El dia de hoy tuve oportunidad de visitar El Palacio de las Vacas, finca antigua de la ciudad, una verdadera sorpresa; habia escuchado varios comentarios acerca de este lugar sin embago es realmente sorprendente lo que encontre.
A continuacion un texto, fotografias y un video que cuentan la hisotria del lugar, opino que es uno de los tesoros de la ciudad estoy seguro que pronto le llegara su momento de restauracion y sera una anecdota para muchos haber visitado este espacio en condicines de abandono.
Espero se animen a conocer personalmente El Palacio de la Vacas.
Lo mandó construir Segundo Díaz, quien contrató a Xavier Guerrero para que decorara las paredes
Alberga Palacio de las Vacas ángeles, mujeres desnudas y escenas bíblicas
El recinto debe el nombre a su segundo dueño, quien convirtió el palacete en una lechería
Detalle de unos de los murales de Xavier Guerrero en el Palacio de las Vacas, en el centro de Guadalajara Foto: HECTOR JESUS HERNANDEZ
Un palacio para las vacas. Así de extraño como suena, y existió por 1910, cuando Segundo Díaz, primo hermano de Porfirio, mandó construir un palacete de estilo morisco en el centro de Guadalajara, por la calle San Felipe, reconocida en todo el país como el Paseo Filipense, porque allí estaban algunas de las casas más hermosas de la ciudad, que la modernidad se encargó de destruir.
Díaz traía a su familia en temporada de vacaciones y de paso socializaba con la clase acomodada de Jalisco. El palacete, de 300 metros cuadrados, 24 habitaciones, 10 baños y dos patios, necesitaba una decoración exclusiva y por ello el propietario contrató al muralista Xavier Guerrero para que pintara las paredes.
Guerrero, todavía muy joven pero ya exitoso, había venido a vivir en Guadalajara, donde plasmó obras realmente ambiciosas. En la casa de Díaz escogió pintar en un friso follaje estilizado, alternando con mujeres desnudas, las cuales terminaban en cola de pescado, una anomalía que sumamente sorprendió al dueño. Pero también pintó ángeles, escenas bíblicas e imágenes de Guadalajara de aquellos años, como la barranca de Oblatos y Chapultepec de antaño con sus canales de agua.
Díaz no usó la casa mucho tiempo, y la vendió a su hermano Miguel, quien transformó el palacio en una lechería. Clausuró el acceso que tenía en la calle Reforma y las vacas entraban por la entrada principal del palacete para llegar hasta el patio trasero, es decir, es establo. Los vecinos decían que “era el palacio de las vacas”, que pasaban rodeadas de los murales de Guerrero.
Pero más allá de la excentricidad, el hecho de que hubiera un establo en pleno centro de Guadalajara es un testimonio más de que Guadalajara fue ganadera durante muchos años.
Después de ser establo, la casa tuvo diversos dueños y en 1949 fue rentada para la instalación de la primera universidad femenil de Guadalajara.
Más tarde fungió como escuela primaria y tapicería. En el correr de esas rentas hubo varios destrozos, por ejemplo, cuando fue colegio se colocaron puertas divisorias en los murales y se perdieron varias representaciones de Guerrero.
La promesa de la restauración
Después de 1960, la casa estuvo 10 años abandonada y fue víctima de vandalismo. La hicieron propia marginales del centro, que dañaron varios de sus murales, incluso con graffiti, se robaron puertas y el cancel de la capilla de la planta alta, entre otras cosas.
En la historia de la casa se registra que una de las propietarias que tuvo quiso tirarla para hacer un estacionamiento, pero las autoridades no se lo permitieron. Enojada, mandó tapar con cemento la tubería para que la casa se inundara. En ese tiempo, Alexandra Muir, una vecina de la zona, se dio cuenta de lo que sucedía y la compró. Invirtió algo de dinero en la restauración de la casa y mandó destapar algunos de los caños, pero no hizo mucho más.
