martes, 5 de abril de 2011

Pecado de omisión

Pecado de omisión
[Cuento. Texto completo]
Ana María Matute
A los trece años se le murió la madre, que era lo último que le quedaba. Al quedar huérfano ya hacía lo menos tres años que no acudía a la escuela, pues tenía que buscarse el jornal de un lado para otro. Su único pariente era un primo de su madre, llamado Emeterio Ruiz Heredia. Emeterio era el alcalde y tenía una casa de dos pisos asomada a la plaza del pueblo, redonda y rojiza bajo el sol de agosto. Emeterio tenía doscientas cabezas de ganado paciendo por las laderas de Sagrado, y una hija moza, bordeando los veinte, morena, robusta, riente y algo necia. Su mujer, flaca y dura como un chopo, no era de buena lengua y sabía mandar. Emeterio Ruiz no se llevaba bien con aquel primo lejano, y a su viuda, por cumplir, la ayudó buscándole jornales extraordinarios. Luego, al chico, aunque le recogió una vez huérfano, sin herencia ni oficio, no le miró a derechas, y como él los de su casa.

La primera noche que Lope durmió en casa de Emeterio, lo hizo debajo del granero. Se le dio cena y un vaso de vino. Al otro día, mientras Emeterio se metía la camisa dentro del pantalón, apenas apuntando el sol en el canto de los gallos, le llamó por el hueco de la escalera, espantando a las gallinas que dormían entre los huecos:

-¡Lope!

Lope bajó descalzo, con los ojos pegados de legañas. Estaba poco crecido para sus trece años y tenía la cabeza grande, rapada.

-Te vas de pastor a Sagrado.
Lope buscó las botas y se las calzó. En la cocina, Francisca, la hija, había calentado patatas con pimentón. Lope las engulló deprisa, con la cuchara de aluminio goteando a cada bocado.

-Tú ya conoces el oficio. Creo que anduviste una primavera por las lomas de Santa Áurea, con las cabras de Aurelio Bernal.

-Sí, señor.

-No irás solo. Por allí anda Roque el Mediano. Iréis juntos.

-Sí, señor.

Francisca le metió una hogaza en el zurrón, un cuartillo de aluminio, sebo de cabra y cecina.

-Andando -dijo Emeterio Ruiz Heredia.

Lope le miró. Lope tenía los ojos negros y redondos, brillantes.

-¿Qué miras? ¡Arreando!

Lope salió, zurrón al hombro. Antes, recogió el cayado, grueso y brillante por el uso, que guardaba, como un perro, apoyado en la pared.

Cuando iba ya trepando por la loma de Sagrado, lo vio don Lorenzo, el maestro. A la tarde, en la taberna, don Lorenzo fumó un cigarrillo junto a Emeterio, que fue a echarse una copa de anís.

-He visto a Lope -dijo-. Subía para Sagrado. Lástima de chico.

-Sí -dijo Emeterio, limpiándose los labios con el dorso de la mano-. Va de pastor. Ya sabe: hay que ganarse el currusco. La vida está mala. El «esgraciado» del Pericote no le dejó ni una tapia en que apoyarse y reventar.

-Lo malo -dijo don Lorenzo, rascándose la oreja con su uña larga y amarillenta- es que el chico vale. Si tuviera medios podría sacarse partido de él. Es listo. Muy listo. En la escuela...

Emeterio le cortó, con la mano frente a los ojos:

-¡Bueno, bueno! Yo no digo que no. Pero hay que ganarse el currusco. La vida está peor cada día que pasa.
Pidió otra de anís. El maestro dijo que sí, con la cabeza. Lope llegó a Sagrado, y voceando encontró a Roque el Mediano. Roque era algo retrasado y hacía unos quince años que pastoreaba para Emeterio. Tendría cerca de cincuenta años y no hablaba casi nunca. Durmieron en el mismo chozo de barro, bajo los robles, aprovechando el abrazo de las raíces. En el chozo sólo cabían echados y tenía que entrar a gatas, medio arrastrándose. Pero se estaba fresco en el verano y bastante abrigado en el invierno.

