de larga distancia para quejarse de la situación pagaría entre las tarifas más elevadas de la OCDE. Y si prendiera la televisión para distraerse ante el mal rato, descubriría que sólo existen dos cadenas.

Para entender la situación en la que se encuentra tendría que recordar lo que dijo Guillermo Ortiz hace unos días: “no hemos creado las condiciones para que los recursos se usen de manera eficiente”, o tendría que leer el libro Good Capitalism, Bad Capitalism, que explica por qué algunos países prosperan y otros se estancan; por qué algunos promueven la equidad y otros no logran hacerlo.

La respuesta se halla en la mezcla correcta de Estado y mercado; de regulación e innovación. Y hoy México es un ejemplo clásico de lo que el premio Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz, llama “una mala encarnación del capitalismo”, el capitalismo de cuate, honey capitalism, el capitalismo de cómplices, el capitalismo que no se basa en la competencia o en la innovación, sino en su obstaculización.

Ese andamiaje de privilegios y de posiciones dominantes y nudos sindicales en sectores cruciales para el desarrollo de cualquier país, y México no es la excepción.

¿Cuáles son esos sectores? Telecomunicaciones, servicios financieros, transporte, energía. Nudos que aprisionan a la economía y la vuelven ineficiente. Una mezcla de capitalismo de Estado y capitalismo oligárquico.

Hoy México, inmerso en esta crisis, está aún lejos de acceder a ese capitalismo exitoso, dinámico, democrático, donde el Estado no protege privilegios, no defiende cotos, no elige ganadores, no permite la perpetuación de un pequeño grupo de oligarcas con el poder de vetar las reformas que los perjudican. Ese capitalismo abierto donde las autoridades crean condiciones para los mercados abiertos, competitivos, innovadores que proveen mejores productos a precios más baratos para los consumidores, para los ciudadanos.

Y hoy México, lamentablemente, carga con los resultados de esfuerzos fallidos por modernizar esta economía durante los últimos 20 años. Las reformas de los ochenta y noventa entrañaron la privatización, la liberalización comercial, pero esas reformas no produjeron una economía dinámica de mercado, con regulación gubernamental eficaz, capaz de crear mercados funcionales y competitivos, porque en vez de transparencia y reglas claras prevaleció la discrecionalidad entre los empresarios que se beneficiaron de las privatizaciones y los funcionarios del gobierno encargados de regularlos.

Las declaraciones de Agustín Carstens, el martes pasado, en torno a la necesidad de combatir los monopolios en telefonía son bienvenidas. Lamentablemente se dan 18 años tarde y ahí están los resultados: una economía que no crece lo suficiente; una elite empresarial que no compite lo suficiente, un modelo económico que concentra la riqueza y distribuye mal la que hay.

México está atrapado por una red intrincada de privilegios y vetos empresariales y posiciones dominantes que inhiben un terreno más nivelado de juego. Una red que opera a base de favores y concesiones y protección regulatoria que el gobierno ofrece y los miembros de la cúpula empresarial de este país exigen para invertir.

¿Quién? Alguien como el dueño de una distribuidora de maíz o el concesionario de una carretera privada o el comprador de un banco rescatado por el Fobaproa o el principal accionista de Telmex o el operador de un Afore.

Estos actores capturan rentas a través de la explotación o la manipulación del entorno económico en vez de generar ganancias legítimas a través de la innovación y la creación de riqueza.

Y los consumidores, los ciudadanos de México contribuyen a la fortuna de los rentistas cada vez que pagan la cuenta telefónica, la conexión a Internet, la cuota en la carretera, la tortilla a un precio fijo, la comisión de las Afore, la comisión por una tarjeta de crédito; ejemplo tras ejemplo de rentas extraídas a través de la manipulación de los mercados. Y el rentismo acentúa la desigualdad, produce costos sociales, disminuye la productividad, aumenta los costos de transacción en una economía que para competir globalmente necesita disminuirlos.