Hace siete años, el estadunidense John Allen David vino de vacaciones a la ciudad, al pasar por el Palacio de las Vacas se enamoró de ella, porque pensó que finalmente había encontrado la casa de sus sueños. Se puso en contacto con Muir y la compró, con la firme idea de restaurarla y hacer de ella un hotel con restaurante.
John, que era un galerista reconocido en varios estados del país del norte, vendió todo lo que tenía para comprar e invertirle en la restauración, e incluso vendió su vasta colección de joyas.
Pero las cosas no fueron fáciles. Aun cuando la casa estaba abandonada, con invasión de pulgas y piojos y a punto de destruirse, John decidió que ésa sería su morada en esta ciudad y de inmediato se instaló en ella para comenzar las obras de restauración.
Fue asaltado varias veces, aún no sabe por quién, y le robaron todo su capital, dejándolo sin recursos para cumplir sus sueños. “Se me fue una vida de trabajo. Trabajé 40 años para comprar esta casa”, dice con su escaso español.
Con el dinero que ha podido conseguir, compró antigüedades, como sillas, mesas, lámparas, camas, arregló la capilla, colocó pisos de cerámica y hasta hace pocos meses pudo componer los baños.
El precio de la restauración total de la casa es de 400 mil dólares. Junto con la familia Pérez Cueva, fiel compañera del estadunidense, han recorrido sin éxito infinidad de oficinas de autoridades públicas –ayuntamientos y secretarías– para conseguir financiamiento destinado a la restauración de la casa. En el caso de los murales, la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente (ECRO) está dispuesta a apoyar con la mano de obra, pero Allen David tiene que aportar los materiales, algo que en la actualidad está lejos de sus posibilidades.
Hasta ahora lo único que ha podido lograr es que la Secretaría de Turismo autorizara recorridos turísticos, a cargo de Mónica Pérez Cueva, por el interior del Palacio de las Vacas, que se realizan todos los días en diferentes horarios, con aportación voluntaria, que John la destinará a la rehabilitación, porque su intención es que la comunidad disfrute de la casa, que esté abierta para que cualquiera pueda entrar y apreciar sus encantos.
Pero aun cuando sabe que será difícil reunir el dinero para llegar a su meta, Allen David, feliz y con una sonrisa amplia dice: “todavía es la casa de mis sueños y voy a lograr arreglarla”.
El Palacio de las Vacas está ubicado en San Felipe 630, colonia Centro. Para informes de recorridos y donaciones, los interesados se pueden comunicar al teléfono 3613 4712
Te me clavaste hondo y ahora me dueles si todo lo que nace perece del mismo modo un momento se va y no vuelve a pasar.
Y decían que bonito era vernos pasear queriéndonos infinito pensaban siempre sera igual ¿como lo permitimos? ¿que es lo que hicimos tan mal? fue este orgullo desgraciado que no supimos tragar.
Y engañame un poco al menos di que me quieres aun mas que durante todo este tiempo lo has pasado fatal que ninguno de esos idiotas te supieron hacer reír y que el único que te importa es este pobre infeliz
Te me clavaste hondo y ahora me dueles si todo lo que nace perece del mismo modo un momento se va y no vuelve a pasar
Y el día que yo me muera y moriré mucho antes que tu solo quiero que una pena se llore frente a mi ataúd que esta herida en mi alma no llego a cicatrizar y estará desesperada hasta que te vea llegar
Te me clavaste hondo y ahora me dueles si todo lo que nace perece del mismo modo un momento se va y no vuelve a pasar un momento se va y no vuelve a pasar un momento se va.
Esta semana se presento Bunbury en la arena VFG, como siempre el sonido en el lugar es una porquería sin embargo el concierto fue todo un éxito; canto sus grandes éxitos y piezas de su nuevo material un excelente concierto al que le hubiera caído bien un par de pantallas a los lados del escenario, creo que no hubiera aumentado mucho el costo de la producción y si lo habríamos disfrutado mas
Finalmente el concierto fue muy bueno, su música prende; Bien por Guadalajara que llena los escenarios, dos visitas de Bunbury en menos de seis meses demuestran que Guadalajara es una plaza muy rentable.