El verano pasó. Luego el otoño y el invierno. Los pastores no bajaban al pueblo, excepto el día de la fiesta. Cada quince días un zagal les subía la «collera»: pan, cecina, sebo, ajos. A veces, una bota de vino. Las cumbres de Sagrado eran hermosas, de un azul profundo, terrible, ciego. El sol, alto y redondo, como una pupila impertérrita, reinaba allí. En la neblina del amanecer, cuando aún no se oía el zumbar de las moscas ni crujido alguno, Lope solía despertar, con la techumbre de barro encima de los ojos. Se quedaba quieto un rato, sintiendo en el costado el cuerpo de Roque el Mediano, como un bulto alentante. Luego, arrastrándose, salía para el cerradero. En el cielo, cruzados, como estrellas fugitivas, los gritos se perdían, inútiles y grandes. Sabía Dios hacia qué parte caerían. Como las piedras. Como los años. Un año, dos, cinco.

Cinco años más tarde, una vez, Emeterio le mandó llamar, por el zagal. Hizo reconocer a Lope por el médico, y vio que estaba sano y fuerte, crecido como un árbol.

-¡Vaya roble! -dijo el médico, que era nuevo. Lope enrojeció y no supo qué contestar.

Francisca se había casado y tenía tres hijos pequeños, que jugaban en el portal de la plaza. Un perro se le acercó, con la lengua colgando. Tal vez le recordaba. Entonces vio a Manuel Enríquez, el compañero de la escuela que siempre le iba a la zaga. Manuel vestía un traje gris y llevaba corbata. Pasó a su lado y les saludó con la mano.

Francisca comentó:

-Buena carrera, ése. Su padre lo mandó estudiar y ya va para abogado.

Al llegar a la fuente volvió a encontrarlo. De pronto, quiso llamarle. Pero se le quedó el grito detenido, como una bola, en la garganta.

-¡Eh! -dijo solamente. O algo parecido.

Manuel se volvió a mirarle, y le conoció. Parecía mentira: le conoció. Sonreía.

-¡Lope! ¡Hombre, Lope...!

¿Quién podía entender lo que decía? ¡Qué acento tan extraño tienen los hombres, qué raras palabras salen por los oscuros agujeros de sus bocas! Una sangre espesa iba llenándole las venas, mientras oía a Manuel Enríquez.

Manuel abrió una cajita plana, de color de plata, con los cigarrillos más blancos, más perfectos que vio en su vida. Manuel se la tendió, sonriendo.

Lope avanzó su mano. Entonces se dio cuenta de que era áspera, gruesa. Como un trozo de cecina. Los dedos no tenían flexibilidad, no hacían el juego. Qué rara mano la de aquel otro: una mano fina, con dedos como gusanos grandes, ágiles, blancos, flexibles. Qué mano aquélla, de color de cera, con las uñas brillantes, pulidas. Qué mano extraña: ni las mujeres la tenían igual. La mano de Lope rebuscó, torpe. Al fin, cogió el cigarrillo, blanco y frágil, extraño, en sus dedos amazacotados: inútil, absurdo, en sus dedos. La sangre de Lope se le detuvo entre las cejas. Tenían una bola de sangre agolpada, quieta, fermentando entre las cejas. Aplastó el cigarrillo con los dedos y se dio media vuelta. No podía detenerse, ni ante la sorpresa de Manuelito, que seguía llamándole:

-¡Lope! ¡Lope!

Emeterio estaba sentado en el porche, en mangas de camisa, mirando a sus nietos. Sonreía viendo a su nieto mayor, y descansando de la labor, con la bota de vino al alcance de la mano. Lope fue directo a Emeterio y vio sus ojos interrogantes y grises.

-Anda, muchacho, vuelve a Sagrado, que ya es hora...

En la plaza había una piedra cuadrada, rojiza. Una de esas piedras grandes como melones que los muchachos transportan desde alguna pared derruida. Lentamente, Lope la cogió entre sus manos. Emeterio le miraba, reposado, con una leve curiosidad. Tenía la mano derecha metida entre la faja y el estómago. Ni siquiera le dio tiempo de sacarla: el golpe sordo, el salpicar de su propia sangre en el pecho, la muerte y la sorpresa, como dos hermanas, subieron hasta él así, sin más.

