martes, 25 de septiembre de 2012

Graffiti o mural

Ayer salí después de mucho tiempo a rodar en bicicleta, decidí un recorrido corto ya que mi condición física nos es precisamente muy buena, en el camino que frecuentemente recorro en automóvil no me había dado cuenta de este hermoso paisaje pintado por algún artista callejero

domingo, 25 de marzo de 2012

Menos es mas, San Francisco 2012

Menos es mas

El tiempo pasa y nos vamos haciendo viejos dice una canción, desde hace mucho años recuerdo mi pasión por los viajes, aunque no han sido tantos como como me hubiera gustado año con año voy realizando alguno que otro viaje de esos que nutren el alma y con el pasar de los años se van recordando y volviendo a vivir.

Los viajes me nutren especialmente en momentos en que necesito vitaminas, muchas veces he recurrido a ellos en la memoria y me sorprende como poco a poco se fue logrando un ritmo.

Los primeros recorridos fueron sin duda espectaculares y medio improvisados y atrabancados, hace 25 años hice mi primer viaje por el sureste de México, aquel viaje de 7500 kms en un VW fue algo absurdo por la cantidad de lugares que visite todo me resultaba emocionante, así, conocí ruinas mayas, playas espectaculares pueblos de nombres extraños de origen maya en fin una lista grandísima de datos y experiencias nuevas en un corto periodo de 21 días que eran las vacaciones que en mi empleo tenía derecho.

En el primer viaje a Europa, en 1993, visite siete o mas países, Holanda, Inglaterra, Bélgica, Francia, Alemania, Austria, Italia y España; fueron tantas ciudades que aquello fue agotador, algunas noches la pase en los trenes, pero en ese entonces yo pensaba que no volvería a cruzar el Atlántico, la situación económica en México era muy inestable y un viaje a Europa era realmente una hazaña, al menos en mi caso, por lo tanto lo mejor era una actitud como la que se usa en un banquete, atacar que de esto no hay todos los días, pasaron los años y por suerte tuve oportunidad de regresar al viejo continente, el recuerdo de aquel primer viaje seguía presente pero la actitud era diferente, entonces opte por viajar mas lento y por tanto menos lugares, al fin me di cuenta que de cualquier manera corriendo no disfrutaba, solo acumulaba imágenes en mi cámara fotográfica y pretender conocer todo Europa en 21 días era absurdo, para mi siguiente viaje solo programe dos ciudades, la idea era disfrutarlas por una semana completa para poder repasar sus calles, sentarme tranquilamente a ver pasar a la gente ya fuera en los cafés o pasar días enteros en un solo museo; una semana en Londres y una semana en París, al siguiente año Madrid y Barcelona una semana en cada ciudad despues fue Milán y Roma y así algunos mas en los que si bien hubo mas ciudades estas eran mas pequeñas como Sevilla, Córdoba y Granada en una semana, o bien Ávila Toledo y Segovia en la madre patria.

La experiencia a sido realmente deliciosa, pasear lentamente es fantástico, este año el destino es Estados Unidos particularmente San Francisco, será mas de una semana la que pasaré en la joya de la bahía, quizá solo salga de la ciudad a pasar un día en el famoso valle de Napa y otro día en el Parque Nacional de Yosemite, los demás serán dedicados a los barrios y puntos de interés de la famosa capital del mundo hippie, desde luego no es fácil dejar de la lado otros lugares, inicialmente paso por mi mente la idea de hacer un recorrido que desde hace años tengo ganas de hacer y consiste en viajar por tren por los Estados Unidos pero al final repasando los pocos días que tengo para vacacionar este año decidí dejar para otro momento la experiencia en los trenes americanos y concentrarme en exprimir los mas posible la ciudad y pasear lentamente en tranvía, comer langosta con calma, ir al teatro, visitar el museo de arte moderno de la ciudad atravesar varias veces el Golden Gate que tantas veces he visto en el cine y la televisión visitar la antigua prisión de Alcatraz y no se que mas se va a presentar.

Menos es mas, todavía recuerdo aquel viajero americano con el que converse alguna vez en el barco por las aguas de rio Sena en París y que me contaba que a él le gusta mucho París pero que cada día regresaba a dormir la siesta al hotel y paseaba lentamente, al fin las vacaciones eran su periodo de descanso.


Fernando Romero
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domingo, 18 de marzo de 2012

"Microcosmos", de Claudio Magris | Letras Libres

"Microcosmos", de Claudio Magris

El paraíso triestino

Claudio Magris, Microcosmos, Anagrama, Barcelona, 1999, 322 pp.

Para quien entienda la crítica como una de las últimas formas sobrevivientes de alta cultura es imposible olvidar al ensayista italiano Claudio Magris. Triestino nacido en 1939, Magris pasó de ser un competente germanista a convertirse en uno de los prosistas más sugerentes del fin de siglo. Su labor de reconstrucción e invención de la llamada Mitteleuropa fue emprendida, premonitoriamente, en las vísperas de la caída del Muro de Berlín. Tras  restaurar el prestigio de Joseph Roth,  Arthur Schnitzler, Hugo von Hoffmansthal, Franz Blei, Italo Svevo o  Heimito von Doderer, hizo Magris la  tarea que compete a los grandes críticos: configurar una familia espiritual en términos contemporáneos y reunirla en un paisaje histórico.
     Con El Danubio (1986), ensayo-río, hizo del viaje fluvial una manera de componer con ideas el sitio para las  ciudades, los libros y los artistas. Pocos libros tan europeos como El Danubio, en el sentido en que esa universalidad puede ser propia de las postrimerías de la vigésima centuria. Desde Trieste, la cueva de Joyce, Magris traza estratégicamente la ruta para escapar de todos los nacionalismos. En Microcosmos, su obra más reciente, Magris insiste: "Si la identidad es el producto de un querer, es la negación de sí misma, porque es el gesto de uno que quiere ser algo que evidentemente no es y por lo tanto quiere ser distinto de sí mismo, desnaturalizarse, mestizarse."
     La admiración por Magris como  historiador de la cultura no implica  concederle la grandeza del narrador. Sus celebrados relatos breves, como Otro mar (1991) y Conjeturas sobre un sable (1992),  tienen las virtudes de la buena prosa y la arrebatadora devoción clásica junto al temperamento trágico del moderno.  Pero como le ocurre a otros críticos que hacen ficción, faltan en Magris esos  humores malignos de la sangre y del alma que distinguen al letrado talentoso del novelista de genio. Magris escribe argumentos que un Roth o un Svevo habrían desarrollado magistralmente. La nada despreciable grandeza de Magris está en dotar a sus penates bienamados de motivos de escritura que irremediablemente les será imposible realizar. Magris escribe para sus ancestros.
     No aprecio Microcosmos como "ensayo novelado", pues los fragmentos narrativos suelen ser aburridos y propicios al lugar común. A Magris le cuesta pensar fuera de la historia, y cuando se demora meticulosamente en los hombres y las bestias del Piamonte puede enternecer pero no conmover. Todo cambia cuando en este Microcosmos veladamente autobiográfico aparecen los temas capitales de Magris: los hombres desechados por la historia —los estalinistas italianos reprimidos por el mariscal Tito—, la ruptura entre el estilo y el yo —encarnada en Silvio Pellico, el viejo autor de Mis  prisiones— o la extraterritorialidad triestina que tiene en el crítico italiano a su evangelista. Siempre se coloca, como hombre de letras, en la frontera entre la cultura y la política; Magris es un vigía. Por ello, los ecos de las guerras de Croacia y Bosnia hacen de Microcosmos un testimonio  delicado y apremiante de esa barbarie que al transformar en murmullo, Magris torna insoportable.
     Hombre de ciudad y, si me apuran, uno de los escritores más ciudadanos de nuestra época, Magris enmudece frente a la naturaleza y la torna inevitablemente pintoresca. Microcosmos habla de lagunas, colinas y montañas, pero sólo cuando aparece la huella del hombre (y con él, fatalmente, de la historia), sus paisanos y pensionados cifran la condición civilizatoria que el crítico espera de cada hombre. Las páginas, tan divertidas, sobre las palomas que defecan sobre Trieste, resaltan por ser algo más que una intromisión de las aves sobre la polis.
     La claridad estilística de Magris es una forma de rigor moral. Por ello se aleja del novelista (o del cuentista, más  extraño aún a un "narrador" como él), que desea complicar la existencia y no dilatarla a través del Danubio o capturarla en tres o cuatro tópicos regionales. A cambio, la fuerza de las imágenes poéticas en Magris, al producirse, nos devuelven a su estatura de escritor. Queriendo escribir un libro sobre la sutilidad y el anonimato, Magris no resistió la tentación de invocar a Svevo. Ese error retórico salva a Microcosmos de sus limitaciones. El busto de Italo Svevo, en el Jardín Público de Trieste, está acéfalo. No hay mejor definición visual, dice Magris, del novelista de quien el crítico heredó la custodia del paraíso triestino. -