El 11 de agosto de 1967 nacía en Zaragoza Enrique Ortiz de Landazuri. Enrique vino al mundo en una familia de la burguesía zaragozana y muy pronto mostró sus inquietudes musicales.
Sobre el origen de Bunbury, su nombre artístico, hay dos versiones. La primera, y probablemente la que responda a la realidad, dice que Enrique cogió su apodo de una cita literaria de Oscar Wilde. La otra versión es mucho más rocambolesca y asegura que nuestro protagonista tenía una compañera de colegio que se apellidaba Bunbury y a la que se parecía muchísimo; ese parecido fue el que llevó a sus amigos a llamarle Bunbury.
Con tan solo 14 años ya frecuentaba los ambientes musicales de la capital aragonesa y en 1981 debutó sobre las tablas de un escenario con Apocalipsis. Un año más tarde, en 1982, se enroló en un pequeño grupo estudiantil llamado Rebel Walt tocando la batería. Tras abandonar esta banda pasó a formar parte de Proceso Entrópico con el que se presentó al festival de rock que organizó el Ayuntamiento de Zaragoza.
En 1984 Enrique comienza una nueva aventura en Zumo de Vidrio, el grupo de Juan Valdivia y su hermano, y deja el bajo para dedicarse a la voz. En 1985 Zumo de Vidrio pasa a mejor vida y se forma Héroes del Silencio. Además debido a su amistad con Santi Rex, Enrique pasa a formar parte de Niños de Brasil grupo al que arrastra a otros componentes de Héroes. Pero esta situación dura poco tiempo y Enrique deja el grupo de Santi Rex para dedicarse en exclusiva a Héroes.
El trabajo bien hecho comienza a dar sus frutos y tras su primer trabajo, El Mar que no cesa uno de los mejores discos debut de la música española, Héroes se ve inmerso en el huracán de la fama y el éxito. Muy pronto se convierten en un grupo de culto y comienzan a tener repercusión incluso fuera de nuestras fronteras. Tras una carrera discográfica en la que se encuentran algunas joyas como Maldito Duende, Avalancha, La chispa adecuada, el grupo decide poner el punto y final y Enrique comienza su etapa en solitario.
El primero de sus discos como Bunbury fue Radical Sonora en el que Enrique comienza la investigación por la música árabe y electrónica. Con su segundo disco, Pequeño, Bunbury se centra en la sencillez y las letras simples y sin complicaciones. Con él logra el disco de platino al vender más de 100.000 copias. Tras este éxito publica Pequeño cabaret ambulante, un directo en el que Enrique muestra toda su fuerza en vivo.
2002 es el año de Flamingo's, que como él mismo ha dicho en más de una ocasión es un disco de canciones. Enrique siempre se ha mostrado un artista muy comprometido y la última guerra en la que se ha involucrado es la lucha contra la piratería.
Finaliza el 2003 con un nuevo proyecto musical, Bushido, grupo formado junto a Shuarma (Elefantes), Carlos Ann y Morti (El Fantástico Hombre Bala), cuyo disco homónimo sale en 2004.
2004 también es el año de un nuevo disco en solitario El viaje a ninguna parte.
Luminosa provocación del siempre sugerente Balthus, que parece hablar de un despertar. ¿A la vida? ¿Al futuro? ¿A una relación? ¿O todo es un después? Balthasar Klossowski, llamado Balthus, nació en París en 1908, el seno de una familia cultivada, amiga de Rilke y Bonnard. Su hermano Pierre fue un raro y revulsivo filósofo. Baltuhs comenzó a pintar a los diecisiete años de edad, pero es a partir de 1930 cuando su estilo se hace más personal, decididamente figurativo, alejado de la abstracción.
Su técnica seca y el carácter introspectivo y onírico de sus obras, llamará la atención de los surrealistas.