Cuando se lo llevaron esposado, Lope lloraba. Y cuando las mujeres, aullando como lobas, le querían pegar e iban tras él con los mantos alzados sobre las cabezas, en señal de indignación, «Dios mío, él, que le había recogido. Dios mío, él, que le hizo hombre. Dios mío, se habría muerto de hambre si él no lo recoge...», Lope sólo lloraba y decía:

-Sí, sí, sí...
FIN

domingo, 27 de marzo de 2011

visitas imprescindibles en la ajetreada y fascinante Estambul

Quedan nueve meses de este año, es momento de decidir las vacaciones anuales, Estambul es una de las ciudades que me han gustado mucho conocer atra vez de la literatura, hoy encontré este articulo que creo me serà útil





Misterios del Bósforo

Ocho visitas imprescindibles en la ajetreada y fascinante Estambul
EZEQUIEL MOLTÓ - 26/03/2011


Estambul, "tan incontrolablemente variada, tan anárquica, tan extrañamente diferente de las ciudades occidentales". Orhan Pamuk, el escritor y premio Nobel de Literatura, ha retratado su ciudad en seis novelas y en un libro de memorias titulado Estambul, ciudad y recuerdos. Un volumen que puede ser un espléndido acompañamiento durante un recorrido por esa urbe en la que se combina la melancolía local, el hüzün, con una vibración urbana arrebatadora, como la de los días festivos en el puente de Gálata, cuando un hervidero de hombres pacientes lanzan el anzuelo de sus cañas para pescar. Es una tradición que pasa de padres a hijos. Bajo el puente, los camareros de los restaurantes y bares compiten para captar clientes. Una vez cruzado el viaducto, nos dirigimos hacia la torre de Gálata, a lo alto de una colina que domina Estambul. Es un buen lugar para comenzar la visita. O para contemplar el atardecer sobre las cúpulas de la mezquita.


01 Santa Sofía

La basílica de Aya Sofya Müzesi ya no tiene andamios. Después de que, durante años, las labores de rehabilitación y limpieza ocultasen gran parte de las paredes del templo, podemos volver a contemplar el mejor símbolo del imperio bizantino. Durante 10 siglos fue el monumento más importante del cristianismo (las obras de San Pedro de Roma no comenzaron hasta el siglo XV). El edificio se inauguró en el año 537; en su construcción trabajaron más de 10.000 obreros durante 5 años, 10 meses y 10 días a las órdenes de un centenar de arquitectos. Su logro más importante fue la cúpula de 32 metros de diámetro a 56 metros del suelo, que descansa sobre cuatro pilares. Para su construcción, a las órdenes de Justiniano, se saquearon muchos monumentos paganos de Europa y Asia, como el gimnasio de Éfeso o algunos templos de Atenas y Delfos. En su inauguración, el emperador dijo aquella frase célebre: "Oh, Salomón, te he superado". El 29 de mayo de 1453, tras la toma de Constantinopla, el sultán Mehmet II hizo pronunciar el sermón que convirtió la basílica en mezquita; los mosaicos bizantinos fueron cubiertos de yeso; se colgaron unos grandes medallones (7,5 metros de diámetro) con los nombres de Alá, Mahoma y los cuatro primeros califas; se pintaron versos del Corán y se instaló el ábside del sultán. Hasta 1935 se usó como mezquita; después Atatürk transformó el edificio en museo.

02 Solimán

La mezquita de Solimán impresiona por sus tonalidades azules, salmón y naranja. Construida entre 1550 y 1557, es la segunda más grande de la ciudad. Muy cerca se encuentran también las mezquitas de Kilisie y Kalender. En Estambul hay más de 300 mezquitas abiertas a la visita de los turistas, que deberán descalzarse y, si coinciden con la oración, quedar en un espacio reservado para ellos.

03 El Bósforo

Las orillas del Cuerno de Oro están jalonadas de numerosos palacios que construyeron los otomanos y las ricas familias que residían aquí durante el verano. El estrecho del Bósforo se extiende desde el mar de Mármara hasta el mar Negro, unos 30 kilómetros. El paseo en barco descubrirá las fortalezas de Rumeli Kavagi y Anadolu Kavagi, centinelas del estrecho. Una vez en tierra, vale la pena escaparse para visitar el Café de Pierre Loti. Debe su nombre a un oficial de la Marina, un escritor y viajero que nació en 1850 y falleció en 1923. El lugar destaca por sus vistas al Bósforo y por el cementerio musulmán que lo rodea.

04 San Salvador en Chora

La iglesia de San Salvador en Chora (Kariye Müzesi), construida sobre una colina, fue transformada en mezquita por el gran visir Beyazit II. Es el edificio más antiguo, nadie puede confirmar la fecha de los primeros restos. En el siglo XVIII, el humanista Teodoro Metoquites encargó unos murales con fondo de oro que son una de las joyas del arte bizantino.