Fernando Romero
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domingo, 4 de marzo de 2012

Recommended Tours | San Francisco | CitySeekr City Guide

segunda entrega de ideas para San Francisco

San Francisco - Recommended Tours

San Francisco is a unique city of steep hills and beautiful architecture, bordered by the Muir Woods, the Bay and the Pacific Ocean. Seeing everything is possible; the city is rather small, but the terrain often poses a challenge. Be sure to have a schedule in mind, and take advantage of the convenient public transportation options.

Union Square

Union Square is a haven for shoppers: look in any direction and you will see upscale department stores. Nearby, visitors can hop onto a cable car on Powell Street, or walk up Stockton Street to the pagoda-style roofs of Chinatown. The St. Mary of the Immaculate Conception Cathedral can be found here. Explore the many shops with their inexpensive wares and souvenirs, then grab a bite at the nearby Imperial Palace.

North Beach

The Saints Peter and Paul Church is North Beach's defining feature, and its lawn is the site of many summertime picnics and pickup football games. City Lights Bookstore, a shrine of the "Beat" culture, can be found nearby. The store features a collection of literature, poetry, and avant-garde theory and criticisms, some of it published under the City Lights label, which you won't find anywhere else. The Tosca Cafe and the Caffe Trieste are former Beat hangouts that offer tasty dining options. Take note of the sign for the Beach Blanket Babylon Boulevard, and if you're in the mood for satirical sketches, stop in for a show.

Coit Tower

The climb to Coit Tower is very steep, be warned. You can stop at the Liguria Bakery for a bite before. At the top of Coit Tower, take in the spectacular panorama from Nob Hill past the Golden Gate, Alcatraz, and the East Bay. Then hop on a bus and visit Fort Mason and Ghirardelli Square.

Fisherman's Wharf

A trip to Fisherman's Wharf on the Embarcadero is on every visitor's to do list. Shop at Pier 39 and be sure to try the fresh seafood at Lou's Pier 47. Ferries embark to Alcatraz Island and Angel Island State Park from the Ferry Building Marketplace. Be sure to check out the culinary shops and restaurants while you wait for your ferry.

Yerba Buena Center

The San Francisco Museum of Modern Art is located in the area south of Market Street. The unique, temporary exhibitions here draw huge crowds. If you are in San Francisco for a convention or other event at the Moscone Center, it's just around the corner. Above the Moscone Center, whose business end is underground, is the successful Yerba Buena Center complex and Yerba Buena Gardens. The Yerba Buena Ice Skating and Bowling Center features a year round, indoor skating rink. It's a handsome and airy facility with a glass wall that faces the skyscrapers Downtown. Across Howard Street, you can see the back end of the imposing Metreon, Sony's four-story, sixteen-screen entertainment megalith.

If you're looking for an affordable way to hit all San Francisco's hotspots, try one of these tour companies.

Walking Tours

Barbary Coast Trail ( +1 415 454 2355/ http://www.barbarycoasttrail.org/ )

Alcatraz Island ( +1 415 705 5555/ http://www.nps.gov/alcatraz/ )

A San Francisco Walkabout with Gary Holloway ( +1 415 357 1848/ http://www.californiahistoricalsociety.org/programs/holloway.html )

City Guides ( +1 415 557 4266/ http://www.sfcityguides.org/ )

Heritage Walks ( +1 415 441 3000/ http://www.sfheritage.org/events+tours.html )

San Francisco Parks Trust Golden Gate Park Tours ( +1 415 750 5105/ http://www.sfpt.org/ )

Flower Power Haight-Ashbury Walking Tour ( +1 415 863 1621/ http://www.hippygourmet.com/)

S.F.African-American Historical and Cultural Society Walking Tour ( +1 415 441 0640 )

Dashiell Hammett Walking Tour ( +1 510 287 9540/ http://www.donherron.com/ )

Ultimate City Tour ( +1 415 777 2288 / +1 888 868 7788/ http://www.supersightseeing.com/ )

Boat Tours

Farallon Islands Nature Cruises ( +1 800 326 7491/ http://www.oceanicsociety.org/whale )

Blue & Gold Fleet ( +1 415 705 8200 / +1 415 705 5555/ http://www.blueandgoldfleet.com/ )

San Francisco Duck Tour ( +1 415 435 3825/ http://www.bayquackers.com/ )

Bus Tours

Mr. Toad's Tours ( +1 877 467 8623/ http://www.mrtoadstours.com/ )

Yosemite with Green Tortoise ( +1 415 956 7500/ http://www.greentortoise.com/yosemite.national.park.html )

Gray Line Tours ( +1 888 428 6937/ http://www.sanfranciscosightseeing.com/ )

Starline Tours ( 1-800-959-3131/ http://www.starlinetours.com/san-francisco-tours.asp )

Bike Tours

Bike & Roll San Francisco ( +1 415 771 8735/  http://www.bicyclerental.com/)

Kayak Tours

California Canoe & Kayak ( +1 510 893 7833/ http://www.calkayak.com/ )

Segway Tours

Segway San Francisco Electric Tour ( +1 415 474 3130 / +1 877 474 3130/ http://www.electrictourcompany.com/ )

Brewery Tours

Anchor Brewing Company ( +1 415 863 8350/ http://www.anchorbrewing.com/ )

Fire Engine Tours

San Francisco Fire Engine Tours & Adventures ( +1 415 333 7077/ http://www.fireenginetours.com/ )

Culinary Tours

Wok Wiz Chinatown Tours and Cooking Company ( +1 650 355 9657/ http://www.wokwiz.com/tours/index.html )