A partir de 1945 su pintura se inclina hacia uno de los temas más recurrentes en su obra: el desnudo. Murió en el 2001.
Dirigida por Zhang Yimou, con Minzhi Wei, Huike Zang, Zhenda Tian, Fanfan Li, Yuying Feng, Enman Gao.
Zhang Yimou sabe filmar muy bien, es talentoso, y en Ni uno menos eso se nota. Lo que también se nota es la tendencia de este director a hacer cada vez más cosas a la manera del show business occidental. Que es la manera de la casta gobernante en China, o cuanto menos empalma perfectamente con sus conveniencias. Las concesiones de Ni uno menos no son muchas, pero sí groseras, y le bajan el promedio a una –por lo demás– muy buena película.
Muy buena es, por ejemplo, la pintura de esa escuelita rural con una sola aula, y cuyo presupuesto alcanza apenas para una tiza diaria. Esa escuela es virtualmente fronteriza, no porque limite con otro país sino con otro lugar –parece erigida literalmente "en el medio de la nada"– y con otro tiempo, un pasado con el que solemos asociar ciertas privaciones presuntamente superadas por el mundo en el que nos tocó nacer. Ni uno menos nos recuerda que no; nos muestra la otra cara (una de las otras caras) del "milagro chino" del que básicamente conocemos tijeritas, encendedores, fundas para controles remoto y alguna motoneta. En este sentido, Ni uno menos tiene un valor histórico-didáctico, pero no se limita a él. El manejo diestro de la puesta en escena, la cámara y los tiempos le permite a Yimou (Ju Dou, Sorgo rojo) ponernos poderosamente en situación. En otras palabras, estamos ahí. ¿Pero qué pasa ahí?
Pasa que el maestro titular se fue de viaje y una muchachita de 13 años viene a hacerse cargo de las clases. La formación de la pequeña reemplazante es nula; sus aptitudes académicas, inexistentes. Minzhi Wei es lo que hay. Lo suyo son las ganas, el empuje y, sobre todo, una necesidad tan acuciante como la de todas esas almas que la rodean. Le han prometido 50 yuans si, al regresar el titular, le devuelve el aula con la misma cantidad de alumnos que recibió ("ni uno menos", por supuesto, es la frase textual que le dice al irse). Y Wei hará todo lo posible, aunque ello implique emprender su propio viaje a la ciudad para recuperar a un niño que desertó buscando allí, en la gigantesca urbe, el pan que a su familia de provincias le escasea.
Si el grupito de educandos es mayormente irresistible, esta maestrita que apenas los dobla en edad es quien se lleva todas las palmas. Minzhi Wei (que no es actriz profesional, y lo mismo sucede con casi todos los otros) cumple de maravillas con la doble tarea que le tocó en suerte: reflejar el desamparo y la debilidad de una niña que se asoma a una tarea para la que nadie la preparó y, al mismo tiempo, la fortaleza –esencialmente de carácter– que la empuja a seguir adelante contra viento y marea. Eso emociona. El pequeño desertor también tiene lo suyo, aunque no pasa tanto por su actuación como por su función. Al principio, Zang es tan inmanejable y revoltoso que no sólo se gana el odio de la maestra sino el del público, ya plenamente identificado con ella. Una vez en la ciudad, cuando deambula como un zombie con las manos vacías y la cara sucia, más solo que un perro, la "carga de la prueba" se invierte y no podemos menos que vagar con él, sufrir por él, palpitar a su lado. Para entonces, Wei ya habrá puesto los pies en esa misma urbe, dispuesta a patear todas las calles y a tocar todas las puertas (hace gala de una tozudez poco vista en el mundo y en el cine) hasta dar con el pequeño.