05 Bazares

Desde el siglo XV se vende y se compra de todo en el Gran Bazar (Kapali Çarsi): joyas, ropa, regalos... Las tiendas están agrupadas por gremios; todas las corseterías o los puestos de alfombras están juntos. En total, unos 4.000 se esparcen por una superficie de 200.000 metros cuadrados en el mercado cubierto más grande del mundo. El Bazar Egipcio o de las Especias data de 1660 y se sitúa entre dos mezquitas, la de Rüstem Pasa y la Mezquita Nueva (Yeni Cami), con sus muchas cúpulas.

06 La Mezquita Azul

La Mezquita Azul o Soltanahmet Camii fue un encargo del sultán Ahmet I; su construcción duró cerca de dos siglos y fue terminada 10 años antes que la de San Pedro en Roma. Tiene seis minaretes y su interior está decorado por más de 21.000 azulejos de loza de Iznik (Nicea) de color azul. En las inmediaciones se puede visitar el Museo de los Mosaicos (Torun Sok) y el Museo de las Artes Turcas e Islámicas (palacio de Ibrahim Pasa), ubicado junto al hipódromo, del que solo se conservan dos obeliscos y la columna Serpentina de Delfos.

07 Mil y una columnas

Imran Óktem Cad, la cisterna de las mil y una columnas, fue al parecer construida por Filoxeno, senador romano que acompañó a Constantino en el siglo IV. Se trata de la segunda cisterna más grande de la ciudad y la primera en volumen. Servía para alimentar los baños de Zeuxipo y cuenta con 221 columnas con una altura de 15 metros.
Al otro lado de la línea del tranvía se ubica la Cisterna Basílica, o palacio sumergido (Yerebatan Sarayi) como lo llaman los turcos. Es un impresionante depósito, con 80.000 metros cúbicos de capacidad, construido por Constantino y restaurado por Justiniano en 542 con el trabajo de 7.000 esclavos. La cisterna, con 336 columnas repartidas en 12 filas de 28, surtía de agua al Gran Palacio, y durante la I Guerra Mundial se podía visitar en barca; de hecho, James Bond lo hizo en la película Desde Rusia con amor.

08 Palacio de Topkapi

El palacio de Topkapi recibe cada año la visita de un millón de turistas y fue durante cuatro siglos, hasta 1855, la residencia principal de los sultanes. Se accede al palacio por la puerta imperial que conduce al patio de los Jenízaros. El harén de este palacio, con 300 habitaciones, llegó a albergar a mil mujeres, entre las que destacaban la madre del sultán y las favoritas (entre cuatro y ocho). El palacio tiene varios jardines y dependencias aisladas como si se tratara de un campamento de mármol.


fuente El Pais

Reciclado

Fernando Romero Enviado desde mi oficina móvil BlackBerry® de Telcel

sábado, 26 de marzo de 2011

Atlas de corazón

Curiosa imagen alterada
Fernando Romero Enviado desde mi oficina móvil BlackBerry® de Telcel

miércoles, 23 de marzo de 2011

Recital de voz y piano

La promoción cultural contrario a lo que se rumorea en esta ciudad es abundante sin embargo poca gente asiste esta noche la soprano y Sara Montes y el pianista Andrés Sarre ofrecieron un recital de áreas de opera y algunas piezas de otros géneros como La Milonga


Fernando Romero Enviado desde mi oficina móvil BlackBerry® de Telcel

La enorme importancia de las (pequeñas) diferencias)

Fernando Romero
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domingo, 20 de marzo de 2011