Y para extraer esas rentas, esos jugadores dominantes, han erigido altas barreras de entrada a nuevos jugadores, creando así cuellos de botella que inhiben el crecimiento de México en un mundo cada vez más globalizado, y la concentración de la riqueza y el poder económico en esos jugadores dominantes ¿en qué se traduce? En ventajas injustas, en captura regulatoria, en políticas públicas que favorecen intereses particulares. Pero, peor aún, convierte a los representantes del interés público, a muchos de los diputados y los senadores sentados aquí, en empleados de los intereses atrincherados. Convierte al gobierno en empleado de las personas más poderosas del país y lleva a las siguientes preguntas:

¿Quién gobierna en México, el Senado de la República o Ricardo Salinas Pliego, cuando logra controlar los vericuetos del proceso legislativo, como lo hizo en el tema de los corresponsales bancarios? ¿Quién gobierna en México, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes o UNEFON, la Comisión Nacional Bancaria o los bancos que se rehusan a cumplir con las obligaciones de transparencia que la ley les exige? ¿Quién gobierna en México, la Secretaría de Educación Pública o Elba Esther Gordillo, la Comisión Federal de Competencia o Carlos Slim, Pemex o Carlos Romero Deschamps, ustedes o una serie de intereses que no logran contener?

Porque ante los vacíos de autoridad y la captura regulatoria y las decisiones de política pública que benefician a una minoría, la respuesta parece obvia.

México padece lo que algunos llaman “un Estado dentro del Estado”, o lo que otros denominan “una economía sin un gobierno capaz de regularla de manera eficaz”. Eso, y no la caída en la producción petrolera es lo que condena a México al subdesempeño crónico. Y una y otra vez el debate en este país sobre cómo promover el crecimiento y cómo fomentar la inversión y cómo generar el empleo se encuentra fuera de foco.

El gobierno piensa que para lograr esos objetivos basta con tenderle la mano al sector privado, para que invierta bajo cualquier condición, y el sector privado, por su parte, piensa que es la panacea que se le permita participar; por ejemplo, en el sector petrolero.

Pero ésa es sólo una solución parcial a un problema mucho más profundo, el meollo detrás de la mediocridad económica de México se encuentra en su estructura económica y en las reglas del juego político que la apuntalan; una estructura demasiado pesada en la punta de la pirámide, una estructura oligopolizada, donde unos cuantos se dedican a la extracción de rentas, una estructura de complicidades y colusiones que el gobierno permite y del cual también se beneficia.

Y claro, muchos de los miembros del gabinete de Felipe Calderón, muchos de los presentes en este foro hablarán del crecimiento como prioridad central; pero más bien, lo perciben como variable residual, más bien parecería que busca? Y duele reconocerlo como ciudadana? asegurar un grado mínimo de avance para mantener la paz social, pero sin alterar la correlación de fuerzas existentes, sin cambiar la estructura económica de una manera fundamental.

Y el problema surge cuando ese modelo que hemos construido comienza a crear monstruos, cuando ese apoyo gubernamental, a ciertos grupos y ciertas personas produce monopolios, duopolios, oligopolios y sindicatos rapaces que ya no pueden ser controlados, cuando las criaturas del Estado, como las llama Moisés Naím, el editor de la revista Foreing Policy, amenazan con devorar a ese Estado.

Sólo así se entiende la devolución gubernamental de 550 millones de dólares a Ricardo Salinas Pliego por intereses supuestamente mal cobrados un día antes del fin del sexenio de Vicente Fox, devolución otorgada por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

Sólo así se entiende el comunicado lamentable de la SCT, hace un año, celebrando la alianza entre Telemundo y Televisa, cuando en realidad revelaba una claudicación gubernamental ante la posibilidad de una tercera cadena de televisión.

Sólo así se entiende que nadie en este país levante un dedo para sancionar a Televisión Azteca cuando viola la ley, al rehusarse a transmitir los spot del IFE o se apropia del cerro del Chiquihuite.