Para costearse el pasaje de ida y vuelta a la ciudad, la maestra y sus alumnos se ponen a apilar ladrillos en una fábrica vecina. Cuando sacan cuentas surge un dato de la "China comunista" que hubiera espantado al mismísimo Carlos Marx: un viaje en ómnibus de unas pocas horas cuesta tanto como... ¡cuatro jornadas de trabajo de veinte obreros! Por lo demás, el retrato de la metrópolis es casi tan realista como el del pueblito y, de suyo, bastante más sórdido. Todo está bastante bien. Tanto que si Ni uno menos se hubiera ahorrado los últimos quince o veinte minutos sería un film calurosamente recomendable. Pero qué va. En esos minutos se gesta uno de los más forzados happy endings de la historia reciente. Que no sólo le lava la cara a esta China descaradamente capitalista (por no decir esclavista) sino a una de las instituciones más hipócritamente comprometidas con el estado de las cosas: la televisión oficial. De paso, claro, Yimou queda muy bien parado ante Hollywood, que siempre entendió que el mundo está lo suficientemente bien como para que ninguna película termine demasiado mal.
Dieciocho años después de su última (y primera) película como director, "Joe Contra el Volcán", John Patrick Shanley adapta su propia obra valedora de un Pulitzer y un Toni, "La Duda", que cuenta con con sendas nominaciones tanto para su guión como para la práctica totalidad de su reparto, encabezado por Meryl Streep, Philip Seymour Hoffman y Amy Adams.
El padre Flynn está tratando de cambiar las estrictas normas del colegio de la parroquia de San Nicolás, que durante años han sido fieramente salvaguardadas por la hermana Aloysius Beauvier, una directora con mano de hierro que cree firmemente en el poder de la disciplina. Vientos de cambio político están barriendo la comunidad, y de hecho el colegio ha aceptado a su primer alumno negro, Donald Miller. Pero cuando la hermana James, una inocente profesora, le comenta a la hermana Aloysius sus sospechas acerca de la "excesiva atención" del padre Flynn hacia Donald, la superiora comienza una cruzada personal para sacar a la luz la verdad... Sin una sola prueba aparte de su convicción moral.
La traslación a la gran pantalla de una obra teatral nunca deja de resultar interesante. Acostumbrados a artificios propios del cine (y en especial del comercial norteamericano, que puebla como mínimo el 90% de carteleras semana tras semana), de vez en cuando nunca está de más que despunte una cinta basada (casi) únicamente en el guión y la interpretación.
Si hay una cinta que resulte especialmente significativa en este aspecto, esa es "La Duda", en la que tales características adoptan su máxima expresión de manera aplastante, hasta el punto de estar dividida en cinco o seis actos a lo sumo (obviando secuencias de unión entre uno y otro), en los que la acción no sale nunca de las cuatro paredes en que se ubica.
Queda claro por tanto, que lo único que importa a director y espectador es la recitación de sus actores, y no por nada "La Duda" cuenta con dos de los mejores del momento, en estado de gracia por si fuera poco. Tanto Philip Seymour Hoffman como Meryl Streep, y todos los que les rodean (con especial hincapié a una sorprendente Amy Adams a quien habrá que seguir más de cerca) se enfrascan en sus complicados roles de manera natural y realista, convirtiendo todos y cada uno de sus diálogos en auténticas obras de arte de la actuación. Véase como ejemplo la (larguísima) secuencia en la que se reúnen los tres principales en el despacho de la directora, con constantes cambios de matices y tonos que van asumiendo por turnos de manera totalmente sobrecogedora, como si sólo ellos podían haber tomado parte en esta película.
Película que, por cierto, se antoja sumamente complicada de digerir debido a su argumento y su postura. Ambientada al poco tiempo del fallecimiento de JFK, "La Duda" propone un enfrentamiento entre dos posturas (una conformista y otra más abierta de horizontes) de la Iglesia, criticando una de las dos en particular (que no diremos para no desvelar el final del film) pero sin olvidarse de lanzar algún puñalada a la otra. Y aunque pudiera parecer una trama completamente ajena para el espectador ateo, lo cierto es que sirviéndose de la fe cristiana Shanley aprovecha para retratar a la sociedad (de antes y de ahora) y su comportamiento ante cambios inevitables y de difícil aceptación.