Para vivir a mi manera

Para vivir a mi manera

La canción popularizada por Frank Sinatra es, además de una balada crepuscular, una autoayuda que en tres minutos nos da las claves para vivir según nuestros propios principios.
En 1969, Frank Sinatra grabó la adaptación al inglés realizada por Paul Anka de Comme d'habitude, una canción popular francesa de la que solo quedó la melodía. Aunque el disco no fue un éxito inmediato, con el tiempo esta balada crepuscular se convirtió en la enseña del cantante y actor. El mismo Mijaíl Gorbachov, como dirigente soviético, bautizó su política de no intervencionismo en los países de la órbita comunista como la "doctrina Sinatra".
Todos sabemos gozar del lado soleado de la vida, pero la 'doctrina Sinatra' exige ser también uno mismo cuando llegan los golpes
¿Qué tiene esta pieza que ha inspirado a artistas tan dispares como Elvis Presley, Luciano Pavarotti o Sid Vicious?
Es, en esencia, una autoayuda en forma de pieza de tres minutos, ya que en su relato retrospectivo habla de tomar decisiones, de nuestra actitud frente a los éxitos y dificultades, así como del valor de seguir un camino propio.
Además de revisar el contenido de este clásico popular del siglo XX, en este artículo analizaremos en clave práctica siete momentos de la canción para que cada cual pueda vivir a su manera.
EL FINAL YA ESTÁ AQUÍ
"Lo que es capaz de matarte también puede hacerte renacer" (Boris Božic)
Cada vez que experimentamos un cambio dramático nos vemos obligados a partir de cero. Suponen momentos de gran impacto emocional, pero también son oportunidades de emprender otros rumbos que de otra manera jamás habríamos podido explorar. Algunos ejemplos de finales que llevan a nuevos principios:
• La ruptura con una pareja que no funcionaba bien crea el espacio para encontrar a alguien que sí encaje.
• Ser despedido abre la puerta a una nueva orientación profesional y a descubrir incluso la verdadera vocación.
• Un accidente o una larga enfermedad permite analizar nuestra vida, corregir errores y renacer con un nuevo proyecto.
En todo final está escrito el principio si estamos dispuestos a empezar de nuevo con un horizonte que sea nuestro, en lugar de uno prestado.
RECORRÍ TODOS LOS CAMINOS
"No importa lo negras que parezcan o sean las cosas. Levanta la mirada y mira las posibilidades: no dejes de verlas porque siempre están ahí" (Norman Vincent Peale)
Uno de los temas presentes en My way es la encrucijada de caminos que es la vida de todo ser humano. Hay desvíos, largos rodeos y senderos divergentes que nos obligan a tomar decisiones. Esto separa a las personas de perfil conformista de los emprendedores. El conferenciante y motivador Anthony Robbins asegura que las personas con éxito tienden a tomar decisiones con rapidez y tardan en retractarse de sus planteamientos, porque creen en ellos. A la inversa, las personas que fracasan suelen ser lentas en decidirse y cambian de opinión con frecuencia. Cada decisión en nuestra vida nos obliga a definirnos, por lo que incluso si el resultado no es el esperado, haber elegido por nosotros mismos nos lleva un paso más adelante en nuestra evolución personal.
PASOS MÁS LARGOS
"No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas" (Séneca)
Son pocas las personas que disfrutan embarcándose en proyectos aparentemente imposibles. El resto se aferran a mantenerse lo más alejadas posibles del riesgo.
El especialista en estrategia empresarial César Gutiérrez señala que tomar decisiones produce fatiga cerebral, ya que incluye estos tres procesos:
a) Considerar las diferentes opciones.
b) Sacrificar las ventajas de una a cambio de lo que nos ofrece la otra.
c) Transición de un estado mental evaluativo a otro decisorio.
Elegir es cansado, sobre todo cuando nos enfrentamos a decisiones radicales. Sin embargo, el inmovilismo acaba siendo más agotador incluso, ya que nos sume en la frustración de ver cómo se nos escapan trenes que podrían conducirnos a otros destinos.
AMIGO, LO DIRÉ SIN VUELTAS
"En caso de duda, cuenta la verdad" (Mark Twain)
Este momento de la canción nos habla de la importancia de expresar nuestro parecer ante los demás. Las personas que manifiestan abiertamente lo que piensan pueden encontrarse en un primer momento con algunas fricciones, pero a la larga evitan muchos conflictos.
Quienes tratan de agradar siempre y callan si no están de acuerdo, tendrán que soportar reacciones desproporcionadas cuando disientan. Esto es así porque el entorno de cada uno se acostumbra a un determinado nivel de sumisión. Por consiguiente, viviremos mucho más tranquilos si somos capaces de decir sin vueltas lo que pensamos y sentimos.
ME TOCÓ GANAR, TAMBIÉN PERDER
"La victoria y el fracaso son dos impostores y hay que recibirlos con idéntica serenidad y un saludable punto de desdén" (Rudyard Kipling)
Tomar decisiones y definirse a través de ellas implica estar expuesto a los vaivenes de la fortuna. Las personas proactivas fracasan a menudo, pero saben extraer de ello lecciones para volver a la carga con otras estrategias y objetivos, con lo que el balance final siempre es positivo. En cambio, los que temen perder se aferran a lo que tienen y son incapaces de salir de su zona de confort. Su inmovilidad les impedirá alcanzar nuevas metas.
SER FIEL A SÍ MISMO
"Hace falta valor para crecer y convertirte en lo que realmente eres" (E. E. Cummings)
Siguiendo el hilo de la balada, ser fiel a uno mismo es elegir nuestro propio camino según los planes y objetivos diseñados por cada uno. Sin embargo, nuestra capacidad de escribir nuestra historia a veces queda anulada por miedos o barreras que nos ponemos.
Según el psiquiatra Theodore Rubin, estos son algunos de los bloqueos más comunes para tomar decisiones:
1. Pérdida de contacto con los propios sentimientos. La persona está tan habituada a no escucharse que ya no sabe qué es lo que quiere.
2. Evitar problemas y ansiedad. Para no experimentar sufrimiento, muchos se anclan en la inacción y se resignan a ser espectadores de la vida.
3. Falta de confianza en sí mismo. Detrás de los que saltan constantemente de una alternativa a otra puede haber la convicción inconsciente de que ninguna opción suya es suficientemente buena.
4. Necesidad de agradar. A menudo evitamos tomar decisiones para huir de los conflictos o el rechazo.
5. Perfeccionismo. La creencia de que hay situaciones perfectas retrasa la toma de decisiones, a la espera de que se den unas condiciones ideales.
6. Temor a equivocarse. Este sentimiento de inseguridad se retroalimenta, limitando cada vez más nuestra capacidad de actuar.
7. Distorsión de la presión del tiempo. Pensar que no hay tiempo para cambios frena la toma de decisiones.
LO HICE TODO A MI MANERA
"Caer está permitido. Levantarse es obligatorio" (proverbio ruso)
Al trazar nuestro propio camino, están aseguradas las equivocaciones y derrotas, las pequeñas y grandes pérdidas. También los aciertos, los éxitos y las ganancias. Todo el mundo sabe gozar del lado soleado de la vida, pero la doctrina Sinatra exige no dejar de ser uno mismo cuando en lugar de parabienes nos llegan golpes. Si reaccionamos con rabia y resentimiento, culpando a terceras personas, estaremos negando que somos dueños de nuestros actos y, por tanto, abandonamos el mando de la situación.
Quien sabe vivir a su manera encontrará su propia vía para salir de la crisis. Solo así, cuando caiga "el último telón" del que habla la canción de Paul Anka estaremos satisfechos con la obra de nuestra vida.
 Fuente www.elpais.com