Ghost Tours

The Haunted Haight Walking Tour ( +1 415 863 1416/ http://www.hauntedhaight.com/)

Chinatown Ghost Tours (+1 415 793 1183/ http://www.sfchinatownghosttours.com/)






District Guide | San Francisco | CitySeekr City Guide


Las vacaciones están a la vuelta de la esquina, Semana Santa es una de mis dos temporadas vacacionales que disfruto cada año, la otra son las dos semanas finales del año, pero, esta Semana Santa he decidido ir a San Francisco, California; Los Estados Unidos país vecino lo he visitado en muchas ocasiones, hace varios años, casi diez para se exactos que no he viajado por sus ciudades, repentinamente apareció San Francisco en mis planes e impulsivamente compre mi boleto de avión esta semana,  ahora me encuentro en la investigación de los lugares de interés en la zona de la bahía,  esto es toda una aventura, a pesar de toda la vida ver imágenes en la televisión, en el cine y demás referencias es poco lo que sé sobre el entorno californiano por lo pronto aquí va algo de lo que he encontrado

ya poco a poco iré agregando algunas imágenes para el plan, por lo pronto si alguien tiene ideas y se anima escribirme me ayudaran mucho





San Francisco - District Guide

San Francisco is quite small, yet its hilly terrain and patchwork demographic profile gives it more distinctly defined neighborhoods than a city five times its size. As a result, the sights, sounds and flavors of this community—and even its climate—can change within a single block.

Castro Street & Noe Valley

The center of San Francisco's gay community and a landmark for gay culture everywhere, the Castro is full of bars, dance clubs, restaurants, and one-of-a-kind shops, located in the commercial area around 18th and Castro Street. There's arguably more street life in the Castro than anywhere else in the city, especially on weekends. The gleaming neon sign of the Castro Theater greets visitors as they make their way down the street, with its Spanish colonial architecture and various blockbuster and independent film screenings. The Sisters of Perpetual Indulgence sometimes make an appearance at special events (they're really men in nun drag) such as the Castro Street Fair, and take it from us—this is the place to be on Halloween. Trek up Castro to Liberty Street to see exceptional Victorian homes. Over the hill lies Noe Valley and its main shopping strip, 24th Street. Cute and relatively quiet, Noe Valley has enough great restaurants and gourmet food shops to make it sophisticated, but not enough many chromed-up bars and Italian clothing boutiques to make it stuffy.

Chinatown

The greatest single concentration of Chinese people outside of Asia—a population of roughly 80,000—live in the approximately 24 square blocks of Chinatown, making it the most densely populated area of San Francisco. As you walk around, you'll be richly rewarded by the sights, sounds, smells and tastes of this vibrant community. Grant Avenue is the decorative showpiece of Chinatown, each year hosting the Autumn Moon Festival Street Fair and the ever popular Chinese New Year Festival & Parade. The neighborhood is also known for its excellent Chinese dishes from freshly-prepared poultry and seafood, to the staple, Dim Sum.

Civic Center & Hayes Valley

Stately Beaux Arts buildings like the War Memorial Opera House and the domed, renovated City Hall are situated near the modern Louise M. Davies Symphony Hall and the Public Library's graceful Main Branch. The Asian Art Museum is also in the area, housed in the former Main Library building. Nearby Hayes Valley offers fine dining and apres-symphony toddies for concert-goers, as well as tastefully creative stores for clothing and gifts.

Cow Hollow & Union Street

The grand, imposing homes of Cow Hollow (so named for its original bovine residents) are nestled against the Presidio where Pacific Heights dives to the Marina. Spectacular views are the norm. Straight, single yuppies pack the Balboa Cafe, Sushi Chardonnay, and other bars and restaurants on Fillmore and Union Streets. Clothes hounds can easily fritter the day away in Union Street's many upscale and tasteful boutiques.

Downtown & Union Square

Union Square is the heart of San Francisco's bustling and stylish downtown shopping district. Posh department stores such as Neiman Marcus and Macy's ring the one-block square park. Hundreds of other exclusive stores, boutiques and shopping centers, such as the Westfield San Francisco Shopping Centre, lie within a three-block radius of the square. If you've shopped till you've dropped, pick yourself up at an outdoor cafe in tiny Maiden Lane, and restore the soul at one of the many art galleries on Sutter and Geary Streets. This is also the home of San Francisco's modest Theater District.

Financial District & The Embarcadero

"The Wall Street of the West": Bank of America, Charles Schwab, and the Transamerica Corporation (in its landmark, 48-floor Pyramid) are among the many banks and corporations headquartered here. The Embarcadero Center features dining, shopping, a fine art cinema, and a health club, while Justin Herman Plaza is the site of many New Year's Eve bashes. The Embarcadero itself fronts the Bay for miles on either side of the imposing Ferry Building Marketplace, modeled on the cathedral tower in Seville, Spain.

Fisherman's Wharf, Ghirardelli Square & Aquatic Park

This area was once the thriving center of San Francisco's fishing industry. Many fishing boats still dock at the Wharf, but Fisherman's Wharf today is more of an extended tourist trap. Pier 39 is a great place to catch a view of the bay thanks to the delightful colony of sea lions. Aquatic Park features a beach, of sorts, and a long pier spiraling out into the Bay. Old sea-dogs will enjoy adjacent Hyde Street Pier, where several historic ships are docked, along with the Maritime Museum. Ghirardelli Square, a chocolate factory turned shopping and restaurant complex, features some of the city's better dining and views. This area is nice for an evening stroll.

Golden Gate Park

With 1000 acres of gardens, meadows, lakes, golf, archery, and internationally recognized art and science museums, Golden Gate Park offers endless recreational possibilities for visitors and locals. The DeYoung Museum and the Japanese Tea Garden are some of the main attractions of the famous park, drawing millions of visitors each year. At the western edge of the park, Ocean Beach, although unappealing for swimming, attracts hard-core surfers with its rough, frigid and unpredictable waves.

Lower Haight

At once, the area around Haight and Fillmore feels more bohemian and less unsavory than the Haight Ashbury to the west. The streets are usually packed with college-age inhabitants who tote guitars and well-worn paperbacks. Ethnic restaurants like Persian Aub Zam Zam, unpretentious cafes, and independent bookstores are mushrooming in this neighborhood. The street life is lively on nights and weekends at popular haunts like Nickie's and Toronado.

Nob Hill & Russian Hill

On impossibly steep Nob Hill, California's early industrialists built fabulous mansions that looked down upon the rest of San Francisco. While only the imposing Flood Mansion remains—now the Pacific Union Club—the area's five-star hotels bear the names of other Nob Hill denizens: the Mark Hopkins, the Renaissance Stanford Court Hotel, and the Huntington. Facing Huntington Park is Grace Cathedral, a 3/4 replica of the Notre-Dame Cathedral in Paris. Adjoining Nob Hill is Russian Hill, where San Francisco's old money has a great view of the Bay. The "Crookedest Street in the World" resides here and snakes down Russian Hill for the 1000 block of Lombard Street. The traffic is generally impossible—walk it!