Con todo, cabe resaltar en el debe de la película una excesiva apatía general más allá de su reparto, que si bien buscada, no deja de suponer un duro bache para el espectador al flirtear con el tedio en más de una ocasión. Hasta la música (de Howard Shore) se limita a apariciones meramente testimoniales, aupando la sensación de lentitud y pesadumbre en ocasiones excesiva hasta para el más voluntarioso.
Sin ser, por tanto, una película redonda, "La Duda" es ante todo una gran muestra de lo que puede dar de sí una Buena Actuación (en mayúsculas), pues todos sus actores, niños incluidos, están simplemente perfectos. Sin embargo, su difícil ritmo y estructura completamente alejada de los cánones cinematográficos la convierten en una cinta difícilmente aconsejable, válida sólo para los que acepten sus condiciones de antemano. De ser así, no cabe duda de que se disfrutará enteramente, pero no está de más plantearse hasta qué punto tienen razón de ser (comercialmente hablando) tales mixturas entre cine y teatro, géneros de tan natural fusión a priori como quizás irreconciliables en algunos casos.
“Si hay alguna posibilidad de que las cosas salgan mal, saldrán mal” reza la popular Ley de Murphy, pero de entre sus muchos corolarios y derivaciones, para comentar estas imágenes campestres me quedo con la Ley de Chisholm, que dice “Cuando parece que ya nada puede ir peor, empeora”
Y eso es cierto en todos los aspectos de la vida; cuando has tocado fondo, cuando tu cabeza está aplastada contra el suelo, cuando piensas que más abajo no puedes caer, nunca olvides que puede ser peor, siempre puedes empezar a cavar y, si no lo haces tú, seguro que alguien te “ayudará”.
La televisión de un tiempo a la fecha se ha vuelto realmente un fuerte competidor del cine, las series han ganado mucho terreno en cuanto a calidad y los temas son muy bien desarrollados; reciente mente he visto series completas gracias a los dvd's, un fin de semana puede ser muy divertido en casa disfrutando las dos temporadas completas de Roma por ejemplo.
En la web existen infinidad de sitios en donde se relata lo que esta sucediendo en las pantallas, dia a dia se producen nuevas series, los nuevos críticos de series son es en su mayoría gente joven, muchos de ellos rondan lo 30 tas, son adultos que nacieron en los setentas y crecieron frente a un televisor, es lugar común las series que disfrutamos, sin embargo en aquel entonces no se hablaba de temporadas y quizá las mas famosas series entre otras fueron: magnum, hawaii 5.0, Las calles de San Francisco etc. etc.
Uno de los mejores críticos de series en mi opinión es Hernan Casiari, Argentino que vive físicamente en Barcelona pero que virtualmente vive en todo el mundo, experto en series, se gana la vida escribiendo para los diarios hispanos de mas fama y sus columnas se publican en varios diarios latinoamericanos, tiene varios blogs es un verdadero experto al que es difícil seguir el ritmo, finalmente se gana la vida viendo televisión, dicho sea de paso, es mas fácil seguir las series en tiempos actuales donde se pueden descargar los capítulos de las series desde muchos sitios en la red o simplemente verlos en linea.
Esta semana propone un articulo que me pareció muy interesante:
Dime quién fuiste y te diré qué mirar
¿Cómo eras en tu infancia, qué hacías en la escuela, cuándo y cómo dejaste de vivir con tus padres? Seis propuestas de ficción, analizadas desde el pasado del lector.
HERNAN CASCIARI - 09 de marzo, 2009
Este mes, la revista de Digital+ me invita con un juego interesante. Ellos tienen seis estrenos para marzo, y me piden que asesore a los abonados sobre sus gustos seriales, enfocando diversos sucesos de la infancia, adolescencia y primera madurez. Por supuesto, no logré hacerlo con demasiada seriedad. Ustedes pueden colaborar en los comentarios, si quieren.