martes, 15 de marzo de 2011

David Alfaro Siqueiros

David Alfaro Siqueiros
(Chihuahua, México, 1896 - Cuernavaca, id., 1974) Pintor y muralista mexicano. Activo políticamente desde muy joven, interrumpió sus estudios de arte para alistarse en el ejército de Venustiano Carranza. Al finalizar el conflicto, se trasladó a Europa para continuar sus estudios.
Tras su regreso a México en 1922 participó en la elaboración de los murales de la Escuela Nacional Preparatoria. Durante toda su vida viajó por varios países, sobre todo Estados Unidos, Rusia, Argentina y Chile, a veces por motivos profesionales y otras por motivos políticos. Estuvo dos veces en la cárcel en México, la primera en 1930 y la segunda en los años sesenta.
Siqueiros fue, junto con Rivera y Orozco, uno de los padres de la escuela muralista mexicana. Al igual que ellos, compartió su fervor por la revolución y la exaltación del pasado precolombino, siempre desde un enfoque nacionalista y marxista, que plasmó en un arte de dimensiones monumentales y gran fuerza dramática.
Buena muestra de sus frescos está expuesta en el Sindicato de Electricistas y en el Palacio de Bellas Artes de México, en la ciudad de Chillán (en Chile) y en la Chouinard School of Art de Los Ángeles. Dos de sus títulos más conocidos son Proceso al fascismo (1939) y Muerte al invasor (1940), este último dedicado a la conquista de América.

Su obra se caracteriza por el dinamismo y la movilidad compositiva, así como por una búsqueda de efectos dramáticos mediante el uso de la luz y el tratamiento escultural de las figuras y los fondos. Contiene, además, una fuerte componente didáctica, capaz de reunir pintura, escultura y arquitectura en pos de una nueva dimensión artística cuyo punto de partida es la realidad. Su anhelo por conseguir una reciprocidad entre las diferentes técnicas pictóricas y la más moderna tecnología, le llevó a crear un taller experimental de arte en
 Nueva York.