North Beach & Telegraph Hill

Originally settled by Italians, North Beach became a magnet for Beat Generation writers and poets in the 1950s. City Lights Bookstore and the cafes and shops on upper Grant Avenue still exude Beatnik funk. A new wave of entrepreneurial Italians has brought a sense of Roman style to exciting new restaurants along Columbus Avenue. On Broadway, barkers still pull tourists and sailors into charmingly seedy strip joints. Clapboard sea captains' cottages and mossy flower gardens seem to dangle in space from the cliffs of Telegraph Hill. Coit Tower, at 210 feet, commands a stunning panorama from the hilltop. The boardwalk Filbert Steps leads from the Tower down through the Grace Marchand Gardens to Levi's Plaza Park at the base of the hill.

Fillmore Street & Japantown

Fillmore Street, Pacific Heights' commercial spur, features noteworthy restaurants, epicurean food, and antique shops, all attended by a lively trade from young professionals. Fillmore and Geary has become a popular nightlife destination, thanks to John Lee Hooker's Boom Boom Room and the Fillmore Auditorium. Be advised that the neighborhood gets a bit sketchy to the south and west of Geary and Fillmore. The Kabuki Cinema and neighboring Kabuki Springs & Spa are part of the Japan Center, the commercial heart of Japantown. A sort of miniature Ginza, the Japan Center features a 100-foot pagoda, bonsai gardens, sushi bars and other businesses. Each spring it holds the Northern California Cherry Blossom Festival.

Pacific Heights & Presidio Heights

Stately homes and high-rent apartment buildings line the ridge high above Cow Hollow in old-money Pacific Heights. Genteel, renovated Victorians ring the peaceful Alta Plaza Park. Washington Street between Presidio and Arguello features exceptionally palatial residences. Those fortunate enough to live here shop for antiques and dine in quiet refinement on a few understated blocks of nearby Sacramento Street. San Francisco's largest synagogue, Temple Emanu-el, can be found on Arguello Street.

SoMa

Once an unglamorous stretch of warehouses with a seedy undercurrent, an exciting modern San Francisco has emerged in the area South of Market Street—SoMa. Conventions, art, and entertainment possibilities abound in the Moscone/YerbaBuena Center area. Locals can be seen at leisure at the South Park Cafe, Brain Wash (a cafe/performance space/laundromat), or other fashion-forward restaurants and watering holes.

South Beach/China Basin

One of the city's most popular residential areas for young professionals, South Beach arose from a virtual wasteland at the southern end of the Embarcadero and the western edge of SoMa. Apartment complexes and boat marinas squeeze together between the foot of the Oakland Bay Bridge and the San Francisco Giants' waterfront baseball stadium, AT&T Park. Warehouses and factories have either been converted into stylish lofts or are being razed in a swath of development extending down Third Street to the Mission Bay development.

Haight-Ashbury & the Panhandle

This small, but densely concentrated cradle of the hippie movement has tried to retain much of its flower-power, peace and love appeal. While real Summer-of-Love generation hippies may be hard to find, young people, dreadlocked, skinheaded, or skateboard-crazy have continued to come to the Haight to break boundaries. The colorful bars and restaurants of upper Haight Street, however, are always packed with professional twenty-somethings. The annual Haight-Ashbury Street Fair is quite a scene. Architecture buffs will want to take a look at the regal Victorians on the Panhandle—the grassy, tree-lined strip extends east from Golden Gate Park along Fell and Oak Streets.

The Marina District

Tanned, fit and energetic twenty-somethings run and rollerblade along the Marina Green, a vast expanse of grass fronting the Bay between two yacht harbors. Mountain bikers crowd cafes, restaurants, and brunch hangouts along busy Chestnut Street after Sunday morning rides to Mount Tamalpais. The graceful Palace of Fine Arts houses the Exploratorium, the one-of-a-kind, hands-on science museum—a must-see for those with kids. At the southern end of the Marina Green is Fort Mason Center, a waterside arts and cultural center.

The Mission District

The nexus of Hispanic culture, and a mecca for edgy bohemians, the Mission now houses increasing numbers of young professionals and their sport utility vehicles. Mexican and Central American businesses line teeming Mission Street. Visit popular La Taqueria, and be assured that the wait is worth it. Along the Valencia Corridor, one block to the west, bars, cafes, and restaurants of every description, notably Casanova Lounge, lead to the buzzing 16th and Valencia hub. Paxton Gate stands as one of the most unique among the array of shops in this stretch. The neighborhood draws its name from nearby Mission Dolores, founded in 1776. The dolled-up, postcard-perfect Victorians on Dolores Street are worth a look—in the daytime—from adjacent Dolores Park.

The Presidio

14,000 acres of forests and beaches, 75 miles of bicycle-friendly roads, a golf course, and scenic grandeur without end make this the jewel of the Fort Miley Golden Gate National Recreation Area. The Presidio was a military base from 1776 to 1994; antebellum Fort Point, under the Golden Gate Bridge, is a favorite for cannon enthusiasts, as well as for surfers, sailboarders, and Hitchcock aficionados (it's the site of Kim Novak's attempted suicide in Vertigo).

The Richmond District

Fog-bound and quiet residential streets stretch to the Cliff House and Sutro Baths at the ocean, with the occasional Irish pub along the way. Some of the city's best Chinese restaurants are to be found in "Little Chinatown" on Clement Street, and Cyrillic lettering fills store windows around the imposing, gold-domed Holy Virgin Russian Orthodox Cathedral on outer Geary Boulevard. Exclusive Seacliff, home to Robin Williams and other celebrities, is next to Lincoln Park, site of the California Palace of the Legion of Honor and a spectacular golf course.

The Sunset

A quiet and intensely foggy residential district, the principal attractions to the Outer Sunset are the San Francisco Zoo and the natural amphitheater at Stern Grove, where free concerts are held on summer Sundays. As well as being home to the Strybing Arboretum & Botanical Gardens, the Inner Sunset features a lively stretch of shops on Irving Street, near 9th Avenue where students from nearby UCSF Medical School crowd ethnic restaurants of every stripe, from Ethiopian to Thai.



Fernando Romero Saldaña
cubrebocas@gmail.com

jueves, 23 de febrero de 2012

Fajitas de pollo con risoto

El fin de semana pasado, vi el documental norteamericano titulado Food Inc. En el plantean el problema y a la vez gran negocio en el país del norte de los alimentos, me sorprendieron muchos datos especialmente aquel que trata sobre el maíz y la presencia en nuestros alimentos cotidianos, se plantea que apartir de la modificación de el grano de maíz se ha manipulado de tal manera que en un alto porcentaje de los alimentos que consumen los americanos son variaciones del grano y que ha sido sobre manipulado, en nuestro caso mexicano al imitar en gran medida el estilo americano y siendo parte del tratado de libre comercio, nuestra alimentación se ha ido modificando y cada vez vamos consumiendo menos alimentos naturales, los autores del documental proponían para combatir los problemas y evitar el consumo de alimentos alterados, ellos plantean como solución el consumo de productos ecológicos u orgánicos como se ha puesto de moda, ello implica muchas veces, pagar un poco mas por lo que comemos, sin embargo, a la larga es menos probable desarrollar enfermedades

Da miedo enterarse de ciertas conductas o practicas comerciales, este fue mi menú casero, no puedo evitar preguntarme, hasta que punto esta comida casera esta alterada por la manipulación de los alimentos?

martes, 21 de febrero de 2012

No digas que fue un sueño, Terenci Moix

En el ciclo de conferencias de los lunes en el Club de industriales de Jalisco, la noche de ayer se trato sobre la novela de Moix, no la he leído pero me parece muy interesante lo dicho la noche de ayer, y como la idea de este blog es registrar lo temas que día a día se me van poniendo en el camino, va en esta entrada un par de citas al autor y la obra, ojalá les resulte interesante el tema y les comento que es bastante fácil encontrar una copia del libro en la web, yo lo intente ayer en el transcurso de la conferencia y lo pude bajar e instalar en el iPad 


Saludos 

Barcelonés nacido en 1942, Terenci Moix ha escrito en castellano y catalán novelas, libros de viajes y memorias que le han otorgado gran popularidad. Ha obtenido los premios de novela Fernando Lara y Planeta. Entre sus obras de mayor éxito



destacan No digas que fue un sueño, El sueño de Alejandría y El peso de la paja, junto con la trilogía dedicada a ridiculizar usos sociales formada por Garras de astracán, Mujercísimas y Chulas y famosas.