Te gustará si en la infancia destripabas los playmóvil, si le diste tu primer beso a un sapo muerto, si en la escuela te gustaba la biología más que el recreo, si en los noventa alucinaste con El Silencio de los Corderos, si dejaste de vivir con tus padres porque ‘no tenían un código’, si querías ser carnicero pero te convertiste en coleccionista, si en la agenda llevas apuntado tu tipo de sangre y, sobre todo, si te encanta arrancarte la costra seca de las rodillas.
En pocas palabras
Un inofensivo policía forense, experto en sangre y novio formal, por la noche se convierte en un asesino en serie que mata sin piedad a la escoria social de Miami.
Te gustará si en la infancia veías la versión original, si diste tu primer beso en un autocine, si en la escuela imitabas como nadie la voz metálica de KIT, si entiendes los mensajes de radio de la Fórmula Uno, si tus padres te echaron de casa cuando les tuneaste el Ford Fiesta, si querías ser mecánico de coches pero te convertiste en informático, si en tu agenda llevas apuntadas las matrículas de tus amigos y si te has comprado el coche que aparca solo.
En pocas palabras
Una vuelta de tuerca, moderna y vital, para la clásica serie de los ochenta. Aventura y alta tecnología a bordo de cuatro ruedas inteligentes en contra del crimen más surrealista.
Te gustará si en la infancia jugabas al doctor con tus primas, si tu primer beso fue más telepático que carnal, si no fuiste a la escuela la mañana del incendio, si dejaste de vivir con tus padres el día anterior a que te lo pidieran, si querías ser médico pero te convertiste en mentalista, si en tu agenda llevas apuntado lo que todos piensan de ti en secreto, y —sobre todo— si buscabas una serie que mezclara CSI, Médium y Anatomía de Grey en un mismo pack.
En pocas palabras
Un joven paramédico tiene la extraordinaria habilidad de escuchar los pensamientos de la gente, un don que utilizará para resolver crímenes confusos y raros.
Te gustará si en la infancia perdías los juguetes, si no recuerdas a quién le diste el primer beso, si en la escuela te costaba memorizar los ríos de España, si en los noventa veías Matrimonio con Hijos y te gustaba la rubia, si dejaste de vivir con tus padres porque perdiste la dirección de casa, si querías ser buena persona pero te convertiste en esto que eres, y si en tu agenda has apuntado (por las dudas que te lo pregunten) tu segundo apellido.
En pocas palabras
Una ejecutiva bastante malvada tiene un accidente grave. Al regresar del coma ha perdido la memoria y descubre que nadie, en su vida anterior, la quería demasiado.
Te gustará si desde la infancia soñabas con el día de tu boda, si antes de dar tu primer beso susurraste ‘puede besar a la novia’, si en la escuela te llamaban siempre para organizar eventos, si en los noventa lloraste con La boda de mi mejor amigo, si dejaste de vivir con tus padres para irte a vivir con tus suegros, si querías tener una pareja pero sólo tuviste un matrimonio, si en tu agenda hay teléfonos de salones de fiesta y, sobre todo, si tienes pensado divorciarte este año.
En pocas palabras
Una joven pareja de novios descubre que espera un bebé y tiene siete días (con sus noches) para organizar una boda y contarle toda la verdad a los padres de ella.
Te gustará si en la infancia te subían a la mesa para que recitaras, si le diste tu primer beso a un poster, si en la escuela destacabas únicamente cuando había que actuar, si en los ochenta babeabas con Fama y Flashdance, si les compraste a tus padres una casa más grande con tu primer sueldo, si querías ser conocido pero te convertiste en una celebridad, si en tu agenda llevas apuntado el móvil de Matt Damon y si todo lo anterior no es verdad, pero quisieras que lo fuese.
En pocas palabras
Un chico de barrio se convierte en celebridad y se muda, con sus tres amigos de toda la vida, a Los Ángeles; allí descubren que la fama cuesta.