Sólo así se entiende la posposición ad infinitum en el Senado de la República de una nueva ley de medios para promover la competencia en el sector.

Sólo así se comprende que la reforma a Pemex deje sin tocar el asunto del sindicato.

Sólo así se entiende la posibilidad de darle entrada a Carlos Slim a la televisión sin obligarlo a cumplir con las condiciones de su concesión original, síntomas de un gobierno ineficaz, síntomas de un gobierno doblegado; con efectos cada vez más obvios y cada vez más onerosos que la crisis pone en evidencia porque no logramos reformarnos a tiempo.

Mucha riqueza, pocos beneficiarios, crecimiento estancado, país aletargado, intereses atrincherados, reformas diluidas, poca competencia, baja competitividad, poder concentrado, democracia puesta en jaque.

Un gobierno que en lugar de domesticar a las criaturas que ha creado, ahora vive aterrorizado por ellas.

¿Y cuáles son las consecuencias de este mal capitalismo mexicano, donde las élites tradicionales son fuertes, la gobernabilidad democrática es poco eficaz, los partidos políticos tienden a estar capturados, las reformas económicas tienden a ser minimalistas?

El incrementalismo de la política pública en México se explica por el poder de veto que tienen aquellos que aseguran la perpetuación de sus intereses.

Si ustedes verdaderamente quieren que México crezca, tendrán que crear la capacidad de regular y reformar en nombre del interés público. Tendrán que mandar señales inequívocas de cómo van a desactivar esos centros de veto que están bloqueando el crecimiento económico y la consolidación democrática.

¿Y de quiénes estamos hablando aquí? Tienen nombre y apellido, los monopolistas abusivos y los sindicatos rapaces, y las televisoras chantajistas, y los empresarios privilegiados y sus aliados en el gobierno.

Si ustedes verdaderamente quieren que México prospere, tendrán que tomar decisiones que desaten el dinamismo económico, que fortalezcan la capacidad regulatoria del Estado y contribuyan a crear mercados que promuevan la competencia y gracias a ellos aumenten la competitividad. En pocas palabras, usar al Estado para contener a aquellos con más poder que el gobierno, con más peso que el electorado, con más intereses que el interés público.

¿Quieren medidas específicas? Se las doy. Los exhorto a leer textos tan incluyentes como: el reporte sobre el crecimiento, el poder de la productividad. A estar conscientes de todo lo que un país interesado en crecer y competir debe hacer para lograrlo.

A saber que ellos requiere una economía capaz de producir bienes y servicios de tal manera que los trabajadores puedan ganar más y más. A entender que ello se basa en la expansión rápida del conocimiento y la innovación. En nuevas formas de hacer cosas y mejorarlas. En técnicas que aumentan la productividad de manera constante. A reconocer que las economías dinámicas suelen ser aquellas capaces de promover la competencia y reducir las barreras de entrada a nuevos jugadores. A entender que es tarea del gobierno a través de la regulación adecuada crear un entorno en el cual las empresas se vean presionadas por sus competidores para innovar y reducir precios y pasar esos beneficios a los consumidores a comprender que si eso no ocurre nadie tiene incentivos para innovar; en lugar de ser motores del crecimiento las empresas protegidas o monopólicas terminan estrangulándolo.

¿Y cómo empezar a empujar eso? Con una tercera cadena de televisión abierta, con el fomento a la competencia en banda ancha usando, por ejemplo, la red de la Comisión Federal de Electricidad.

Con el fortalecimiento de los órganos regulatorios, con sanciones a quienes violen los términos de su concesión, con la creación de mercados funcionales como el que se logró con las aerolíneas de bajo costo, con medidas que empiecen a desmantelar esos cuellos de botella y a domesticar a esas criaturas del Estado.

La respuesta, como dijo Ricardo Lagos el martes, en el fondo es política; no económica. Tiene que ver con la inauguración de un nuevo tipo de relación entre el Estado, el mercado y los ciudadanos de este país.