El antiguo Egipto ha ejercido en Terenci Moix una constante fascinación, que le ha llevado a situar varias de sus novelas y libros de viajes a orillas del Nilo. Pero quizá ninguna de sus novelas ambientadas allí haya alcanzado tanta popularidad como No digas que fue un sueño, que obtuvo el premio Planeta de 1986. El título, extraído de un poema de Cavafis, alude al enfrentamiento con la realidad que tendrán que acometer sus míticos protagonistas, Marco Antonio y Cleopatra. La «reina más fascinante del mundo» aparece en esta versión de Terenci Moix con toda su fuerza de seducción, pero dotada también de una particular ambición e inteligencia.

Cuando Marco Antonio la abandona para casarse con Octavia, no duda en cubrir de luto todo Egipto por la traición sufrida, para inmediatamente sobreponerse y esperar su oportunidad.

Dividida entre sus dos almas, griega y egipcia, la reina despliega su estrategia con el secreto deseo de recuperar el antiguo esplendor del imperio: sus amores con Marco Antonio estarán presididos por esos sueños de grandeza, que invitan a convertir Alejandría en una nueva Roma. La maldición definitiva de la muerte truncará esos sueños, dejando a las pirámides como testigos mudos de la venganza del Tiempo.

La prosa de Terenci Moix, que se ciñe al relato histórico y lo trasciende llegando al fondo del enfrentamiento entre Oriente y Occidente, dibuja un mundo en decadencia en el que sus protagonistas son «prisioneros del ayer», entregados a unos sueños que saben a derrota, destrucción y muerte. 


«Novela de amor, sobre fondo histórico, NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO arranca de una situación de intenso dramatismo. Una mujer egregia llora su luto de amor en una barca que remonta el Nilo. Es la reina Cleopatra, que ha sido abandonada por su amante, el romano Marco Antonio. En el corazón de ambos, se debaten todos los conflictos del amor y la pasión, que culminarán con nuevos encuentros, encaminados a un destino fatal. Es una novela sobre todas las fases del amor, enmarcada en un período histórico apasionante: los estertores del Egipto amenazado por el imperialismo de la todopoderosa Roma. Pero es, sobre todo, un intento de reivindicar la figura de una de las mujeres más fascinantes de la historia: la reina Cleopatra Séptima. Desfigurada a menudo por el cine, Cleopatra se erige en esta novela como un personaje original y contradictorio. Ya no es la típica devoradora de hombres, sino una mujer cultivada, maternal, enamorada y, sobre todo, entregada por completo a la política. A su alrededor, los avatares de una ciudad mítica: Alejandría. Y las ruinas de un Egipto que va pereciendo.»



Fernando Romero


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martes, 14 de febrero de 2012

Elogio de la honestidad | Letras Libres


La Temporada de elecciones se parece a los mercados y finalmente los votantes somos los clientes de lo candidatos (mercaderes), cierto que lo que unico que pueden hacer es promesas y de lo que prometen que haran, sin embargo deben de ser cuidadosos para no caer en las exageraciones o en mentiras absurdas, algunos lo hacen y aun asi han llegadp a puestos de eleccion, esta mañana encontre este articulo en Letras Libres que me parece muy certero 







Elogio de la honestidad

Febrero 14, 2012 | Tags:
Se ha puesto de moda hablar de honestidad. Y aunque hacer de la vida pública mexicana un ejemplo de honradez parezca una utopía, el énfasis me parece deseable. Pocas cosas peores le pueden ocurrir a una democracia que la recurrencia impune de la mentira. Y no me refiero a las medias verdades, a los trucos retóricos que confunden al elector. Eso, me temo, es parte del ejercicio político cotidiano. Me refiero, más bien, a la mentira flagrante, a la descontextualización absoluta: a pasar por alto los hechos, a ignorar la realidad. Cuando se miente así, el daño a la esencia misma de una sociedad que aspira a la salud democrática es inconmensurable. El votante necesita un mínimo de honestidad para tomar una decisión sensata. En más de un sentido, el elector depende de la decencia del político. Si el candidato opta por mentir, el proceso mismo de la elección resulta pervertido. En otras palabras: en democracia, a largo plazo, ganar por las malas erosiona la misma sociedad que el político aspira a gobernar. Es, en muchos sentidos, el círculo vicioso perfecto.
En el proceso electoral estadunidense, que se desarrolla en paralelo al mexicano, los candidatos republicanos han mentido tanto y con tanto desparpajo que una parte de la prensa ha tenido que preguntarse si el papel del reportero debe ser, también, el de un filtro que le aclara al lector lo que es cierto y lo que es falso del discurso de los aspirantes, una especie de árbitro que señale las faltas a la verdad. Durante los debates, los sitios de internet de los grandes diarios estadunidenses han montado operaciones para revisar cada dato que los candidatos comparten con la audiencia. Es un proceso asombroso, pero también aterrador. Los fact-checkers han descubierto una cantidad abrumadora de mentiras, citas sacadas completamente de contexto y otras linduras similares: carnada para el elector desinformado. Lo mismo pasa, por cierto, con los anuncios negativos que cada campaña transmite por radio y televisión. Mi favorito es aquel en el que Newt Gingrich pretendió exhibir a Mitt Romney por hablar francés (característica propia, parece, de los patricios liberales demócratas, como John Kerry). Para hacerlo, el equipo de Gingrich cortó un fragmento de Romney hablando en mal francés. ¿La fuente? El inocente video que Romney grabara, con un saludo políglota apenas fonéticamente tolerable, para dar la bienvenida a los atletas a los Juegos Olímpicos de invierno de Salt Lake, competencia que Romney presidió. Y, como esa anécdota, decenas.
Por eso me parece digno de aplauso que, por iniciativa de Andrés Manuel López Obrador, en la elección mexicana se aspire a la honestidad como objetivo moral. Si los candidatos logran atacarse con vehemencia, pero con verdad, todos ganaremos. El buen juez, sin embargo, por su casa empieza. Bien haría López Obrador en reconsiderar su promesa de regresar al ejército mexicano a sus cuarteles en solo seis meses. En los últimos años, ningún otro político ha recorrido el país como el candidato de la izquierda. Por eso no puedo creer que ignore dos cosas. Primero, el peso real y tangible que tienen las fuerzas armadas no solo en el conflicto contra el narcotráfico, sino en la procuración de la tranquilidad cotidiana en cientos, quizá miles de municipios en México. Tampoco puedo creer que López Obrador desconozca la complejidad real de la reestructuración policial necesaria para, finalmente, devolver los soldados a los cuarteles. Estoy seguro de que sabe que la formación de una nueva policía eficaz y proba no tomará seis meses. Es más: no tomará seis años. Tomará una generación. Por eso, cuando el candidato de la izquierda promete que él, por arte de magia, acelerará el proceso de renovación de la policía mexicana, falta a la promesa de honradez que ha elegido como carta principal de su campaña. López Obrador miente cuando promete un imposible. Y no se necesita ser Secretario de Honestidad para saberlo.



Fernando Romero Saldaña
cubrebocas@gmail.com

jueves, 9 de febrero de 2012

El creador literario y el fantaseo Sigmund Freud

El creador literario y el fantaseo

 

Sigmund Freud



 

 

A nosotros, los legos, siempre nos intrigó poderosamente averiguar de dónde esa maravillosa personalidad, el poeta, toma sus materiales —acaso en el sentido de la pregunta que aquel cardenal dirigió a Ariosto, y cómo logra conmovernos con ellos, provocar en nosotros unas excitaciones de las que quizá ni siquiera nos creíamos capaces. Y no hará sino acrecentar nuestro interés la circunstancia de que el poeta mismo, si le preguntamos, no nos dará noticia alguna, o ella no será satisfactoria; aquel persistirá aun cuando sepamos que ni la mejor intelección sobre las condiciones bajo las cuales él elige sus materiales, y sobre el arte con que plasma a éstos, nos ayudará en nada a convertirnos nosotros mismos en poetas.

¡Si al menos pudiéramos descubrir en nosotros o en nuestros pares una actividad de algún modo afín al poetizar! Emprenderíamos su indagación con la esperanza de obtener un primer esclarecimiento sobre el crear poético. Y en verdad, esa perspectiva existe; los propios poetas gustan de reducir el abismo entre su rara condición y la naturaleza humana universal: harto a menudo nos aseguran que en todo hombre se esconde un poeta, y que el último poeta sólo desaparecerá con el último de los hombres.

¿No deberíamos buscar ya en el niño las primeras huellas del quehacer poético? La ocupación preferida y más intensa del niño es el juego. Acaso tendríamos derecho a decir: todo niño que juega se comporta como un poeta, pues se crea un mundo propio o, mejor dicho, inserta las cosas de su mundo en un nuevo orden que le agrada. Además, sería injusto suponer que no toma en serio ese mundo; al contrario, toma muy en serio su juego, emplea en él grandes montos de afecto. Lo opuesto al juego no es la seriedad, sino... la realidad efectiva. El niño diferencia muy bien de la realidad su mundo del juego, a pesar de toda su investidura afectiva; y tiende a apuntalar sus objetos y situaciones imaginados en cosas palpables y visibles del mundo real. Sólo ese apuntalamiento es el que diferencia aún su «jugar» del «fantasear».

Ahora bien, el poeta hace lo mismo que el niño que juega: crea un mundo de fantasía al que toma muy en serio, vale decir, lo dota de grandes montos de afecto, al tiempo que lo separa tajantemente de la realidad efectiva. Y el lenguaje ha recogido este parentesco entre juego infantil y creación poética llamando «juegos» (Spiel) a las escenificaciones del poeta que necesitan apuntalarse en objetos palpables y son susceptibles de figuración, a saber: Lustspiel («comedia»; literalmente, «juego de placer»)Trauerspiel («tragedia», «juego de duelo»), y designando Schauspieler(«actor dramático», «el que juega al espectáculo») a quien las figura. Ahora bien, de la irrealidad del mundo poético derivan muy importantes consecuencias para la técnica artística, pues muchas cosas que de ser reales no depararían goce pueden, empero, depararlo en el juego de la fantasía, y muchas excitaciones que en sí mismas son en verdad penosas pueden convertirse en fuentes de placer para el auditorio y los espectadores del poeta.

En virtud de otro nexo, nos demoraremos todavía un momento en esta oposición entre realidad efectiva y juego. Cuando el niño ha crecido y dejado de jugar, tras décadas de empeño anímico por tomar las realidades de la vida con la debida seriedad, puede caer un día en una predisposición anímica que vuelva a cancelar la oposición entre juego y realidad. El adulto puede acordarse de la gran seriedad con que otrora cultivó sus juegos infantiles y, poniéndolos en un pie de igualdad con sus ocupaciones que se suponen serias arrojar la carga demasiado pesada que le impone la vida y conquistarse la elevada ganancia de placer que le procura elhumor.

El adulto deja, pues, de jugar; aparentemente renuncia a la ganancia de placer que extraía del juego. Pero quien conozca la vida anímica del hombre sabe que no hay cosa más difícil para él que la renuncia a un placer que conoció. En verdad, no podemos renunciar a nada; sólo permutamos una cosa por otra; lo que parece ser una renuncia es en realidad una formación de sustituto o subrogado. Así, el adulto, cuando cesa de jugar, sólo resigna el apuntalamiento en objetos reales; en vez de jugar, ahorafantasea. Construye castillos en el aire, crea lo que se llama sueños diurnos. Opino que la mayoría de los seres humanos crean fantasías en ciertas épocas de su vida. He ahí un hecho por largo tiempo descuidado y cuyo valor, por eso mismo, no se apreció lo suficiente.

El fantasear de los hombres es menos fácil de observar que el jugar de los niños. El niño juega solo o forma con otros niños un sistema psíquico cerrado a los fines del juego, pero así como no juega para los adultos como si fueran su público, tampoco oculta de ellos su jugar. En cambio, el adulto se avergüenza de sus fantasías y se esconde de los otros, las cría como a sus intimidades más personales, por lo común preferiría confesar sus faltas a comunicar sus fantasías. Por eso mismo puede creerse el único que forma tales fantasías, y ni sospechar la universal difusión de parecidísimas creaciones en los demás. Esta diversa conducta del que juega y el que fantasea halla su buen fundamento en los motivos de esas dos actividades, una de las cuales es empero continuación de la otra.

El jugar del niño estaba dirigido por deseos, en verdad por un solo deseo que ayuda a su educación; helo aquí: ser grande y adulto. juega siempre a «ser grande», imita en el juego lo que le ha devenido familiar de la vida de los mayores. Ahora bien, no hay razón alguna para esconder ese deseo. Diverso es el caso del adulto; por una parte, éste sabe lo que de él esperan: que ya no juegue ni fantasee, sino que actúe en el mundo real; por la otra, entre los deseos productores de sus fantasías hay muchos que se ve precisado a esconder; entonces su fantasear lo avergüenza por infantil y por no permitido.

Preguntarán ustedes de dónde se tiene una información tan exacta sobre el fantasear de los hombres, si ellos lo rodean de tanto misterio. Pues bien; hay un género de hombres a quienes no por cierto un dios, sino una severa diosa la Necesidad, ha impartido la orden de decir sus penas y alegrías. Son los neuróticos, que se ven forzados a confesar al médico, de quien esperan su curación por tratamiento psíquico, también sus fantasías; de esta fuente proviene nuestro mejor conocimiento, y luego hemos llegado a la bien fundada conjetura de que nuestros enfermos no nos comunican sino lo que también podríamos averiguar en las personas sanas.