Porque si la clase política de México, sentada aquí en primera fila de esta foro, no logra construir los cimientos del capitalismo democrático, condenará a México al subdesempeño crónico, a ser un terreno fértil para los movimientos en contra de las instituciones, condenará al país a cojear de lado, saboteado por instituciones políticas que no logra remodelar monopolios públicos y privados, que no logra desmantelar estructuras corporativas, que no logra democratizar.

Y será lo que el presidente Felipe Calderón llama “un país de ganadores”, pero un país en el que siempre ganan los mismos, un lugar en que las grandes fortunas empresariales se construyen a base de la protección política y no de la innovación empresarial.

Un lugar en que el crecimiento económico ha sido mucho menos en la última década que en el resto de América Latina debido a esos cuellos de botella que los oligopolistas han diseñado y sus amigos en el gobierno les han permitido defender.

Un lugar en donde las penurias que la señora Calderón de la Barca enfrentó con los aeropuertos y los maleteros y los taxis y las gasolineras y la telefonía y la televisión? Entre tantos sectores más? son las mismas penurias que padecen millones de mexicanos, más.

Ese consumidor, ese ciudadano sin voz, sin alternativa, sin protección, ese hombre invisible, esa mujer sin rostro, esa persona que paga mes tras mes tarifas telefónicas más altas que casi en cualquier parte del mundo, es estudiante que paga mes tras mes una cuenta de Internet superior a la de sus contrapartes en América del Norte.

Esa compañía que paga mes con mes servicios de telecomunicaciones, que elevan sus gastos de operación y reducen sus ganancias, miles de personas con comisiones por servicios financieros que no logran entender, con cobros inusitados que nadie puede explicar, parados en la cola de los bancos, ahí varados, ahí desprotegidos, ahí sin opciones, ahí afuera, víctimas de un sistema económico disfuncional, institucionalizado por una clase política que aplaude la aprobación de reformas que no atacan el corazón del problema, presidentes y secretarios de Estado, y diputados y senadores y empresarios que celebran una y otra vez el consenso para no cambiar.

Y aunque se agradece que este foro acepte la magnitud de la crisis, si de aquí no surgen medidas concretas para mirar más allá de la coyuntura, revelará nuevamente nuestra incapacidad para encarar honestamente los problemas que México viene arrastrando desde hace décadas.

Revelará la pretensión de los sentados aquí, a proponer reformas aisladas, anunciar medidas cortoplacistas, a eludir las distorsiones del sistema económico, a instrumentar políticas públicas a pedacitos para llegar a acuerdos que tan sólo perpetúan el statu quo.

Y con esto termino. Mientras allá afuera la realidad acecha a golpes de 327 mil despedidos, crecimiento negativo, el lugar 60 de 134 en el Índice Global de Competitividad y una nación que dice reformarse mientras evita hacerlo.

México no crece por la forma en la cual se usa y se ejerce y se comparte el poder, ni más ni menos, por las reglas discrecionales y politizadas que rigen al capitalismo de cuates, por la supervivencia de las estructuras corporativas que el gobierno creó y sigue financiando, por un modelo económico que canaliza las rentas del petróleo a demasiadas clientelas, por un sistema político que funciona muy bien para sus partidos, pero muy mal para sus ciudadanos.

Un sistema de extracción sin representación, creando así un país poblado por personas obligadas a diluir la esperanza, a encoger las expectativas, a cruzar la frontera al ritmo de 400 mil personas al año en busca de la movilidad social que no encuentran en su propio país, obligados a vivir con la palma extendida, esperando la próxima dádiva del próximo político, obligados a marchar en las calles, porque piensan que nadie en el gobierno los escucha, a desconfiar de las instituciones, a presenciar la muerte común de los sueños, porque México avanza a la velocidad que podría y debería, que podría y debería.