Procedamos a tomar conocimiento de algunos de los caracteres del fantasear. Es lícito decir que el dichoso nunca fantasea; sólo lo hace el insatisfecho. Deseos insatisfechos son las fuerzas pulsionales de las fantasías, y cada fantasía singular es un cumplimiento de deseo, una rectificación de la insatisfactoria realidad. Los deseos pulsionantes difieren según sexo, carácter y circunstancias de vida de la personalidad que fantasea; pero con facilidad se dejan agrupar siguiendo dos orientaciones rectoras. Son deseos ambiciosos, que sirven a la exaltación de la personalidad, o son deseos eróticos. En la mujer joven predominan casi exclusivamente los eróticos, pues su ambición acaba, en general, en el quereralcanzar amoroso; en el hombre joven, junto a los deseos eróticos cobran urgencia los egoístas y de ambición. Sin embargo, no queremos destacar la oposición entre ambas orientaciones, sino más bien su frecuente reunión; así como en muchos retablos puede verse en un rincón la imagen del donador, en la mayoría de las fantasías egoístas se descubre en un rinconcito a la dama para la cual el fantaseador lleva a cabo todas esas hazañas, y a cuyos pies él pone todos sus logros. Ya ven ustedes: hay aquí hartos y poderosos motivos de ocultación; es que a la mujer bien educada sólo se le admite un mínimo de apetencia erótica, y el hombre joven debe aprender a sofocar la desmesura en su sentimiento de sí, en que lo malcriaron en su niñez, a fin de insertarse en una sociedad donde sobreabundan los individuos con parecidas pretensiones.

Guardémonos de imaginar rígidos e inmutables los productos de esta actividad fantaseadora: las fantasías singulares, castillos en el aire o sueños diurnos. Más bien se adecuan a las cambiantes impresiones vitales, se alteran a cada variación de las condiciones de vida, reciben de cada nueva impresión eficaz una «marca temporal», según se la llama. El nexo de la fantasía con el tiempo es harto sustantivo. Es lícito decir: una fantasía oscila en cierto modo entre tres tiempos, tres momentos temporales de nuestro representar. El trabajo anímico se anuda a una impresión actual, a una ocasión del presente que fue capaz de despertar los grandes deseos de la persona; desde ahí se remonta al recuerdo de una vivencia anterior, infantil las más de las veces, en que aquel deseo se cumplía, y entonces crea una situación referida al futuro, que se figura como el cumplimiento de ese deseo, justamente el sueño diurno o la fantasía, en que van impresas las huellas de su origen en la ocasión y en el recuerdo. Vale decir, pasado, presente y futuro son como las cuentas de un collar engarzado por el deseo.

El ejemplo más trivial puede servir para ilustrarles mi tesis. Supongan el caso de un joven pobre y huérfano, a quien le han dado la dirección de un empleador que acaso lo contrate. Por el camino quizá se abandone a un sueño diurno, nacido acorde con su situación. El contenido de esa fantasía puede ser que allí es recibido, le cae en gracia a su nuevo jefe, se vuelve indispensable para el negocio, lo aceptan en la familia del dueño, se casa con su encantadora hijita y luego dirige el negocio, primero como copropietario y más tarde como heredero. Con ello el soñante se ha sustituido lo que poseía en la dichosa niñez: la casa protectora, los amantes padres y los primeros objetos de su inclinación tierna. En este ejemplo ustedes ven cómo el deseo aprovecha una ocasión del presente para proyectarse un cuadro del futuro siguiendo el modelo del pasado.

Aún habría mucho que decir sobre las fantasías; me limitaré a las más escuetas indicaciones. El hecho de que las fantasías proliferen y se vuelvan hiperpotentes crea las condiciones para la caída en una neurosis o una psicosis; además, las fantasías son los estadios previos más inmediatos de los síntomas patológicos de que nuestros enfermos se quejan. En este punto se abre una ancha rama lateral hacia la patología.

No puedo omitir el nexo de las fantasías con el sueño. Tampoco nuestros sueños nocturnos son otra cosa que unas tales fantasías, como podemos ponerlo en evidencia mediante su interpretaciónEl lenguaje, con su insuperable sabiduría, hace tiempo que ha decidido el problema de la esencia de los sueños (Traum) llamando también «sueños diurnos» (Tagtraum) a los castillos en el aire de los fantaseadores. Si a pesar de esa indicación el sentido de nuestros sueños nos parece la mayoría de las veces oscuro, ello es debido a una sola circunstancia: que por la noche se ponen en movimiento en nuestro interior también unos deseos de los que tenemos que avergonzarnos y debemos ocultar, y que por eso mismo fueron reprimidos, empujados a lo inconciente. Ahora bien, a tales deseos reprimidos y sus retoños no se les puede consentir otra expresión que una gravemente desfigurada. Después que el trabajo científico logró esclarecer la desfiguración onírica, ya no fue difícil discernir que los sueños nocturnos son unos cumplimientos de deseo como los diurnos, esas fantasías familiares a todos nosotros.

Hasta aquí las fantasías. Pasemos ahora al poeta. ¿Estamos realmente autorizados a comparar al poeta con el «soñante a pleno día», y a sus creaciones con unos sueños diurnos? Es que se nos impone una primera diferencia; prescindamos de los poetas que recogen materiales ya listos, como los épicos y trágicos antiguos, yconsideremos a los que parecen crearlos libremente. Detengámonos, pues, en estos últimos, pero sin buscar, con miras a aquella comparación, a los poetas más estimados por la crítica, sino a los menos pretenciosos narradores de novelas, novelas breves y cuentos, que en cambio son quienes encuentran lectores y lectoras más numerosos y ávidos. Sobre todo, un rasgo no puede menos que resultarnos llamativo en las creaciones de estos narradores; todos ellos tienen un héroe situado en el centro del interés y para quien el poeta procura por todos los medios ganar nuestra simpatía; parece protegerlo, se diría, con una particular providencia. Si al terminar el capítulo de una novela he dejado al héroe desmayado, sangrante de graves heridas, estoy seguro de encontrarlo, al comienzo del siguiente, objeto de los mayores cuidados y en vías de restablecimiento; y sí el primer tomo terminó con el naufragio, en medio de la tormenta, del barco en que se hallaba nuestro héroe, estoy seguro de leer, al comienzo del segundo tomo, sobre su maravilloso rescate, sin el cual la novela no habría podido continuar. El sentimiento de seguridad con el que yo acompaño al héroe a través de sus azarosas peripecias es el mismo con el que un héroe real se arroja al agua para rescatar a alguien que se ahoga, o se expone al fuego enemigo para tomar por asalto una batería; es ese genuino sentimiento heroico al que uno de nuestros mejores poetas ofrendó esta preciosa expresión: «Eso nunca puede sucederte a ti» (Anzengruber). Pero yo opino que en esa marca reveladora que es la invulnerabilidad se discierne sin trabajo... a Su Majestad el Yo, el héroe de todos los sueños diurnos así como de todas las novelas.

Otros rasgos típicos de estas narraciones egocéntricas apuntan también a idéntico parentesco. Si todas las mujeres de la novela se enamoran siempre del héroe, difícilmente se lo puede concebir como una pintura de la realidad; sí se lo comprende, en cambio, como un patrimonio necesario del sueño diurno. Lo mismo cuando las otras personas de la novela se dividen tajantemente en buenas y malas, renunciando a la riqueza de matices que se observa en los caracteres humanos reales; los «buenos» son justamente los auxiliadores del yo devenido en el héroe, y los «malos», sus enemigos y rivales.

En modo alguno desconocemos que muchísimas creaciones poéticas se mantienen distanciadas del arquetipo del sueño diurno ingenuo, pero tampoco sofocaré yo la conjetura de que aun las desviaciones más extremas pueden ligarse con ese modelo por medio de una serie de transiciones continuas. También en muchas de las denominadas «novelas psicológicas» atrajo mi atención que sólo describan desde adentro a una persona, otra vez el héroe; en su alma se afinca el poeta, por así decir, y mira desde afuera a las otras personas. La novela psicológica en su conjunto debe sin duda su especificidad a la inclinación del poeta moderno a escindir su yo, por observación de sí, en yoes parciales, y a personificar luego en varios héroes las corrientes que entran en conflicto en su propia vida anímica. En particularísima oposición al tipo del sueño diurno parecen encontrarse las novelas que podrían designarse «ex-céntricas» en que la persona introducida como héroe desempeña el mínimo papel activo, y más bien ve pasar, como un espectador, las hazañas y penas de los otros. De esa índole son varias de las últimas novelas de Zola. Empero, debo señalar que el análisis psicológico de individuos no poetas, desviados en muchos aspectos de lo que se llama normal, nos ha anoticiado de unas variaciones análogas en sueños diurnos en que el yo se limita al papel de espectador.

Para que posea algún valor nuestra equiparación del poeta con el que tiene sueños diurnos, y de la creación poética con el sueño diurno mismo, es preciso ante todo que muestre su fecundidad de cualquier manera. Intentemos, por ejemplo, aplicar a las obras del poeta nuestra tesis ya enunciada sobre la referencia de la fantasía a los tres tiempos y al deseo que los engarza, y procuremos estudiar también con su ayuda los nexos entre la vida del poeta y sus creaciones. En general, no se ha sabido con qué representaciones-expectativa era menester abordar este problema; a menudo ese nexo se imaginó demasiado simple, Desde la intelección obtenida para las fantasías, nosotros deberíamos esperar el siguiente estado de cosas: una intensa vivencia actual despierta en el poeta el recuerdo de una anterior, las más de las veces una perteneciente a su niñez, desde la cual arranca entonces el deseo que se procura su cumplimiento en la creación poética; y en esta última se pueden discernir elementos tanto de la ocasión fresca como del recuerdo antiguo.

Que no les arredre la complicación de esta fórmula; conjeturo que en la realidad probará ser un esquema harto mezquino, que, sin embargo, puede contener una primera aproximación al estado real de cosas. Y según ciertos ensayos que he emprendido, estoy por pensar que ese abordaje de las producciones poéticas no ha de resultar infecundo. No olviden ustedes que la insistencia, acaso sorprendente, sobre el recuerdo infantil en la vida del poeta deriva en última instancia de la premisa según la cual la creación poética, como el sueño diurno, es continuación y sustituto de los antiguos juegos del niño.

No olvidemos reconsiderar la clase de poemas en que nos vimos precisados a no ver unas creaciones libres, sino elaboraciones de un material consabido y ya listo. También aquí el poeta tiene permitido exteriorizar cierta autonomía, que se expresa en la elección del material y en las variantes, a menudo muy considerables, que le imprime. Pero en la medida en que los materiales mismos están dados, provienen del tesoro popular de mitos, sagas y cuentos tradicionales. Ahora bien, la indagación de estas formaciones de la psicología de los pueblos en modo alguno ha concluido, pero, por ejemplo respecto de los mitos, es muy probable que respondan a los desfigurados relictos de unas fantasías de deseo de naciones enteras, a los sueños seculares de la humanidad joven.

Dirán ustedes que les he referido mucho más sobre las fantasías que sobre el poeta, al que empero puse en primer término en el título de mi conferencia. Lo sé, e intentaré justificarlo por referencia al estado actual de nuestro conocimiento. Sólo pude aportarles unas incitaciones y exhortaciones que desde el estudio de las fantasías desbordan sobre el problema de la elección poética de los materiales. El otro problema, a saber, con qué recursos el poeta nos provoca los afectos que recibimos de sus creaciones, ni siquiera lo hemos rozado aún. Todavía me gustaría mostrarles, al menos, el camino que lleva desde nuestras elucidaciones sobre las fantasías a los problemas de los efectos poéticos.

Como ustedes recuerdan, dijimos que el soñante diurno pone el mayor cuidado en ocultar sus fantasías de los demás porque registra motivos para avergonzarse de ellas. Ahora agrego que, aunque nos las comunicara, no podría depararnos placer alguno mediante esa revelación. Tales fantasías, si nos enteráramos de ellas, nos escandalizarían, o al menos nos dejarían fríos. En cambio, si el poeta juega sus juegos ante nosotros como su público, o nos refiere lo que nos inclinamos a declarar sus personales sueños diurnos, sentimos un elevado placer, que probablemente tenga tributarios de varias fuentes. Cómo lo consigue, he ahí su más genuino secreto; en la técnica para superar aquel escándalo, que sin duda tiene que ver con las barreras que se levantan entre cada yo singular y los otros, reside la auténtica ars poetica. Podemos colegir en esa técnica dos clases de recursos: el poeta atempera el carácter del sueño diurno egoísta mediante variaciones y encubrimientos, y nos soborna por medio de una ganancia de placer puramente formal, es decir, estética, que él nos brinda en la figuración de sus fantasías. A esa ganancia de placer que se nos ofrece para posibilitar con ella el desprendimiento de un placer mayor, proveniente de fuentes psíquicas situadas a mayor profundidad, la llamamos prima de incentivación o placer previo.Opino que todo placer estético que el poeta nos procura conlleva el carácter de ese placer previo, y que el goce genuino de la obra poética proviene de la liberación de tensiones en el interior de nuestra alma. Acaso contribuya en no menor medida a este resultado que el poeta nos habilite para gozar en lo sucesivo, sin remordimiento ni vergüenza algunos, de nuestras propias fantasías. Aquí estaríamos a las puertas de nuevas, interesantes y complejas indagaciones, pero, al menos por esta vez, hemos llegado al término de nuestra elucidación.


Fernando Romero


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Desayuno americano

Esta mañana fui a desayunar al restaurante Applebizz celebramos el cumpleaños de una amiga, hacia mucho que no visitaba un restaurante tan típicamente gringo y es que no deja de sorprender las porciones que sirven, no en balde los americanos son el pueblo mas obeso en el mundo; la imagen que les presento es solo la mitad el paquete también incluía un par de hot cakes con mantequilla y mermelada o miel lo que en realidad es demasiada comida, especialmente para desayunar y luego que lo diga yo, es
realmente mucho! me considero un tragón y el plato de esta mañana fue tanto que los pan cakes ni lo probé!

Todo este desayuno que también incluye jugo de fruta fresca y todo el cafe que desees por 100 pesos algo así como 7 dólares

Es mucha comida y el precio aparentemente es poco, es una de esas situaciones en que queda comprobado que lo que les interesa es el dinero y lo que menos importa es el
costo de los que nos comemos