Muchas gracias.
El moderador Rolando Cordera Campos: Gracias, doctora Dresser.

Mademoiselle en la alianza Francesa

El día de ayer, en otra noche de martes franco-cinéfilos, tuvimos la oportunidad de ver una hermosa película del realizador Phillippe Lioret; estoy hablando de, El desliz (Mademoiselle, en su titulo original) una bella aventura de romance pasajero.


Sinopsis:
Claire ( interpretada por Sandrine Bonnaire) es una bellisima agente de ventas, felizmente casada y con dos hijos. En el marco de la despedida de un colega de trabajo, asiste a una convención anual de farmacéuticos, y ahí se encuentra con Pierre, un simpático sujeto que se gana la vida junto a sus compañeros; divirtiendo a la gente con sus muy originales improvisaciones.
Un accidente hace que Claire, viaje junto a Pierre (Jacques Gamblin) y su grupo. Más tarde, Claire se da cuenta que se enamoró de Pierre... y que es correspondida. Sus dos mundos, totalmente opuestos colisionan y, durante 24 horas, son la pareja perfecta.

"El Desliz" es una pieza sencilla y directa, con una trama agradable e ingeniosa. Es inevitable para el espectador no quedarse fascinado con la hermosa sonrisa que la actriz Sandrine Bonnaire, nos regala a cada momento, además de su expresividad facial, que en cierto modo nos regala un pequeño dejo a Helent Hunt (una de mis actrices favoritas) solo que dotada de mucho mayor encanto. Destacable es también el excelente trabajo de fotografía, con tomas impecables y refrescantes para vista.

La relación entre Claire y Pierre es el clásico caso de amor a primera vista, cuando todo lo demás pasa a un segundo plano y lo único que importa es aprovechar cada segundo antes de que la realidad nos toque al hombro. filme delicado y de clara recomendación.

Nada más que decir por el momento.
¡Saludos!
via: http:templo-kaori.blogspot.com

Joseph Wright of Derby, pintor de la Revolución Industrial


Joseph Wright (3 de septiembre de 1734 - 29 de agosto de 1797), conocido como Wright of Derby (Wright de Derby) fue un pintor inglés famoso por sus pinturas de paisajes y sus retratos. Ha sido considerado el «primer pintor profesional que expresó el espíritu de la Revolución Industrial».

Nació en Irongate, Derby y era hijo de un abogado que sería más tarde secretario de la ciudad. Para convertirse en pintor viajó a Londres en 1751 para estudiar durante dos años bajo la tutela de Thomas Hudson, maestro de pintores como Joshua Reynolds. Tras realizar varios retratos en Derby consiguió un empleo durante quince meses trabajando para su antiguo maestro. Más tarde se instaló en Derby. Adquirió fama como retratista y por la producción de cuadros con fuertes claroscuros bajo condiciones de luz artificial que dotaban a sus obras de un estilo propio y fácilmente identificable.

Se casó en 1773, y a finales de ese año visitó Italia, donde permaneció hasta 1775. Estando en Nápoles fue testigo de una erupción del monte Vesubio, que fue el tema de muchas pinturas posteriores. A su regreso de Italia se estableció en Bath como retratista; pero ante la falta de estímulos regresó a Derby, donde pasó el resto de su vida.

Con frecuencia contribuyó a las exposiciones de la Sociedad de Artistas, y a las de la Royal Academy, de la que fue elegido asociado en 1781 y miembro de pleno derecho en 1784. No obstante, declinó este segundo honor debido a un desaire que creyó haber recibido, y rompió relaciones oficiales con la Academia, aunque siguió contribuyendo a las exposiciones desde 1783 hasta 1794.

Experimento con un pájaro en una bomba de aire (en inglés, An Experiment on a Bird in the Air Pump) es un óleo sobre lienzo obra de Joseph Wright de Derby, parte de una serie de escenas iluminadas con velas que Wright pintó durante los años 1760. Este cuadro se diferencia de las convenciones pictóricas previas en que representa un tema científico en la manera reverente anteriormente reservada a escenas de significado histórico o religioso. Wright trabajó sobre todo en su ciudad natal, Derby, uno de los centros de la Revolución Industrial,[1] por lo que estaba íntimamente involucrado en su representación, así como de los avances científicos de la Ilustración, pero aunque sus contemporáneos reconocían estas pinturas como algo fuera de lo normal, su estatus provinciano y la elección de temas significaron que el estilo nunca fue ampliamente imitado. El cuadro ha sido propiedad de la National Gallery desde 1863 y aún está considerado como una obra maestra del arte británico.

La pintura representa un filósofo natural, un precedente del moderno científico, recreando uno de los experimentos con bomba de aire de Robert Boyle, en el que un pájaro se ve privado de oxígeno, ante un variado grupo de espectadores. El grupo muestra una variedad de reacciones, pero en la mayor parte de ellos la curiosidad científica supera la preocupación por el pájaro. La figura central mira hacia afuera de la pintura como si invitara al espectador a que participe en el acontecimiento.

Durante su aprendizaje como pintor y primeros tiempos de su carrera, Wright se concentró en los retratos. Para el año 1762, era un completo retratista, y su retrato de grupo del año 1764 James Shuttleworth, su esposa e hija está reconocido como su primera obra maestra verdadera. Benedict Nicholson sugiere que Wright recibió la influencia de Thomas Frye; en particular por las dieciocho mediatintas tamaño busto que Frye completó justo antes de su muerte en 1762. Es quizás las imágenes a la luz de la vela de Frye lo que tentó a Wright para experimentar con piezas temáticas. El primer intento de Wright, Una joven leyendo una carta a la luz de una vela con un joven mirando por encima de su hombro de 1762 o 1763, es un atrayente acercamiento al género, pero poco complicado. La obra de Wright Experimento con un pájaro en una bomba de aire forma parte de una serie de nocturnos a la luz de la vela que produjo entre 1765 y 1768.

La primera de sus obras maestras con luz de vela, Tres personas mirando al «Gladiador» a la luz de la vela, la pintó en 1765, y mostraba a tres hombres estudiando un modelo del «Gladiador Borghese». El Gladiador era muy admirado; pero su siguiente cuadro, Un filósofo impartiendo una conferencia en el planetario, en el que se pone una lámpara en lugar del Sol (normalmente conocido con el nombre abreviado de Un filósofo dando una conferencia en el planetario o El planetario) causó sensación, pues sustituyó el tema clásico como centro de la escena con uno de naturaleza científica. La representación de Wright del asombro que producían los «milagros» científicos marcó una ruptura con tradiciones previas en las que la representación artística de semejantes maravillas estaba reservada a acontecimientos religiosos,[11] ya que para Wright las maravillas de la época tecnológica inspiraban tanto asombro como los temas de las grandes obras religiosas.[12] Una crítica anónima de la época llamó a Wright «un genio muy grande e infrecuente en una manera muy particular».[13] El planetario fue pintado sin un encargo, probablemente esperando que fuera comprado por Washington Shirley, quinto conde Ferrers, un astrónomo aficionado quien tenía un planetario propio, y con quien se quedaba Peter Perez Burdett, amigo de Wright, cuando estaba en Derbyshire. Se cree que están representados en el cuadro tanto Burdett como Ferrers, Burdett tomando notas y Ferrers sentado con su hijo cerca del planetario.[8] Ferrers compró el cuadro por £210, pero el sexto conde lo vendió en subasta, y ahora lo conserva el Museo y Galería de Arte de Derby.[14]

Detalle:

A continuación, en 1768, realizó Experimento con un pájaro en una bomba de aire, contrastando el experimento cargado de emoción con la ordenada escena de El Planetario. El cuadro, que mide 183 por 244 centímetros, muestra a una pequeña cacatúa aleteando con pánico al tiempo que el aire es lentamente sustraído del recipiente de vacío por la bomba. Los testigos muestran diversas emociones: las niñas aparecen asustadas, una de ellas mira con preocupación el destino del pájaro, mientras que la otra está demasiado triste para para observar, se tapa los ojos con la mano y es reconfortada por su padre; un caballero mide el tiempo del experimento, desapasionadamente, y a su lado un chico mira con interés; otro caballero, a la derecha del cuadro, muestra una actitud pensativa, mientras que los jóvenes novios de la izquierda del cuadro están ocupados sólo el uno del otro, tan absortos en su asunto amoroso que no atienden al experimento. El científico mira directamente fuera del cuadro, como si desafiara al espectador a juzgar si debe continuar la extracción de aire, matando al pájaro, o si el aire debe ser repuesto y la cacatúa salvada. Salvo por parte de los niños, se muestra muy poca simpatía hacia el pájaro; David Solkin sugiere que los personajes del cuadro muestran la desapasionada indiferencia de la naciente sociedad científica. Los individuos están preocupados uno por el otro: el padre por sus niñas, el joven por la muchacha, pero la angustia de la cacatúa sólo provoca un estudio cuidadoso.

A un lado del chico al fondo, la jaula vacía de la cacatúa puede verse sobre la pared, y para enfatizar más el drama no está claro si el chico está bajando la jaula con la polea para permitir que el pájaro vuelva a ella después del experimento o subiendo la jaula otra vez estando seguro de la muerte de su ocupante. También se ha sugerido que podría estar corriendo las cortinas para bloquear la luz de la luna llena. O podría estar retirando las cortinas para dejar entrar la luz de la luna llena. Jenny Uglow cree que el niño refleja la figura en el último grabado de William Hogarth Las cuatro etapas de la crueldad al señalar la arrogancia y crueldad potencial del experimento, mientras que David Fraser también ve las similitudes de composición con el público agrupado alrededor de una demostración central. La postura neutral del personaje central y las ambiguas intenciones del niño de la jaula fueron ambas ideas tardías: un primer estudio, descubierto en la parte posterior de un autorretrato, omite al niño y muestra al filósofo de la naturaleza consolando a las niñas. En este esbozo es obvio que el pájaro sobrevivirá, y de esta manera a la composición le falta la fuerza de la versión final.


La cacatúa debía ser rara en aquella época, pues es un pájaro no bien conocido hasta más tarde cuando fue mostrado en las ilustraciones de los viajes del capitán Cook en los años 1770. Antes del viaje de Cook, se habían importado estos pájaros en pequeño número para decorar las casas de ricos empresarios industriales. Wright había pintado una cacatúa en 1762 en casa de William Chase, representándolo tanto en su retrato de Chase y su esposa (El señor y la señora Chase) como en un estudio separado, El Loro. Al seleccionar un pájaro tan raro para este sacrificio científico, Wright no sólo escogió un sujeto más dramático que el lungs-glass, sino que quizás estaba prestando una declaración sobre los valores de la sociedad en la época de la Ilustración.

Sobre la mesa hay otras piezas de equipo que el filósofo de la naturaleza habría usado durante su demostración: un termómetro, un apagavelas y un corcho, y cerca del hombre sentado a la derecha hay un par de hemisferios de Magdeburgo, que podrían haberse usado con la bomba de aire para demostrar la diferencia en presión ejercida por el aire y un vacío: cuando el aire fue sacado de entre los dos hemisferios era imposible separarlos. La bomba de aire en sí está representada con gran detalle, un fiel documento de los diseños usuales en la época. Lo que parece ser un cráneo humano en un gran bol de cristal lleno de líquido no sería una pieza normal en el equipo; William Schupbach sugiere que tanto el cráneo como la vela, que presumiblemente está iluminando el bol desde atrás, forman una vanitas—los dos símbolos de mortalidad reflejarían la lucha de la cacatúa por la vida.